Tierras lejanas

Quien deja la india peninsular y se dirige hacia el Este, percibe la proximidad del Himalaya en los rasgos de la gente.

 

Por: Juan Carlos Gambarotta

 

La región del Himalaya fue uno de los grandes misterios de la geografía mundial. Pero no solamente por su abrupto territorio, sino también por albergar reinos que tenían prohibido el ingreso de extranjeros, contando a tal efecto con guardias en los pasos de montaña. Bután, el reino cuya sola mención despertaba la fantasía de los exploradores, recién comenzó a permitir visitas en 1974, siendo el último en comenzar a abrir sus fronteras.

 

El Parque Nacional Royal Manas, de 105.700 hectáreas, forma parte del complejo de áreas protegidas transfronterizas entre Bután e India, que en total abarca 650.000 has.

 

Del lado de la India, participé en una recorrida por esa frontera, en búsqueda de cámaras trampa que habían sido instaladas para registrar la presencia de tigres. La revisación se hizo en el campo, encontrándose fotos de búfalos, elefantes, leopardos, un oso negro tibetano y tigres. En el área también habita la pantera nebulosa, pero esa vez no había aparecido.

 

 

Entre una cámara y otra debíamos hacer algunos kilómetros de recorrido. Nos íbamos encontrando con todo tipo de sorpresas. Como una cabeza del tamaño de un puño que de golpe se irguió cuarenta centímetros sobre la huella. Era una gran cobra real que se había detenido ante el paso del jeep, y unos momentos después, adueñada de la situación, retomó su desplazamiento sin apuro.

 

Pensé que la frontera iba a estar muy controlada, pero el minúsculo puesto de control estaba abandonado y solamente era demarcada por altos estandartes, todos de diferentes colores, que formaban un semicírculo. El territorio de la India llega hasta donde termina la planicie, y el de Bután donde el ramal del Himalaya comienza su ascenso. Selva y montaña. El abrupto paisaje es cortado por el Río Manas, que nace en el Tibet y cuyas celestes aguas son de las más transparentes que he visto. El camino asciende y la vegetación es extraña, habiendo árboles con aspecto de palmeras. Veo langures dorados, enormes calaos rinoceronte y en una playa de cantos rodados, un elefante de grandes colmillos luce pequeño allá abajo. Cruzamos el río en un bote manejado a pértiga y remo. La alta barranca de enfrente está dominada por la pagoda que es la residencia veraniega del rey.

 

Butan tiene el remedio para los males de este siglo. Ojalá podamos escuchar y entender su silencio.

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