De olivares y viñedos

O’33 es una empresa nacional y familiar productora de aceite de oliva y vinos. Un emprendimiento que, además de éxito económico, tiene un fuerte compromiso social y ambiental.

 

Por María Victoria Pereira Flores
Fotos: Gentileza O’33

 

La “O” podría remitir al océano (ese que está tan cerca). Sin embargo, la marca toma su nombre del río Olimar, cuyas orillas rodea una de las fincas de la familia Conserva. El número 33 hace referencia al departamento que la vio nacer: Treinta y Tres Orientales. En sus orígenes, O’33 funcionaba en la Finca del Olimar, donde se plantaron los primeros olivos. Posteriormente, adquirieron la Finca José Ignacio, ubicada en uno de los balnearios más exclusivos de América Latina.
“Treinta y Tres era un campo ganadero, fue mi madre quien propuso la idea de plantar olivos en las partes maduras del campo y así fue como nació el sueño, allá por el año 2008”, cuenta Agustín Conserva, segunda generación de emprendedores.

 

Si bien la familia Conserva es descendiente de italianos (olivo y vino en la mesa siempre presentes), fue en un viaje que hicieron a Andalucía donde se inspiraron para crear la empresa. A fines de 2011 compraron las cincuenta hectáreas de campo de José Ignacio.

 

O’33 es un proyecto de un matrimonio-equipo. “Con Natalia, mi esposa, lo pensamos, desarrollamos y llevamos adelante con el corazón. Nuestros hijos se fueron enganchando”, dice Marcelo Conserva, fundador del emprendimiento. Eso se siente y se ve en los resultados: una producción limitada y artesanal, la participación y aporte familiar, la calidad de las materias primas, la cuidada presentación e historia real del propio emprendimiento.

 

La sustentabilidad en todas las etapas

En la fábrica de aceite de oliva se ve cada detalle del proceso de producción; a dónde va la pulpa y a dónde el carozo. Todo está perfectamente calculado para que el residuo pase a un tanque, se almacene allí y luego, tras secarse, se esparza por el campo como fertilizante natural.

 

Cada tanque tiene distintas variedades de aceites. La aceituna se diferencia por el punto de maduración. El aceite extra virgen se obtiene mediante extracción mecánica en frío de los frutos manualmente recolectados. Toda la producción se destina para consumo nacional y se distribuye especialmente en restaurantes y tiendas.

 

Uno de los aceites premiado internacionalmente es el “Blend Reserva del Faro”. Fue creado en honor al Faro de José Ignacio, ese que si no existiera campo sino mar podría verse, dado que se encuentra a menos de 15 km de distancia del lugar. Su presencia se siente en el aire.

 

Llama la atención el sistema de abastecimiento de agua. Se hace a través de un lago artificial que construyeron para tener eficiencia hídrica, e incluso por su tamaño pueden autoabastecerse por un período de noventa días sin lluvia y así garantizar el riego. No solo eso, además reutilizan el agua durante los procesos.
Otro aspecto donde la sustentabilidad está presente es en la infraestructura de la planta, donde se tuvieron en cuenta criterios ambientales de ahorro energético. Construida en chapa, tiene un bloque que mira al exterior y una capa de poliuretano expandido. También una cara térmica que funciona como aislante, ya que el aceite requiere una temperatura determinada y no deben registrarse cambios bruscos.

 

En relación al viñedo, originalmente fue pensado con un concepto de arquitectura paisajística para contrastar los colores de las hojas; intuían que esa combinación de colores tan maravillosa iba a ser atractiva. Lo lograron con creces, porque si vas por la Ruta 9 es imposible no desviar la vista y mirar ese espectáculo de colores entre perfectas líneas. Así fue como plantaron tres hectáreas de viñedos. Cuando dos años después los viñedos entraron en producción e hicieron el primer vino, se dieron cuenta del potencial que tenían para la fabricación de esta bebida. Y entonces nació la Bodega Oceánica José Ignacio.

 

O’33 cuida de cada detalle estético: todas las filas de olivos forman líneas rectas perfectamente trazadas; dos huertas con frutillas, tomates, zapallitos, lechuga, especias y lavanda, atraviesan el campo. El arte también tiene su espacio: en las fincas pueden verse obras de escultores locales vinculadas con el campo.

 

A la familia Conserva le apasiona generar proyectos culturales y educativos. Como fabrican el único aceite de oliva nacional específico para niños, publicaron un libro dedicado a generar conciencia sobre el consumo del aceite en los niños. Actualmente, se encuentra en desarrollo otro libro que hablará sobre el vínculo de José Ignacio con lo productivo y gastronómico, desde las miradas de personajes claves del pueblo.

 

¿Sabías que podés visitar las fincas de O’33? Ingresá en o33.com.uy y hacé tu reserva.

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