El poder de la acción

No existe desarrollo sostenible sin igualdad de género. Hoy, más que nunca, es necesario que las mujeres tomen un rol preponderante en la toma de decisiones para asegurar el cuidado del planeta. Porque para ellas, accionar desde su valor femenino y desafiar estructuras, les es natural e intrínseco.

 

Por Lucía Tornero

 

“Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa”, expresaba Jane Austen con ironía en la frase inicial de su novela “Orgullo y prejuicio”. La autora, quien mucho tiempo fue relegada como una escritora meramente romántica, era una rebelde que con astucia y pluma ejercía una crítica hacia el lugar en que la sociedad ubicaba a la mujer en el siglo XIX. Una auténtica pionera de los derechos de la mujer.

 

Desde aquel entonces, las mujeres han recorrido un largo camino. El inicio del movimiento sufragista y la adquisición del derecho al voto; el comienzo de los movimientos laborales feministas; la Declaración Universal de los Derechos Humanos en donde se hace explícito el reconocimiento de igualdad de género ante las leyes en todos sus ámbitos; la oficialización del Día Internacional de la Mujer. Fueron muchos hitos más a través de los cuales la mujer fue ganando terreno en espacios donde antes la imaginación escapaba cualquier posibilidad. El político, el científico, el empresarial, fueron algunos de esos ámbitos que antes eran reservados solo para los varones.

 

Pero, ¿qué hay de la sustentabilidad? ¿Qué rol ha ocupado (y ocupa) aquí la mujer?
Ya nadie puede ignorar que el planeta está en una encrucijada que requiere de acciones inmediatas, profundas y lógicas. La devastación de los recursos naturales y el actual sistema de producción han llevado a la humanidad a una situación límite (aunque pareciera que aún no logramos despertar). La necesidad de un nuevo paradigma se abre. Y tal como la mujer, a través del hacer, del ejemplo, la sensibilidad y la actitud emprendedora, ha forjado un liderazgo propio, es que la sociedad toda debe nutrirse e inspirarse en esta forma de acción para realizar aportes significativos al desarrollo sustentable.

 

Que las mujeres actúen y gestionen -desde sus valores femeninos intrínsecos- para construir nuevos sistemas, no es novedad. Quizás, se ha explicitado con mayor ímpetu en los últimos años. En 2010, Ban Ki-Moon, el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, comentaba a los participantes en la reunión sobre el Estado del Planeta, celebrada en el Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York: “Las mujeres son la clave del desarrollo sostenible, la paz y la seguridad en el mundo”.

 

 

Este mismo pensamiento era algo más que claro (ya desde los años ´70, cuando era solo una joven) para Vandana Shiva, una escritora y filósofa india, Premio Nobel Alternativo (Right Livelihood), y quizás la mayor referente y activista en las interconexiones entre género y ambiente. En sus postulados, situó a la mujer y a la ecología en el corazón del discurso moderno sobre el desarrollo. Y lo hizo a través de diversas acciones. En 1982 creó la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica, la cual cuenta entre sus iniciativas el impulso y difusión de la agricultura ecológica (programa Navdanya), el estudio y mantenimiento de la biodiversidad (Universidad de las semillas, Colegio Internacional para la Vida Sostenible), el fomento del compromiso de las mujeres con el movimiento ecologista (Mujeres Diversas por la Diversidad), y la regeneración del sentimiento democrático (Movimiento Democracia Viva).

 

Hija de un guardabosques y de una granjera, al igual que Jane Austen, Shiva también pensó que escribir sería un acto subversivo en sí mismo. En su libro “Ecofeminismo”, publicado en 1993, considera que “las mujeres tienen un vínculo especial con la biodiversidad y son las mejores custodias de la salud de la tierra gracias a su conocimiento de la heterogeneidad de la vida”. Principios básicos del ecofeminismo.

 

Pero, ¿qué engloba este concepto? El ecofeminismo, como término, se acuñó en 1974 por la francesa Françoise D’Eaubonne, y se desarrolló más que nada en Estados Unidos, en el último tercio del siglo XX. “En aquellos años, el ecologismo estaba en auge y la segunda ola sacaba a la calle al feminismo radical: las mujeres defendían una sexualidad y maternidad libres, a la vez que crecía la inquietud por la falta de alimentos debido a las alarmantes proyecciones de población. La amenaza del hambre y, consecuentemente, la sobre-explotación de los recursos calaban en el feminismo”, explica la española Teresa Muela Tudela, Experta en Género e Igualdad de Oportunidades.

 

En otras palabras, según la especialista, el ecofeminismo es “la corriente del feminismo que asume la problemática ecológica como algo que puede ser abordado de manera pertinente desde el género, aportando ciertas claves de comprensión de la relación humana con la naturaleza”.

