Aprender del día a día

Sin dudas, podemos encontrar en actividades vitales como alimentarnos, una oportunidad diaria de fortalecer nuestras relaciones, de capitalizar momentos cotidianos -y hasta a veces sufridos- en instancias de calidad.

 

Desde nuestro humilde lugar como actores en la escena educativa, desarrollamos actividades en los ámbitos público y privado con niños a partir de los 2 años de edad. La educación formal contempla muy levemente a la salud como un área de impacto y nosotros, que creemos que trabajamos para reconectar a los niños y sus familias con alimentos de verdad, nos hemos dado cuenta de que la tarea no es sencilla. Tal es la desconexión, que no deberíamos hablar de conexión sino no de reconexión.

 

Son ya varias las generaciones cuyos cambios de estilo de vida han ido progresivamente abandonando costumbres y tradiciones que no solo hacen a la identidad de la sociedad, sino también de la familia y del individuo como ser.

 

A continuación, les presentamos una serie de actividades diarias que en familia podrán re-enfocar para ganar ganar a través de aprendizajes significativos.

 

La ida al súper/feria/mercado: Es tomado muchas veces como una tarea tediosa, estresante y cansadora. Pero -sobre todo si es con niños- la ida al súper puede tener oportunidades para capitalizar. Plantearnos preguntas como cuánto pesa algo, cuál es la fruta que está más barata (o la más cara) y por qué será, o el vencimiento de algún alimento, puede ser una experiencia educativa de la cual los niños pueden extraer aprendizajes.

 

Cuidar el jardín/transformarlo en huerta: Desde siempre, intentamos convencer a los dueños de grandes jardines o patios de destinar un pequeño espacio a la producción de alimentos. Un camino sin retorno que suma y llena de preguntas y respuestas nuestra relación con los niños. Plantar es salud. No lo duden.
– La cocina: No podemos dejar de invocar a la cocina como un lugar de encuentro, de comunicación, de aprendizajes y de perpetuar recuerdos a través de los sentidos.

 

Pasear el perro: Si bien no es una actividad relacionada con la alimentación, sabemos que luego de uno o dos meses los niños pierden un poco el interés en la nueva mascota. La rutina de sacarlo a pasear es una gran oportunidad para, no solo conocer el barrio, sino también aprender los nombres de las calles o la arquitectura de la cuadra.

 

La charla con los hijos a partir de juntar los desechos del perro nos permite llegar a lugares inesperados. Cocinar con nuestros pequeños es un regalo también para nuestros nietos. Plantar aromáticas en el jardín es algo que no olvidarán. Invítenlos a vivir esa experiencia y prioricen estas instancias a las pantallas. Los estímulos que recibirán los niños a través del contacto con los alimentos, las charlas, los olores, serán parte de nuestra historia, la de ellos. Plantar y cocinar son herramientas para la vida.

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