Yoga en las cárceles: hacia un cambio de conciencia

Las verdaderas transformaciones sociales son aquellas que se originan en un cambio de conciencia de las personas. Y cuando esta provocación al cambio se sustenta en el amor, el beneficio del resultado es casi una consecuencia lógica.

 

Por Magdalena Moldes

 

El objetivo del Programa “Yoga y Valores en Cárceles” consiste en insertar, a través de la práctica del yoga, valores como la tolerancia, cooperación, disciplina, compromiso, respeto, agradecimiento, perdón y reparación, en los internos de establecimientos carcelarios. Una tarea nada fácil dirigida hacia una población descreída del otro, generalmente nacida en condiciones extremas de pobreza, violencia, abuso y abandono; rehén, al igual que sus víctimas, de la desprotección de la dignidad humana. Este programa se inició hace dos años como voluntariado a cargo de la instructora Pamela Martínez, implementándose una vez por semana en la Cárcel de Punta de Rieles (Montevideo). Con vocación solidaria y compromiso responsable, una vida de espiritualidad practicada en carne propia y una determinación arrolladora, Pamela es ella misma ejemplo de la conciencia que predica. Y ese es el secreto del éxito rotundo que este proyecto social viene teniendo.

 

Una mujer con una integralidad única, carácter justiciero, líder innata criada entre hermanos varones en un hogar con carencias materiales, varias operaciones en sus piernas a causa de una enfermedad degenerativa que ya ni recuerda cómo se llama, una incansable trabajadora.

 

Tras años de excesos, violencia y desórdenes alimenticios, Pamela cuenta que a los 16 años, en una meditación, tuvo una experiencia mística que cambió su forma de encarar la vida. Asumió el compromiso de sanar y enfocarse en lo que ella desde niña sintió como una “misión”. Entonces, tomó las riendas de su vida y guiada por su intuición a la que llama “la voz, una conexión profunda con una energía superior”, se lanzó confiada a transitar un camino que se le presentó lleno de oportunidades e intersecciones increíbles. Una de ellas ocurrió en México, donde vivió varios meses trabajando como asistente personal y de producción del artista Emil Montgomery. Fue en esta tierra donde Pamela encontró la llave de su propósito, el contenido de su misión, ese “algo” hacia lo que se sentía guiada: el yoga. En ese momento decidió no seguir a su jefe-artista en su gira por Europa y se formó como maestra en yoga y terapia floral. Así, recorrió etnias, aprendió de plantas y ceremonias, todo sin dejar de realizar tareas de voluntariado social, trabajar y aprender con los grandes maestros. Fue Ann Moxey, psicóloga y tanatóloga, fundadora de Parinaama Yoga, y su trabajo en prisiones mexicanas, quien inspiró el camino de Pamela cuando decidió que era momento de regresar a su país.

 

Siempre guiada por su voz, renunció a un trabajo como gerente en un lujoso hotel caribeño, volvió a Uruguay e instaló en su propia casa la escuelita de yoga Espacio Ombijam, para dedicarse a sanar a otros aplicando todo lo aprendido y experimentado, expandiendo consciencia y amor.

 

 

 

 

Y la sincronicidad volvió a hacer de las suyas. A principios de 2014, Pamela se soñó en una cárcel. De inmediato contactó a Ann Moxey y la invitó a dar un taller en el módulo 6 de la Cárcel de Punta de Rieles. Una actividad conmovedora que confirmó a Pamela en la dirección de su propósito de vida. Empoderada en sus habilidades y profunda convicción, consiguió el apoyo logístico del Instituto Interamericano de Derechos Humanos para América del Sur, el Instituto Nacional de Rehabilitación y, sobre todo, de la Dirección, operadores e internos del propio módulo penitenciario.

 

Desde entonces, esta gran mujer, cálida, bajita y con una permanente sonrisa luminosa, viene trabajando en forma incansable y comprometida con un grupo humano que la espera cada semana con entusiasmo, cariño y esperanza de cambio.

 

 

El Programa Yoga y Valores de Espacio Ombijam tiene como objetivos principales colaborar con la prevención, rehabilitación y re inserción social de las poblaciones privadas de libertad, como una forma de trabajar la paz, la salud y la seguridad pública.

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