Las Cosechadoras de Mar

Las Cosechadoras de Mar’ es un relato acerca del empoderamiento de la mujer en la isla de Zanzíbar. Un relato que se mece al ritmo de las mareas y nos trae la más pura esencia de esta isla, joya del Océano Índico.

 

Texto y fotos: Daniel González-Paredes

 

En las aguas costeras de Tanzania, a tan solo 80 km de la costa del continente africano, se encuentra la isla de Zanzíbar. Este archipiélago en el Índico occidental cuenta con siglos de historia. Conocida por los antiguos persas como Zangi-bar, ‘La Costa de los Negros’, llegó a ser un sultanato omaní independiente debido a la poderosa economía que en ella se generaba. Su estratégica posición geográfica impulsó el oscuro comercio de esclavos a lo largo del Océano Índico y sirvió de puerto de salida para las valiosas materias primas extraídas del interior del continente, como el marfil y las piedras preciosas. Tiempo después, su capital, Stone Town, fue enclave para los grandes exploradores británicos del s. XIX, tales como Livingston o Stanley, que eligieron esta pequeña isla como base para sus incursiones en el interior del África. Y desde hace décadas, su gran producción de especias otorgó al archipiélago el pseudónimo de ‘Isla de las Especias’. Entre todas estas historias, hoy les traigo un relato algo más actual. Un relato sobre el empoderamiento de la mujer zanzibarini en pleno s. XIX. El relato de ‘Las Cosechadoras de Mar’.

 

¿Sabían que Zanzíbar es en realidad un archipiélago formado por dos islas? Pemba, la más pequeña y al norte; y Unguja, la más sureña y poblada. Aunque hoy por hoy está ampliamente aceptado referirse a esta última como Zanzíbar. Esta joya del Océano Índico es famosa por sus playas infinitas de arena blanca y por sus aguas de increíble turquesa. La riqueza de su ecosistema marino y los grandes arrecifes de corales que bordean la isla son de un valor inconmensurable. Son precisamente estos arrecifes los que originan, al este de Zanzíbar, unas formaciones geológicas muy características: las lagunas arrecifales. Lagunas de aguas tranquilas que se encierran entre la costa y la barrera externa de coral. Estas son altamente influenciadas por las mareas, y su profundidad puede variar desde unos pocos metros durante la marea alta o pleamar, hasta escasos centímetros, o quedar totalmente emergidas durante la marea baja o bajamar. Es en el interior de estas lagunas arrecifales donde encontramos las Mwanis, o granjas de algas en suajili, donde las mujeres zanzibarini desarrollan con gran destreza su labor de cosechadoras.

 

 

A primera hora de la mañana, coincidiendo con la marea baja, podemos ver a las cooperativas formadas por mujeres cosechadoras llegar a pie de la laguna arrecifal. Tras organizar el trabajo, un desfile de decenas de mujeres ataviadas con sus coloridas khangas, se dirigen a sus parcelas correspondientes de cultivos. Son apenas varios metros cuadrados de arena dentro de la laguna donde las mujeres trabajan de sol a sol en la plantación y recolección de las preciadas algas. Las especies de algas que se utilizan en este tipo de cultivos son: Eucheuma denticulatum, más conocida como Spinosum, y Kappaphycus Alvarezii, o Cottonii. Dos algas rojas con una amplia variedad de aplicaciones que van desde su uso en cosméticos hasta su uso en la industria culinaria. Es un trabajo arduo que comienza con el atado de pequeños pedazos de las algas a lo largo de unas cuerdas de alrededor de 3-4 metros. Posteriormente estas cuerdas se fijan a la arena con la ayuda de unas estacas a sus costados. Las sogas de atados de algas quedarán bajo el agua durante la pleamar, recibiendo así todos los nutrientes que precisan para su crecimiento y a pocos centímetros de la superficie para poder hacer a su vez la fotosíntesis. Tras unos 50 – 60 días, las algas han crecido lo suficiente como para ser cosechadas. Es entonces cuando las mujeres recuperan las algas de las sogas, y transportándolas en su cabeza, las llevan hasta los secaderos que se encuentran en la playa. El sol se encargará de deshidratarlas de manera natural durante dos semanas. Este es un sistema de cultivo rotativo, en el cual una mujer puede conmutar durante un mismo día entre las parcelas donde está atando y afirmando las nuevas sogas, entre las parcelas donde ya está cosechando las algas cultivadas, o disponiendo las algas en los secaderos para su deshidratación. Las ganancias que genera el cultivo de estas algas varía según la época del año, siendo los meses posteriores al monzón en los que la producción aumenta considerablemente.

 

Si bien el precio al que las cooperativas venden las algas son irrisorios en comparación a los precios del producto final en el comercio internacional, al menos estos ingresos permiten cierta independencia económica a las mujeres zanzibarini y su esparcimiento en el mercado laboral de la isla, donde el cultivo de algas ocupa a más de 25.000 personas, siendo un 90% estas mujeres. Incluso, las más emprendedoras y visionarias han llegado a organizarse para ser ellas mismas las que realizando todo el proceso de cultivo, cosechado y secado, continúan trabajando este recurso marino hasta convertirlo en un producto final, ofreciendo una gama de artículos cosméticos artesanales de comercialización en la isla.

 

Las Cosechadoras de Mar forman hoy por hoy una parte bien importante de la imbricada economía local de la isla de Zanzíbar. El cultivo de algas a manos de mujeres, una actividad económica sustentable que se ha convertido en todo un ejemplo de empoderamiento de la mujer en países en vías de desarrollo.

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