Aprender a Interser

Los procesos sociales y productivos han de entenderse y construirse de la misma manera, poniendo en valor las conexiones y la interdependencia entre todas las partes involucradas de manera empática y resiliente.

Por Christian Tiscornia.  

 

En medio de la crisis socio-ambiental que atraviesa nuestra civilización nos preguntamos: ¿qué educación es necesaria para recuperar el amor por la naturaleza? ¿Cómo transformar la experiencia humana en la Tierra? ¿Cómo pasar de la lógica de separación y competencia a una experiencia de interdependencia y colaboración? ¿Cómo nos involucramos en esa transición?

 

Nuestra humanidad transita una de las crisis más profundas de su historia, estimulada por nuestras maneras de producir y consumir, de relacionarnos, de ser con el resto de la vida. Disponemos de cierto tiempo, concretamente 10 años, para mitigar el cambio climático y cambiar el rumbo. Entonces, nuestra humanidad transita también una inmensa oportunidad, y está en nuestras manos hacer lo mejor con ella.

 

El carácter dinámico de los procesos vivos nos indica que, indefectiblemente, que el cambio está sucediendo. ¿Hacia dónde queremos conducirlo? ¿Cómo lo transitamos? ¿Cómo podemos transformar positivamente la experiencia humana en la Tierra?

 

Comenzar por ver las conexiones y la interdependencia entre todos los seres vivos es la base de la transformación en nuestro modelo mental para crear una nueva cultura regenerativa. Construir redes de confianza y apoyo mutuo, donde sea posible tejer respuestas que sean refugio ante la crisis sistémica. Redes resilientes y pulsantes de la cooperación y el bienestar común. Debemos diseñar y acelerar una transición hacia un nuevo modelo de desarrollo que sea sistémico, equitativo, colaborativo, bajo en carbono y, por lo tanto, esencialmente regenerativo.

 
 

 

 

Necesitamos dar inicio a una adaptación profunda, reconciliar naturaleza y cultura, entendernos parte del proceso evolutivo de la vida. Necesitamos reaprender a pensar, sentir y actuar conforme a las leyes y principios de la naturaleza y comenzar a regenerar la vida en todas sus dimensiones.

 

La visión utilitarista, de dominio y abuso del ser humano sobre la naturaleza ya no es aceptable. La cultura regenerativa implica una expansión de la cosmovisión para pasar de modelos de pensamiento egocéntricos y degenerativos hacia modelos biocéntricos y regenerativos. Por ello, necesitamos formar pensadores sistémicos, entendiendo patrones y leyes de la naturaleza, para imitarlas en todas sus interacciones.

 

Un modelo de aprendizaje basado en la inteligencia colectiva y un enfoque multidimensional de la educación, integrando creatividad, desarrollo intelectual, personal, experiencia física y dimensión espiritual, permitirá desarrollar agentes activos de cambio comunitario, diseñadores a largo plazo de una sociedad capaz de crear las condiciones necesarias para favorecer la colaboración y la resiliencia en todos los ámbitos. Estamos ante la necesidad de fortalecer un modelo educativo que inspire el aprender a interser con toda la trama de la vida, a co-evolucionar con todos los sistemas vivientes, entendiendo el mundo como una serie de sistemas interconectados e interdependientes.

 

Es momento de pasar del nosotros primario o yo individual, al yo social o colectivo. Generar comunidades de aprendizaje para construir el conocimiento de forma colectiva, donde cada ser abre su experiencia y espacio personal en un proceso de inteligencia grupal. Porque no hay transformación colectiva sin una transformación personal, para incorporar miradas diversas, a diseñar comunidades unidas y resilientes.

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