El problema puede ser la solución

Hace años quizá era discutible, pero hoy en día son muchas las pruebas científicas que insisten en la importancia fundamental que tiene esta década -y el contexto de pandemia que estamos viviendo- para que modifiquemos los hábitos y dinámicas sociales a nivel global. Si no sucede, somos la especie en peligro de extinguirlo todo.

Por Juan Muchnik Reed

 

En este tiempo me pregunté muchas cosas, pensando cómo comunicar mis preocupaciones: ¿Cómo haría para explicarle a lo que hemos llegado como sociedad a un extraterrestre? ¿Qué pensarán o que enseñarán del desarrollo de nuestra civilización en un futuro no muy lejano? Si viviéramos en una realidad en la cual no se pudiera mentir, ¿qué harían aquellos que hoy nos engañan descaradamente con falsas soluciones a causa de su codicia de dinero y poder? ¿Cómo hago para explicarle a alguno de mis nueve sobrinos las problemáticas y los riesgos a los que están expuestos de manera constante, pero de los cuales no se habla tanto en los medios de comunicación, ni en las publicidades comerciales, ni en los envoltorios, ni en los colegios, ni en la calle en general? NI NI NI, y la alarma que sigue sonando sin que nadie la pueda detener.

Ya pasaron meses y más allá de que todavía no hay claridad con respecto a cómo seguirá desarrollándose esta pandemia, estamos siendo testigos privilegiados de una situación nunca antes vivida. Sin embargo, como dice la sabiduría popular: El problema puede ser la solución.

Tenemos una oportunidad única de reflexionar para ver qué es lo que nos propone el contexto, hasta dónde hemos llegado a causa de las ambiciones desmedidas de una humanidad que todo lo consume sin reparo alguno de las consecuencias. Volver a la antigua normalidad no puede ser el resultado: necesitamos superarnos y evolucionar para reestablecer las prioridades en todos los ámbitos y organizar mejor los recursos disponibles.

 

Es necesario debatir y resolver incoherencias mayores en torno a cómo habitamos nuestro Planeta y cómo establecer los derechos que hacen a la dignidad humana de miles de millones de contemporáneos. Necesitamos que más gente preste atención y que entienda que las desigualdades sociales y naturales se perciben como problemáticas locales pero son todas ellas de índole mundial y así deberían ser consideradas.

Si analizamos charlas de amigos, familia o incluso si chismoseamos conversaciones dedesconocidos podremos encontrar constantemente ejemplos de esta realidad. Veganos preocupados por el maltrato animal que hacen comentarios racistas y xenófobos; intelectuales apasionados por la literatura desinteresados por completo en la importancia del reciclado o practicantes de yoga que compran verduras de hipermercados llenas de agrotóxicos y envueltas en plásticos de un solo uso en lugar de fomentar la alimentación orgánica y local, algo tan sencillo y que genera tantos círculos virtuosos. Debemos intentar superarnos, educarnos e involucrarnos más para que en lugar de ser pocos haciendo mucho pasemos a ser muchos aunque sea haciendo un poquito más, ya eso nos llevaría a mejoras sustanciales en todo sentido.

Nuestra época debe ser urgentemente revolucionaria en cuanto a un replanteo de nuestros usos y costumbres. De una vez por todas, debemos establecer las prioridades y reclamar desde nuestro lugar de ciudadanos del mundo con una actitud firme. Si un porcentaje importante de gente lo hace, quienes toman decisiones desde el sector público y privado se verán impulsados a optar una conducción consciente, instintiva y más noble.

 

Recuerdo la afirmación del reconocido filósofo Eckart Tolle cuando escribió: “La Nueva Tierra se manifiesta a medida que crece el número de personas que descubre que el principal propósito de la vida es traer luz de la conciencia a este mundo y utilizar su actividad vocacional o laboral, cualquiera sea, como vehículo para lograrlo”.

Cada uno de nosotros puede aportar y colaborar desde y como sea para ser parte de un cambio de paradigma que nos permita pasar de la competencia a la cooperación, considerando la importancia de cada individuo en su relación con su entorno, replanteándonos qué lugar de complicidad tenemos así como qué hábitos (los más mínimos o máximos) podríamos modificar en pos de un futuro más justo y sustentable.

Es urgente, es ahora.

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