¿Quién hizo mi ropa?

La industria de la moda afecta sobremanera el equilibrio entre ambiente, economía y sociedad. Muchas veces no somos conscientes del impacto que genera cómo nos vestimos y desconocemos de dónde vino y quién hizo nuestras prendas.

 

Por María Victoria Pereira Flores, directora de Ecomanía, Uruguay.

 

Por segundo año consecutivo, se llevará a cabo en Montevideo un evento internacional de moda sustentable, que traerá a personas de diversas partes del mundo a exponer sus conocimientos sobre esta industria. Se trata de Mola, iniciativa impulsada por Doris Helena y Valentina Suárez, una madre y una hija de origen colombiano, radicadas en Uruguay hace algunos años.

 

Es una realidad. Cada vez son más las marcas de ropa que adhieren al cambio y logran certificación a nivel internacional por sus políticas sustentables. Son marcas que respetan al consumidor, al trabajador y al planeta.

 

Nadie puede negar el impacto ambiental y social del negocio textil. Con cadenas de valor larguísimas, es en sí misma una de las industrias más contaminantes. Tanto consumidor como diseñador y empresario juegan roles muy importantes dentro de esta cadena, por eso es necesario pensar cuáles son las responsabilidades de cada uno y actuar coherentemente.

 

 

Nosotros, como consumidores, tenemos que ser conscientes de que cada decisión tiene un valor: desde la elección que hacemos de los materiales, hasta el uso que le damos a las prendas y dónde las compramos. Hay que cobrar dimensión de nuestro poder de intervención dentro del sistema y a partir de ahí conformar un nuevo grupo de consumidores: más conscientes, más críticos, más ubicados, donde el estilo de vida tienda hacia la responsabilidad y la ética.

 

Desde Reino Unido, Carry Somers y Orsola de Castro, fundadoras de la campaña Fashion Revolution instan a buscar la transparencia en un mundo donde quienes confeccionan la ropa son invisibles. Fashion Revolution surgió tras el terrible accidente del derrumbamiento del Rana Plaza, una fábrica textil en Bangladesh, donde murieron 1.138 personas. Su gran objetivo es reconectar los vínculos rotos en la cadena de la indumentaria y acercar a los consumidores a las personas que han hecho posible la ropa, para lograr una industria más segura, transparente y limpia.

 

Las cadenas de la moda son largas y complejas, muchas de las etapas de producción se tercerizan en varias fábricas. Así, las personas que trabajan en la industria textil se tornan invisibles en el proceso.

 

Para el movimiento Fashion Revolution, la transparencia radica en varios pilares: bienestar, comercio justo, empoderamiento, salarios dignos, igualdad de género, rendición de cuentas, calidad de sostenibilidad, buenas condiciones laborales y sensibilidad por el ambiente. Si se cumplen estas condiciones, podemos entonces hablar de moda sustentable.

 

 

Esta campaña, que comenzó en Europa, ya se encuentra en más de noventa países del mundo y nos motiva a ser más curiosos respecto de la ropa que vestimos. Nos llama a enamorarnos de nuestras prendas para no entrar en la cultura del uso y descarte.

 

Toda la industria de la moda necesita realmente un cambio de paradigma. Si las marcas desean dar respuesta a las necesidades y demandas de los consumidores (responsables), deben necesariamente rever sus modelos de negocio y dar un giro hacia una moda ética y sustentable.

 

 

Va una anécdota personal. Hace poco fui a una fiesta con la enagua de mi bisabuela, no porque esté o no de moda vestir con enaguas (lo cual desconozco), sino porque creo que las prendas lindas nunca pasan de moda. Y si además tienen una historia, pueden perdurar por siempre. Las prendas que vestimos conforman nuestra personalidad. Por eso, no hay nada mejor que llevar cada uno su propia moda.

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