Laguna de Castillos

Un recorrido por un lugar mágico, donde se reúnen humedales, distintos tipos de especies marinas, miles de aves y atardeceres inolvidables.

 

Texto y fotos: Juan Carlos Gambarotta

 

En febrero, la Laguna de Castillos ingresó al Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Fue declarada Refugio de Fauna en 1966, pero recién comenzó a hacerse efectiva en 1991 con la llegada del primer guardaparque.

El área protegida, reconocida por su pintoresco ¨bosque de ombúes¨, abarca las 8 mil hectáreas de la Laguna, un tramo del Arroyo Valizas, y el predio del Estado de 150 hectáreas. En una siguiente fase, se plantea incorporar la totalidad del Arroyo Valizas y varias decenas de miles de hectáreas de predios privados circundantes.

Al estar conectada al mar mediante el Valizas, su salinidad es muy variable. Eso permite que en sus aguas se puedan encontrar seres marinos, como por ejemplo los ctenóforos (dedales de mar), pez globo, corvinas y peces de agua dulce como el bagre negro y tarariras. Además de las fluctuaciones en salinidad y transparencia, otro factor que favorece la biodiversidad son las mareas eólicas, las que benefician a pequeños organismos vitales en la red trófica.

La cuenca baja de la Laguna de Castillos constituye el más variado complejo de humedales del país. Eso se debe a que, aparte de la laguna, abarca arroyos con todo el gradiente de salinidad, desde cangrejales y juncales de agua salobre, hasta pajonales, camalotales y bosques inundables de agua dulce. Ese paisaje en mosaico contiene el registro mejor conservado de las transgresiones marinas en Uruguay.

 

 

En tan variados ambientes se encuentran muchas especies prioritarias para la conservación. Entre éstas, algunas con distintos grados de amenaza, como el Sapito de Darwin, la tortuga verde, el dragón y el playerito canela; por ser de distribución restringida, como la tortuga de canaleta, el apereá de dorso oscuro, la rata conejo y la palmera butiá; por ser endémicas, como es el caso de peces anuales; carismáticas como el cisne de cuello negro, o migratorias como el chorlo dorado.
Muchas personas relacionan la Laguna de Castillos con ¨El Monte de ombúes¨, un bosque dominado por coronillas y ombúes que forma un anillo de cerca de 20km a poca distancia de su costa. Pero además, si hay algo típico de esta área son las grandes concentraciones de aves. Son decenas de miles los cuervillos que pernoctan en los juncales de sus márgenes y son también decenas de miles las gallaretas, que cuando hay viento forman largas ¨balsas¨ y en los días de calma se dispersan llenando la laguna de puntos negros. Los cisnes pueden ser muy abundantes en verano y otoño.

La laguna sustenta varias familias de pescadores artesanales y es en Laguna de Castillos donde se da el mayor volumen de pesca del camarón del país. Debido a las luces que se colocan para atraerlos a las trampas, es una actividad pintoresca, pero se requiere concretar un manejo que beneficie tanto a los recursos pesqueros como a los propios pescadores.

Cae la tarde y laguna y cielo se tornan naranjas y después dorados. El graznido de los coscorobas y la llamada ingenua de los cisnes es opacada por el aleteo de miles de cuervillos que se dirigen a sus dormideros. Ya casi sin luz, la sinfonía del bañado se enriquece con el acuatizar de bandadas de patos y el canto a dúo de los chajás.

Como guardaparque, tuve el privilegio de vivir allí durante 27 años. Los temporales y las sequías daban lecciones de humildad; los animales, el monte, el bañado y el pastizal enseñaban que todos somos lo mismo, más allá de que tengamos pelo, plumas u hojas.

 

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