Bienvenido Pueblo Abierto

Cuando la fusión entre la cocina añeja, los productos autóctonos, la Naturaleza, la comunidad local y los chefs de renombre se unen para fomentar un desarrollo gastronómico regional sustentable, aparece Pueblo Abierto.

 

Por María Victoria Pereira Flores

Soy una convencida de que la “notoriedad” puede aprovecharse para maravillosas buenas causas, solo está que el “célebre” se dé cuenta de su potencial, conecte con su ser y quiera ser agente de cambio. Y si ese “famoso” es un cocinero, resulta maravilloso porque no solo está la persona, sino el hábito que sugiere y la valorización de lo que “toca”.

 

El año pasado, en una reunión con un biólogo andaluz, tomé conocimiento de lo que estaba haciendo en el mundo culinario europeo el cocinero Ángel León, el conocido “chef del mar” (quien posee dos estrellas Michelin) y me pareció algo alucinante que deseé se replicara en mi país, embanderándose cierta área protegida y apoyando a alguna comunidad local. Y no casualmente, porque nada ocurre al azar, tuve la posibilidad de acudir tiempo después al encuentro de “Pueblo Abierto” en Concepción del Yaguareté Corá (Corrientes), en donde la diversidad cultural en el ámbito de la gastronomía es el gran objetivo del evento. Así pude ver in situ que hay cocineros extremadamente conocidos en estas latitudes e incluso a nivel internacional que están involucrándose por temas que van más allá de sus simples -o no tan simples- cocinas. Todo dentro de un clima muy amigable, sin egos ni competencia entre ellos, fusionándose con cocineros de la zona, con la comunidad local, con pueblos relativamente “perdidos”, valorizando la Naturaleza y redescubriendo recetas añejas…

 

Y es así como en ese escenario de vivencias, en sitios impresionantes, se dan cita estos artistas de la cocina, como lo fue el año pasado entre las montañas de Cachi (Salta) y ahora en los humedales de los Esteros del Iberá (Corrientes). Esto ha sucedido en Argentina pero ha comenzado la idea de replicarlo en Uruguay, puesto que dentro del selecto grupo de cocineros que lo conforman se encuentra el “Parador La Huella”, nuestro mejor representante gastronómico internacional.

 

Una de las consignas de Pueblo Abierto es que los cocineros incorporen en sus recetas productos locales, por eso en el caso del Parador La Huella se aventuraron a hacer por primera vez surubí a la sal, así como una mandioca acompañada de una salsa exquisita.

 

En Concepción del Yaguareté Corá, las reuniones gastronómicas se prolongaron de un viernes a un lunes y sucedían en las calles del pueblo y en sus maravillosos alrededores. En algunos casos, los vecinos formaban parte del evento ya que algunas mujeres preparaban platos en sus casas para agasajar a los invitados. Allí estaban marcando presente además de los cocineros del Parador la Huella (Luciana, Andrés, Guzmán, Bambou y Sabine), Germán Martitegui, Luisa González Urquiza, Pamela Villar, Narda Lepes, Fernando Trocca, Tomas Perlberger, entre otros reconocidos oriundos de la vecina orilla.

 

Nada de lo que se hizo fue un modelo instaurado, sino por el contrario, todo se adaptó a lo local, revalorizándolo por completo. Mezclándose la imaginación con lo ancestral, se prepararon recetas en extinción, dándoles pequeños toques diferentes. Todo inmerso en unos días en donde hasta el mismísimo clima acompañó, pues gracias a un viento del sur se sentía una brisa primaveral muy agradable sin el más mínimo rastro de la humedad tan característica de la zona y la época, pues estábamos inmersos en el conocido pantanal argentino, repleto de agua, mucho verde y con una de las biodiversidades más altas de la región.

 

No hubo frivolidad, no hubo protagonismos; solo se tenían las ganas de agasajar unos a otros, a los locales y a los no locales en un ámbito de complicidad y camaradería extremas y así los cocineros se ayudaban preparando los maravillosos platos que luego tuvimos el placer de degustar.

 

Y todo reverenciando la riqueza ambiental que estaba a flor de piel en el sitio. Se organizaron paseos en canoa, cabalgatas, sulki en el agua, recorridas en lancha para que el espíritu de Pueblo Abierto fuera acorde a la Naturaleza. Incluso, la conservación tuvo su lugar. El evento contó con el apoyo y colaboración de una de las fundaciones más importantes de Sudamérica: la “Conservation Land Trust”, perteneciente al difunto Douglas Tompkins, la cual ha adquirido extensiones impresionantes con el único fin de restaurarlas y donarlas a los gobiernos para la creación de Parques Nacionales.

 

El pueblo estuvo de fiesta, pues en la plaza había cine, bailes, música. Se escuchaba el típico chamamé. Y así también las iglesias y museos se trasformaron en lugares donde se ofrecía a los visitantes comida elaborada por los oriundos de la zona.

 

Engrandece la vida saber que el mayor objetivo de estos encuentros es cuidar a los pequeños productores familiares que habitan lugares tan maravillosos como aislados y que son “células madre” del país y así se “preservan de la degradación cultural”.

 

En tiempos de tanta globalización se resalta lo autóctono y Pueblo Abierto proclama que “…todo pueblo se desarrolla partiendo de la base de cómo conseguimos nuestros alimentos, como los consumimos y todo lo que rodea esta actividad define a grandes rasgos la cultura de un pueblo.

 

Si querés saber más sobre Pueblo Abierto, su historia y emprendedoras, ingresá en puebloabierto.org

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