La Yerba mate en el Uruguay

Hace muchos años ya, los guaraníes consumían yerba mate, a la cual llamaban caa-mate. La utilizaban en sus ceremonias espirituales, pero también para beber e intercambiar con otros pueblos. Con el tiempo, su consumo alcanzó a los inmigrantes, que aprendieron de su uso y virtudes y comenzaron a tomarlo en todo el Virreinato del Río de la Plata. Hoy, la costumbre del mate persiste intacta.

 

Por María Victoria Pereira Flores

 

La yerba mate proviene de un árbol que puede alcanzar hasta 15 metros de altura. Sus hojas tienen el borde dentado y nervaduras en la parte de atrás. Para crecer, necesita hábitats con temperaturas tropicales o subtropicales (con una media de 20º C), alta humedad en el ambiente y precipitaciones anuales que ronden los 1.500 mm. anuales.

 

Si uno imagina las plantaciones, enseguida piensa en el norte de Argentina, precisamente en Misiones –donde se produce el 90% de la yerba mate del mundo- y en Corrientes, así como también en el sudoeste de Brasil y en Paraguay.

 

Los cultivos primigenios realizados por un pueblo no guaraní fueron hechos en Asunción del Paraguay por los Jesuitas, en el siglo XVII. Por “movimientos de la historia” se dejó de cultivar y recién a comienzos del 1900 se efectuó la primera plantación planificada y de gran importancia en la zona de Misiones, en donde se encuentran las Misiones Jesuitas.

 

Pero, curiosamente, los árboles en estado silvestre más australes del mundo están en Uruguay. Esto genera que las poblaciones de yerba mate del país presenten condiciones particulares de adaptación al medio, algo de gran importancia desde el punto de vista de la investigación y producción en un contexto de alta variabilidad climática.

 

 

 

El desarrollo productivo de los Yerbatales

En estos últimos años, algunos emprendedores han empezado a cultivar semillas y luego plantarlas. Tal es el caso de las plantaciones existentes en las Sierras de Rocha y en la Quebrada de los Cuervos.

 

El área protegida privada Ambá, en Sierras de Rocha, cuenta con el apoyo del sistema Nacional de Áreas Protegidas. Para este año tienen previsto plantar de 300 a 500 brotes de yerba mate. Maximiliano Costa, coordinador del proyecto, cuenta que la yerba maté (Paraguariensis) es una especie que desde el punto de vista ecológico es de las últimas en formar parte de la composición de los montes nativos de quebrada. “Son árboles de ambientes selváticos, que en Uruguay se desarrollan al abrigo de los montes de quebrada, y por ello su presencia natural indica que estamos ante un bosque maduro, de gran calidad natural, sano y en equilibrio”.

 

Desde Ambá buscan conservar los yerbatales existentes en las Sierras de Rocha y restaurar aquellos bosques de quebrada de características similares, reintroduciendo la yerba mate y las especies que la acompañan en el monte nativo. Esto implica la plantación y el manejo del bosque, a favor de los procesos de maduración del ecosistema, así como de su calidad de hábitat para la fauna asociada.

 

Maximiliano Costa también agrega datos históricos. “Los guaraníes plantaban la yerba mate en donde sepultaban a sus seres queridos. Luego de cosecharla, la tomaban en rueda, en familia, de la misma manera que se realiza hoy. Quizás por esta razón en las Sierras de Rocha se han encontrado diferentes yerbatales de varios años de antigüedad, así como secaderos que utilizaban los guaraníes dentro de su peregrinación para la recolección de la planta, pues allí se sabe existieron muchísimas comunidades indígenas”.

 

Otro emprendimiento funciona en la Quebrada de los Cuervos, en el departamento Treinta y Tres, donde se encuentra el establecimiento Caa Porá de Alberto Demicheli, pionero en el país en la reintroducción de la especie. Con anécdotas y detalles, Alberto cuenta cómo hace años vinieron expertos en yerba mate desde Argentina a observar el “fenómeno” de la existencia de estos árboles en Uruguay.

 

Y así como en Ambá nos concedieron el honor de plantar varias semillas ya brotadas en lugares previamente escogidos, con Alberto tuvimos el privilegio de que nos acompañara a orillas del arroyo Yerbal Chico, para mostrarnos uno a uno varios de los árboles que él mismo reintrodujo en la zona.
Para una inexperta como quien escribe, resultó curioso observar que los árboles no responden en tamaño a sus años, sino que es su genética y las condiciones específicas del sitio donde han sido plantados, los determinantes de su dimensión.

 

Alberto nos enseñó diversas cosas. Por ejemplo, si uno quiere cosechar yerba mate debe ir podando el árbol de forma particular para no perder el control, pues son las hojas y sus tallos de donde se obtiene la yerba. Luego, lleva un tratamiento específico para despojarle la humedad y se tritura. Tomamos yerba mate producida por Alberto, exquisita, absolutamente natural y 100% nacional.

 

Es fundamental que aparezcan políticas proclives para emprendimientos de este cultivo, y así se incentive de diversas maneras su reintroducción y desarrollo planificado.

 

Otro dato curioso. En la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República hay estudiantes que desarrollaron sus tesis basadas en la reintroducción de la yerba mate en el Uruguay, con profesores que los promocionan.

 

La yerba mate es una planta que condensa múltiples sentidos. Es una siembra originaria que acompaña el hábitat natural de ciertas regiones del país, cuyo producto la población consume de forma habitual. Está cargada de historia cultural y es propia de algunos ecosistemas nuestros. Aumentar la presencia de árboles de yerba mate en las zonas más propicias del monte nativo facilitaría, a mediano plazo, la posibilidad de comenzar a procesar yerba mate in situ, y se obtendría un producto orgánico local, mediante la utilización de recetas ancestrales para su procesado.

 

La palabra mate es quechua (matí) y significa calabaza o recipiente. Los guaraníes decían ‘caa y’ al mate, siendo ‘y’ el agua.

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