#quedateencasa (una #casaconruedas)

Son tiempos en los que vivir una vida más simple se ha convertido en un mandato para todo el mundo. Y en este sentido, existe un movimiento arquitectural que plantea habitar en viviendas más pequeñas, más accesibles y amigables con el ambiente.

 

Por Arq. Ugo Giménez

 

¿Cómo hablar de la “arquitectura sustentable” mientras se desmoronan paradigmas? Desde mi perspectiva de hábitat, pretendo evitar que la arquitectura, al servicio del sistema financiero, resuelva problemas que involucran el estilo de vida de sus usuarios, y abordar la responsabilidad de regenerar nuestros ecosistemas naturales y sociales para un hábitat más humano.

 

Los tiempos que corren, sin embargo, son urgentes, y la emergencia sanitaria y consigna de #quedateencasa obligatoria o voluntaria es, por primera vez, una consigna global desde todos los rincones del mundo. Si eres humano: ¡quédate en casa! Por pandemia que sea, hay que valorar que la tierra se regenera, el aire se limpia y “la casa” es el centro de la escena. En este contexto, las colonias humanas se replantean la forma de habitar. Sería natural que después de esta experiencia, la humanidad valore más alternativas de viviendas más saludables.

 

Entre mis experiencias no convencionales en la arquitectura, hay una que ya nace en un nuevo paradigma: una casa tan pequeña que puedes llevarla de acá hasta allá. El movimiento de minicasitas está creciendo cada vez más como alternativa de vivienda en el mundo, con muchas ventajas a su favor que, en estos tiempos excepcionales, brindan libertades excepcionales. Cómo resistencia a los alquileres fuera de control, eternas hipotecas o el difícil acceso a la tierra, una nueva generación planea habitar casas mínimas, mientras garanticen seguridad y libertad sin sacrificar confort ni estilo. El tiempo y el contacto con la naturaleza prevalecen sobre los metros cuadrados en este estilo de vida.

 

Esta minicasita sobre ruedas cubre todas las necesidades básicas, permitiendo a Margarita, su habitante, pasar temporadas completas en diferentes escenarios. Es artesanal, y mayormente reciclada, con descartes industriales como aislante, aberturas de cedro antiguas alojando vidrios de alta tecnología, capacidad de almacenar 100 lts de agua limpia o conectarse a una red común, inodoro de compostaje, energía solar suficiente para nómades digitales, agua caliente y cocina a gas envasado, estufa a leña convectora con horno. Con espacio para una cama doble, está pensada para que una o dos personas vivan mucho en poco espacio.

 

Realizar esta #casaconruedas fue un desafío y un logro, conseguimos armar un equipo de artesanos comprometidos y el resultado es único. Cómo arquitecto nómade en cuarentena desde una minicasita, puedo asegurarles que estas no son para cualquiera. Pero si eres de los que se desafían a nuevos paradigmas, es una alternativa con mucho cielo.

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