 

En este sentido, no es casual que la igualdad de género sea uno de los puntos incluidos en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Su integración con el resto de los ODS tiene efectos multiplicadores en todo el espectro del desarrollo. El informe emblemático de ONU Mujeres (Hacer las promesas realidad: la igualdad de género en la agenda 2030 para el desarrollo sostenible) revela importantes desafíos para el empoderamiento de las mujeres y expone un sólido programa de aceleración del proceso. Pone de relieve desigualdades y retos que enfrentan las mujeres e identifica dificultades y oportunidades para la igualdad de género en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

 

La Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, expresó: “El mundo entero se comprometió a través de los ODS a no dejar a nadie atrás. Los nuevos datos y análisis de este informe indican que, a menos que se acelere considerablemente el progreso en materia de igualdad de género, la comunidad internacional no podrá cumplir con su palabra. Es una llamada urgente a la acción, y el informe hace recomendaciones sobre qué camino tomar”.
Y es que la igualdad de género es un derecho. Algo que Vandana Shiva nunca olvidó, desde los comienzos de su lucha contra la agricultura monopólica, patriarcal y contaminante. Y siempre estuvo en el frente de esa contienda, jamás olvidando el valor de lo femenino. Con su primer libro “Staying Alive”, contribuyó a redefinir la percepción de la mujer del Tercer Mundo, allá en 1988.

 

En una entrevista con un medio extranjero, Shiva dijo: “Si las mujeres pasaron a ser muy importantes para el futuro del planeta y de la propia humanidad es porque, con el crecimiento de la economía, fueron destinadas a cuidar a los hijos, a cuidar a sus madres enfermas, a cuidar las necesidades sociales; es decir que las mujeres fueron destinadas a cuidar la subsistencia. ¿Cuál es el desafío hoy? Cómo sostener el planeta, cómo sostener sociedades. Es esa expertise de la subsistencia la que ha sobrevivido en las mujeres. Ese es el rol que las mujeres deben jugar: propagar esa habilidad por compartir y cuidar. El sistema económico actual patriarcal está basado en el descuido y la violencia. Eso es lo que ha creado la devastación ambiental del planeta, la pobreza. Por lo tanto, cuando tenemos que pasar del descuido al compartir, el cuidado y el amor, las mujeres se convierten en maestras”.

 

 

Al igual que Shiva, Muela también se refiere al vínculo de la mujer y el sistema económico. Destaca el informe preparado por Janet Stotsky sobre este tema, llamado “Género y su relevancia para políticas macroeconómicas” (Octubre 2006) publicado por el FMI. Parte de los argumentos que explicarían el efecto positivo de la participación femenina en la vida económica se encuentran en el comportamiento de la mujer, diferente del hombre, en temas como el ahorro y la inversión. Las mujeres son más proclives a destinar el ahorro a favor de las necesidades básicas o en desarrollo de los hijos.

 

“Así, las diferencias de género en comportamientos que derivan de decisiones privadas o de políticas públicas pueden llevar a resultados económicos distintos. El reconocimiento de estos resultados está llevando al Banco Mundial y al Fondo Monetario a cambiar ciertos aspectos de sus políticas de ayuda al desarrollo para asegurar que los efectos del crecimiento se distribuyan entre hombres y mujeres. La evidencia de casos sugiere que el mayor acceso de las mujeres a educación, salud, empleo y crédito y la reducción de la diferencia entre hombres y mujeres mejoran el nivel de crecimiento económico”, indica la experta en género.

 

Las relaciones socioeconómicas vigentes, en el marco de un sistema de producción que opera bajo una forma indiscriminada, ha llevado a una crisis que merma en todos los aspectos que abarca la sustentabilidad: lo ambiental, lo social y lo económico. Es así que las mujeres (bajo el paraguas de un liderazgo femenino que se caracteriza por ofrecer soluciones sistémicas) son consideradas como cuidadoras innatas e instintivas del planeta y, como consecuencia de la degradación de la naturaleza de las manos de un modelo de desarrollo patriarcal, también son consideradas sobrevivientes, pero sin relegar su principio de feminidad. Y desde allí emerge su poder de acción, de lucha, de perseverancia para restaurar la relación armoniosa entre ambiente y sociedad. Porque ellas y la Tierra, son uno solo. Como dice Vandana Shiva: “Somos suelo. Somos tierra. Estamos hechos de los mismos elementos que constituyen el universo. Lo que hacemos al suelo, nos lo hacemos a nosotros mismos”.

 

 

Escritora, filósofa, activista y referente del ecofeminismo. “El mismo Gandhi decía todos los días: “Hazme más mujer”. Para él, ´ser más mujer´ era ser más compasivo. La compasión es algo que se cultiva culturalmente, no que se determina genéticamente. El ecofeminismo es celebrar la vida, es asegurar que cada persona tenga la confianza de que tiene un lugar en el planeta”.

 

 

Teresa Muela Tudela Especialista en Género e Igualdad de Oportunidades “Desde la identificación del ecofeminismo, ahora más que nunca debemos reivindicar el poder de la acción local y el poder político que las mujeres jugarán; un papel clave para poder conseguir nuestros objetivos”.

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