Arena de vidrio

Innovar, experimentar y, por sobre todo, animarse. La historia de Ana Paula es la de una emprendedora que se aventuró en un terreno un tanto desconocido para ella y logró transformarlo en un proyecto de economía circular.

Por Lucía Tornero.

 

 

¿De dónde viene el vidrio? La mayoría de las personas lo saben: de la arena. Lo que muchos no saben es qué pasa con el vidrio cuando ya no se utiliza más. Cuando compramos una botella, la utilizamos y la descartamos, ¿cuánto tarda ese vidrio en degradarse? Estudios indican que entre 4.000 y 5.000 años. Son…¡50 siglos! Hoy por hoy, dentro de los diferentes residuos que los seres humanos generamos, el vidrio es uno de los que permanece mayor tiempo en la naturaleza. Cada año se descartan en Uruguay cerca de 20 mil toneladas de vidrio de envases, que terminan en rellenos sanitarios insumiendo costos en toda la cadena de recupero y transporte de los envases para terminar ocupando un enorme espacio en sitios de disposición final. Sin embargo, el vidrio es infinitamente reciclable.

 

Ana Paula Demaría tenía muy poco conocimiento sobre el vidrio. Es psicóloga de profesión y había trabajado en cobranzas y logística para diferentes empresas importadoras y fabricantes de bebidas. Ni ella misma hubiera pensado que hoy estaría al frente de Arenas de Vidrio, un emprendimiento que busca recuperar el vidrio para transformarlo en un producto de valor que pueda servir como material prima en la industria de la construcción y también como medio de filtración de aguas.

 

Cuando en 2018 perdió a dos de sus más importantes clientes, Ana Paula comenzó a preguntarse por su futuro. “La vida a veces te lleva por caminos que no son lo que te imaginaste”, dice. “Empecé a interesarme por el reciclaje, la economía circular y particularmente, por el ciclo de vida del vidrio”.

 

Comenzó pensando en hacer una campaña de recolección de envases en el verano uruguayo. Pero lo que sucedía es que en Uruguay no hay un sistema que reciba y procese el vidrio recuperado como materia prima y la exportación es un trámite extremadamente complejo y económicamente inviable. Además descubrió que la industria de la construcción consume enormes volúmenes de arena. Y la arena, es un recurso finito. Así que, comenzó a pensar fuera de la caja.

 
 

 

Se presentó al concurso Desafío Impactá Montevideo en 2020, y obtuvo el primer premio por su plan piloto para recuperar 15,5 toneladas de vidrio con el apoyo de empresas productoras o importadoras de envases como Carrau y Cía, Cepas Uruguay, Diageo Uruguay, Fernando García, FNC y Pernod Ricard. Lograron transformar el material en muestras de arena para ensayos y producción de áridos para la construcción y arena de vidrio filtrante. Comprobaron que era muy eficaz para la filtración de distintos tipos de agua (efluentes industriales, piscinas, potabilización, recuperación y recirculación) en comparación con la misma arena natural. Este proyecto de investigación fue declarado “De interés” por el Ministerio de Ambiente.

 

Si hay algo que Ana Paula tiene muy claro, es que la colaboración es clave. Lo fue aprendiendo y ejercitando durante todo el desarrollo de su emprendimiento. Otro ejemplo más es un proyecto desarrollado en conjunto con Grupo Bitafal. Se trata de un producto de mantenimiento de pavimentos que incorporó polvo de vidrio de descartes industriales cedidos por FNC. Es decir, una técnica innovadora para generar asfalto, y así crear y arreglar caminos del Uruguay, algo que antes nunca se había hecho en el país.

 

En 100 metros de calle se necesitaron 2,5 toneladas de botellas y recipientes triturados, es decir, unos 7.500 envases. “El impacto es muy grande y el resultado no es muy diferente del uso de la arena natural”, indicó la emprendedora.

 

Sobre su trayectoria, Ana Paula reflexiona: “Mi principal rol es de articuladora. De una inesperada manera, Arenas de Vidrio me permitió reconectar con la carrera que estudié años atrás. La psicología tiene mucho que ver con eso: con unir puntos, conectar personas, ensamblar objetivos, proyectos y sueños comunes”. Y con ese propósito sueña un país donde el vidrio permanezca en el mercado abandonando su condición de “residuo” y se lo entienda como un recurso que genere trabajo local de calidad.

 

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