La educocina: evolución de la escuela

Por: Diego Ruete

 

Cambiar la educación requiere una revolución. En Uruguay, lo han logrado Plan Ceibal y sus redes de aprendizaje, incuestionables avances en cuanto a conectividad y acceso a tecnología. Pero si a presencialidad nos referimos, la motivación ha bajado mucho. Si la escuela no se conecta con la comunidad leyendo sus necesidades y fortaleciendo las habilidades blandas de sus miembros, la deserción y los índices de analfabetismo subirán. El cambio esencial de la educación requiere una transformación más radical, estructural y comunitaria.

 

La presencialidad, por sí sola, no alcanza si nuestro sistema educativo no es atractivo para los niños, ni eficiente en sus logros. El modelo conservador donde el docente se preocupa por sus 25-30 alumnos no abarca el desarrollo de una educación plena. La colaboración funciona; y sí, la mirada a largo plazo es un elemento esencial en los procesos educativos. Los actores de la enseñanza-aprendizaje no deben estar limitados a la maestra, la directora y los alumnos. En un modelo integrador y colaborativo en el que la comunidad es parte de la educación… y esta va más allá de los niños. Aprenden los alumnos, pero también lo hacen los docentes interactuando y compartiendo experiencias, buscando nuevas estrategias, jerarquizando los casos positivos sobre los negativos, evaluando cuáles fueron las mejores estrategias y por qué funcionaron bien, y destacando los momentos más ricos de los diversos intercambios.

 

 

 

Cuando son las organizaciones las que crecen junto a sus equipos, el beneficio es todo para la comunidad. El jardinero, el cocinero, el pediatra y el portero, el personal de mantenimiento y los padres son parte de una colaboración profunda que hace al cambio. Claro que para eso todos debemos entender este concepto de escuela nueva que escucha, ve, evoluciona y se adapta.
La normativa de estructura física sumada al inflexible programa escolar hacen difícil este cambio de modelo, algo necesario para que los niños obtengan herramientas adecuadas para lo que será su realidad laboral y social dentro de 20 años.

 

Los entornos para el aprendizaje no deben estar limitados al aula escolar, creemos firmemente en una nueva concepción de la escuela, una con diversidad de espacios y de estímulos, sobre todo del entorno natural. Salir del salón, ¡hay que hacerlo!, usar el patio, la cocina o la plaza para enriquecer las experiencias del niño.

 

Luchar contra la deserción escolar y los bajos índices de alfabetización, meterle onda sin perder en absoluto la responsabilidad que conlleva educar. Aprender no tiene por qué ser aburrido y desde la #educocina lo sabemos bien. Quizás aún no logremos implantarla en el sistema pero sí lo estamos complementando desde otra perspectiva con un gran impacto en quienes lo tienen en cuenta.
Plantar y cocinar son herramientas para la vida.

 

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