Un vínculo milenario

La historia indica que el venado de campo en Uruguay fue aprovechado, de manera sustentable, por poblaciones indígenas durante miles de años. Hoy, su población decreció de manera dramática.

 

Por Dra. Federica Moreno
Depto. de Biodiversidad y Genética
IIBCE-MEC

Fotos: Mariana Cosse

 

Solía desplazarse, sigiloso -como aún sigue haciéndolo- por extensos ambientes de pastizal en Brasil, Paraguay, Argentina, Bolivia y Uruguay. Hoy, el venado de campo ocupa las llanuras sudamericanas. Con sus ligeros 30 kilos, este cérvido mediano viene sufriendo una rápida declinación en su población desde fines del SXIX debido a la caza, la pérdida de hábitat por el avance de la frontera agrícola y la introducción de ungulados domésticos y silvestres.

 

En Uruguay, existen dos poblaciones silvestres de venado de campo: el Tapado (Salto) y los Ajos (Rocha), con alrededor de 1500 individuos entre las dos. Su caza está prohibida y fue declarado Monumento Natural en el año 1985. Históricamente, el venado fue muy abundante en Uruguay. Lo sabemos por los relatos de los primeros viajeros europeos que mencionan esta abundancia, por los reportes de pieles exportadas a fines del SXIX, por la diversidad genética que aún retienen las mermadas poblaciones actuales y por la información arqueológica.

 

En el sudeste uruguayo existieron sociedades que, desde hace más de 5.000 años y hasta la conquista europea, vivieron en aldeas, enterraron sus muertos en montículos de tierra (cerritos de indios), cultivaron vegetales domésticos, y pescaron, cazaron y recolectaron diversos animales. En las excavaciones de los cerritos, se recuperaron materiales y estructuras que son residuos de la vida cotidiana de estas personas. Entre estos materiales, miles de huesos nos muestran qué animales consumieron, cómo los consumieron y con qué fin. Uno de los animales más abundante en estos sitios arqueológicos es el venado de campo, presente en la gran mayoría de los yacimientos.

 

Otros mamíferos aprovechados por los indígenas fueron la nutria, el ciervo de los pantanos y el apereá. El análisis de los restos de venado muestra la preferencia de estas poblaciones por la captura de animales adultos, hecho que se deduce por los huesos recuperados. También se estableció que los venados se utilizaron con varios fines: para alimentación; como materias primas para herramientas y, posiblemente, por su piel. Las herramientas se realizaron sobre astas y metápodos y, en general, se hallaron herramientas punzantes que pueden haber funcionado como agujas, punzones o puntas, entre otros usos. Como alimento, el venado fue aprovechado en su totalidad, como lo atestiguan los huesos largos fracturados para aprovechar la médula.

 

La sedentarización de estas sociedades, su fuerte implantación territorial y el cultivo como práctica productiva, sumado a la importancia del venado en su economía, llevó a proponer la hipótesis de que el mismo fue objeto de algún tipo de manejo. El venado es un animal gregario, que se agrupa en rebaños fácilmente localizables. Además posee un rango hogar reducido, permaneciendo toda su vida en un territorio limitado. Una forma de gestionar este recurso pudo involucrar la propiedad y uso exclusivo de rebaños por parte de grupos domésticos, y las acciones de manejo incluirían la protección de los animales de otros depredadores (puma y jaguar) y, por lo tanto, el aumento de la población de venados.

 

La dramática declinación del venado de campo ocurrió en 200 años, pero el registro arqueológico nos muestra que las sociedades que ocuparon esta región lograron subsistir utilizándolo como recurso, sin sobre-explotarlo durante más de 4.000. Aún nos queda mucho por aprender.

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