La capitalización de oportunidades

Mis artículos en esta revista siempre están orientados hacia la educación y no dejaré pasar oportunidad de que ustedes, lectores, visualicen el potencial de lo que podemos capitalizar a través de esta actividad diaria y vital como es alimentarnos. Plantar y cocinar son herramientas que pueden cambiar al mundo.

 

Por Diego Ruete

 

El daño está hecho. El planeta no admite más errores y cada horror que cometamos irá haciendo exponencial e irreversible la recuperación de todo lo perdido, y no solo ambientalmente hablando.

 

Algo así pasa en la escuela, la tradicional; esa que busca impartir conocimientos verticalmente desde el docente hacia los niños, un modelo de producción en serie que compara Ken Robinson con la revolución industrial. Esa escuela sigue siendo el modelo mayoritario en el mundo, cuestionada por muchos, encarada con buenas y efectivas ideas por pocos, con metodologías efectivas pero muchas veces poco prácticas en determinados entornos sociales, incompatibles con realidades económicas de países enteros que siguen, por comodidad, infraestructura, practicidad y costo aferradas a ese obsoleto y bastante incompetente modelo.

 

Olvidemos la escuela: necesitamos una revolución enorme para cambiarla y que los resultados se vean a corto plazo. Existen padres y madres, familias enteras haciendo un cambio, promoviendo valores, actitudes y acciones que, más allá de la escuela, están formando ciudadanos del futuro.

 

 

 

Los niños hacen lo que nosotros los adultos hacemos, no lo que decimos. El proceso de reconversión necesita de pequeños cambios pero rápido; y los necesita ya. Las familias deben aprovechar cada oportunidad para dejar un mensaje. Es muy fácil y solo hay que estar alerta y ser conscientes de que ellos nos miran, los niños, todo el tiempo.

 

Responsabilidad, compromiso, perseverancia con la sociedad y con el medio ambiente no alcanzan. Necesitamos que los medios de comunicación lo vean y lo potencien. Necesitamos como sociedad que nuestros referentes nos muestren el camino. Y me refiero a cosas prácticas y cotidianas: ¿A dónde llevo la computadora vieja? ¿Qué hago con el aceite de la cocina? ¿Puedo usar la yerba para mis macetas? La sustentabilidad en acciones es la que nos guía, las que nos mueve y la que debería regir nuestra cotidianeidad. Esta revista es una fuente de información que debería llegar a todos y las instrucciones para el buen uso del planeta deberían estar presente y a la vista, en muchos más lugares. Capitalizar las oportunidades no solo para salvar al planeta sino también para salvarnos a nosotros de nosotros mismos.

 

Y no se olviden que plantando y cocinando con sus hijos estarán recorriendo ese camino y, además, será un regalo para sus nietos.

 

 

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