Una semilla al cambio

Por Selene Aliayi

 

¿Contribuimos positivamente al ambiente? Nuestra primera respuesta suele estar cargada de ego e ignorancia y pocas veces logra ser sincera y cercana a la realidad. Queriendo contestar esta pregunta, Julia Grenz y Belén Bustos repararon en la cantidad de pequeños -pero nocivos- actos que forman parte de nuestra rutina e impactan negativamente en el planeta Tierra.  A partir de allí, se interesaron en contribuir al equilibrio del ecosistema y aportar su semilla al cambio.

Julia, proveniente del área empresarial, y Belén, del paisajismo, comenzaron dando talleres sobre la siembra de huertas orgánicas a adultos y niños. Fue allí donde notaron la necesidad de las personas de tener contacto con la tierra y de sembrar. Entonces, se propusieron desarrollar un material que facilitara el proceso de sembrado, principalmente para quienes estaban poco familiarizados con esta labor. Su primer objetivo fue que el alcance de la siembra se amplíe y llegue a todas las personas, incluso a aquellas que no tienen un jardín o espacio especializado para plantar. Sin embargo, al embarcarse de lleno en este universo, descubrieron que su contribución al ambiente podía ser aún mayor.

Julia, en uno de sus viajes a Alemania, su país natal, descubrió un material ecofriendly que sustituía al papel tradicional y que a su vez era plantable. La idea de poder ofrecerle al público un producto reciclado que permita el crecimiento de una nueva vida la deslumbró de forma inmediata y le marcó el camino a seguir. Junto con su socia se propuso ofrecer este producto en Uruguay. Así nació Nido de Vida.

Gracias a una investigación exhaustiva y a un largo proceso de búsqueda, Julia y Belén encontraron la fórmula perfecta para darle nacimiento al primer papel plantable del país.

Ahora bien, ¿cómo se obtiene? El primer paso consiste en la búsqueda de papel usado, parte del proceso en el que las empresas y organizaciones son clave. Los desechos de papel donados por las oficinas son trabajados y procesados en el taller hasta que se consigue el nuevo papel reciclado. A este se le incorporan semillas de plantas y hortalizas para que, una vez sembradas, den inicio a una nueva vida.

Con este nuevo producto se fusionan ambos mundos: el de la siembra y el del reciclaje, permitiendo así poder devolverle a la tierra parte de todo lo que nos da.

 

Volver a la tierra

Según datos del Observatorio del reciclaje de CEMPRE, en Uruguay se generan cerca de 500 toneladas de papel y cartón de residuo al día, de las cuales 350 terminan convirtiéndose en basura. Al reciclar una tonelada se evita el consumo de 17 árboles, 26 mil litros de agua y 1750 litros de aceite. Estas cifras motivaron a las emprendedoras a concientizar sobre la importancia de reutilizarlo y generar nuevos hábitos en los consumidores.

Con su emprendimiento dejan en evidencia cómo este producto puede llegar a tener varias vidas útiles antes de transformarse en un residuo. El material que lo compone es de origen renovable y, por lo tanto, puede considerarse para diversos usos.

El papel reciclado de Nido de vida es utilizado para folletería, tarjetas corporativas, tarjetas sociales, invitaciones a eventos, sobres, marcadores de libros, flyers empresariales, entre otras cosas.

La idea es que la persona que reciba la tarjeta la coloque en una maceta o cualquier recipiente con tierra, la riegue y deje crecer la magia. En cuestión de días, los restos de fibra que contiene el papel se degradarán de manera natural y las semillas que se germinaron comenzarán a crecer. De esta manera, en un acto poderoso e inspirador, el ciclo se completa y lo que sale de la tierra vuelve a la misma en una nueva forma de vida.

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