La misión de Vanesa y Fermín

Por Juan Carlos Gambarotta. Escritor, dibujante y guardaparques uruguayo.

 

Como muchos de ustedes saben, hay grupos de personas que se ocupan de buscar soluciones a los problemas de la Tierra, este maltratado planeta en el que vivimos. Algunos de esos grupos están preocupados sobre todo por los problemas globales, como el calentamiento de la Tierra y el deterioro de la capa de ozono. A otros les interesa más resolver qué hacer con la basura que se acumula día a día en su ciudad o detener la contaminación o el uso de los cultivos transgénicos hasta tanto no se sepa si son dañinos para el hombre. Otros están inquietos por la rápida extinción de miles y miles de especies de animales y plantas. Pero sea cual sea su interés, lo que hacen beneficia a la larga o a la corta a todo el ambiente.

 

Estos grupos se llaman organizaciones ambientalistas, porque se ocupan de que todos tengamos un ambiente sano. Como el ambiente no tiene fronteras, con frecuencia se hacen reuniones internacionales de organizaciones ambientalistas.

 

 

Fue en una importante reunión latinoamericana donde, ya cerca del final, el delegado de un país se paró para que todos pudieran verlo mejor y dijo:

 

-Compañeros y compañeras, por todo lo que hemos visto y hablado durante estos cuatro días, es claro que América Latina está enfrentando problemas ambientales muy graves. No creo que no existan soluciones, creo que no hay intención de buscarlas, y que muchos ni siquiera quieren ver los problemas. Lo increíble es que a veces son tan evidentes, que podrían ser identificados por un niño…

 

-Es cierto –interrumpió la delegada de otro país-. Yo creo que un niño no solamente podría identificar claramente algunos problemas, sino que también podría hacer propuestas válidas para solucionarlos. A veces sería tan fácil solucionar las cosas si se contara con buena voluntad…

Otro delegado intervino:

-Tiene razón. Los ambientalistas tendríamos que hacer algo nuevo, tendríamos que buscar una nueva forma de llegar a la gente que aún está dormida y no ve los peligros que se corren si seguimos deteriorando el planeta. Ya hemos hecho muchos esfuerzos para salvar animales y plantas en peligro de extinción, para evitar la contaminación y muchas otras cosas, pero lo que necesitamos es que mucha más gente se sume a nosotros, porque al final de cuentas estamos trabajando por el bien de todos.

 

-Entonces voy a proponerles una idea un poco loca –dijo el que había sido interrumpido-, pero creo que es posible, y como ya dijimos que tenemos que hacer algo que impacte…

 

¿Qué tal si enviamos a dos chicos, por ejemplo a un niño y a una niña, a inspeccionar el continente? Tendrían que tener unos trece años y ser capaces de alguna independencia. Quedarían a cargo del grupo ambientalista de cada país, que los llevaría a los sitios de interés ambiental sin ninguna explicación previa.

 

Si el problema es tan evidente como creemos, ellos lo notarán, y si se les ocurre alguna idea, la escribirán en un libro de anotaciones. Serían entrevistados por la radio y la televisión en cada país que visitaran, y el resultado final de sus propuestas podría publicarse en un libro.

 

-Esa es la idea –agregó en voz más baja el orador al ver que en la sala se había hecho un silencio enorme.

 

Cinco largos segundos después se escuchó el primer grito de aprobación:

-¡Fantástico! –y siguieron muchos otros-: ¡Notable! ¡Excelente! ¡Buenísimo! Todos los presentes se pararon y aprobaron con aplausos la “loca” propuesta.

 

Este fragmento pertenece a la novela “La misión de Vanesa y Fermín”, de Editorial Trilce.
Vanesa y Fermín emprenden un viaje por Latinoamérica con la misión de conocer sus problemas ecológicos. En este viaje harán nuevos amigos y vivirán emociones fuertes al descubrir lugares asombrosos.

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