La conciencia de las nuevas generaciones nos está apela y cuestiona

Una mirada que despierte otras miradas. Con ese afán recorro todos los rincones de la Argentina, intentando capturar la flora y la fauna de cada región, no sólo desde su belleza sino también desde el relato íntimo de su naturaleza. Ese camino me llevó a concretar un proyecto: la reserva San Sebastián de la Selva, que nace con el objetivo de regenerar la mata atlántica en la provincia argentina de Misiones.

 

Por Lucía Tornero

 

¿Cómo describirías tu proceso?
Lo que trato de mostrar o canalizar -porque uno no lo hace necesariamente después de un proceso racional- es más de acción que de razonamiento. Iturria, un pintor uruguayo, dice que es un estado de ensoñación. Y eso es un poco lo que me pasa a mí. También veo que cuando bajo, todo lo que vine recogiendo y pensando, de alguna forma está ahí.

 

Se dice que tu arte cuestiona la idiosincrasia de la vida actual y la vida hiperconectada. ¿Qué significa esto?
Pienso que trato de transmitir esa especie de sinsentido en la que entramos a veces. A través de pantallas, noticias, chimentos, tráfico, que a veces nos transforman en algo que, en definitiva, no somos. Estamos corriendo atrás de algo que, en el fondo, no necesitamos. Vamos perdiendo el foco de lo que nos hace bien o nos hace encontrarnos con lo que verdaderamente somos. Si hay algo que a uno lo lleva a la esencia, o lo vuelve a conectar, es cuando sale de ahí. Cuando se conecta más con la tierra, con el cielo, con la calma, con la paz, con el océano, con la laguna. Todo eso me hace pensar en lo insignificante que somos en relación a lo que nos rodea. Mi obra trata de reír de eso, de una manera seria; de ponerlo en tela de juicio, de que la persona lo mire y reflexione. De alguna manera, lo caricaturiza.

 

A pesar de esta situación que describís, ¿considerás que hay como un emerger de conciencia colectiva?
Totalmente. Creo que esta hiper-aceleración nos llevó a -más que nada en los jóvenes- estar más conectados. La conciencia de las nuevas generaciones nos apela y cuestiona. Y eso lo veo desde los movimientos anti-racismo hasta los que están a favor de la conservación de la naturaleza. Estamos en una etapa en nuestra carrera humana donde se dieron vuelta los roles y los jóvenes hacen ver a los veteranos los nuevos valores. O mejor dicho, le están sacando el polvo a los valores viejos, a su manera.

 

¿Qué otras cosas te llaman la atención de los jóvenes?
Las nuevas generaciones son más sinceras, en el sentido de por qué están acá. Tratan de buscar una visión, más que un logro en sí mismo. Viven más el momento y postergan cosas que en realidad deberíamos postergar todos. Tomarse un tiempo para aprovechar la vida y vivirla, conocer el mundo, son cosas que hoy las ven como prioridades. Y ahí es como vinculo con lo que hago, no como una misión, sino como algo que complete a la otra persona; darles el puntapié a entender por qué está pasando por lo que está pasando. Veo algo muy positivo en ese sentido. Hoy es más fácil cambiar el mundo o mover la pelota para que eso suceda.

 

 

¿Por qué sentís que es más fácil cambiar el mundo hoy?
Hay como un nuevo músculo. Los movimientos globales hoy se dan en días o incluso hasta en minutos. A nivel artístico también se da. Inmediatamente en las redes hay expresiones artísticas muy impactantes que dan la vuelta al mundo. La tecnología permite eso.

 

¿Hay como dos miradas entonces? ¿Hiper-conexión y conciencia?
Para mí es un momento muy particular, bien de crisis, con dos caras bien marcadas, y donde esa explosión me hace cuestionar por dónde vamos a salir. Yuval Harari, autor del libro “Sapiens”, lo dice muy claro. En una perspectiva histórica de muy largo plazo, podemos decir que en la última década, los cambios se han acelerado de manera nunca vista en la historia humana. Pero somos un adolescente en plena pubertad. Tenemos las hormonas disparando para todos lados. Hacemos todo lo malo y todo lo bueno a un extremo. ¿Qué será de nosotros? Depende de estas generaciones nuevas. Tengo hijos y veo cómo ellos están mucho más involucrados en estos roles que yo. Lo veo también en el arte. Hasta hay como una explosión de colores, incluso contradictorios, pero que tienen un sentido. En mi obra en particular, eso me pega. Siento que voy acumulando cosas para hacer mientras no pinto. Me voy nutriendo y lo traduzco en esa especie de…pregunta, más que una crítica. Y soy parte de los que no la saben contestar. No estoy dando ninguna respuesta.

 

¿Le pintás a alguien?
Pinto para la pintura misma. Y, de hecho, a veces siento que no soy yo el que pinta. Lo que está pasando y mi persona…se fundieron en un juego muy divertido, apasionante, de experimentación, de poca racionalidad. Pinto por una especie de energía, pasión y necesidad internas, que siento que a los demás les puede sumar.

 

 

 

¿Cuál es tu reflexión con respecto a la pandemia?
La pandemia me ha pegado, en el sentido de poder tener más tiempo para reflexionar y frenar; de darnos cuenta de la posibilidad de hacer más con menos. Creo que lo bueno que trajo el contexto es que nos hizo más humildes, en el sentido de saber que somos vulnerables; de entender que las cosas que más valor tienen en realidad están ahí; de cuánto nos necesitamos unos a otros; de cuán importante es pensar en los demás, y no solo en la familia o amigos, sino en la gente que la está pasando mal. Desde ese lugar, sí trato de hacerle llegar la reflexión a otros a través de mi arte. No sé cómo va a terminar todo esto, pero siento que será una experiencia que nos va a marcar, sobre todo en la relación con nuestra vida y con los demás.

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