Bioeconomía azul

Un gran potencial de desarrollo para Uruguay en la década de los océanos. Se abren nuevas oportunidades para crear valor a partir del uso responsable de los recursos acuáticos.

Por Fernando Amestoy, Presidente de la Comisión Uruguaya de Oceanografía en representación del Ministerio de Educación y Cultura.

 

 

En 2017, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el Decenio de las Naciones Unidas de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible (2021-2030). La visión que éste tiene comprende el concepto de cuál es «la ciencia que necesitamos para el océano que queremos», y prevé -nada menos- que una revolución desencadenará un cambio radical en la relación con el océano.

 

Por bioeconomía azul se entienden las actividades económicas y la creación de valor basadas en el uso sostenible e inteligente de recursos acuáticos renovables y los conocimientos técnicos en este campo. El objetivo fundamental es que las empresas sean eficientes cuando produzcan sus bienes y servicios, y copiar e imitar el funcionamiento de la naturaleza. El concepto surge del economista belga Gunter Pauli cuando en el año 1994, las Naciones Unidas le pidieron que reflexionara sobre los modelos de negocios del futuro, en preparación para la COP3 en Japón.

 

Propone aprovechar al máximo los recursos, mediante el diseño de un modelo económico respetuoso con el medio ambiente y que considere a los espacios acuáticos como motores de innovación y crecimiento para un desarrollo económico sostenible y rentable.

 

La Unión Europea (UE) realizó un estudio detallado sobre oportunidades y desafíos para el desarrollo de la bioeconomía azul, estableciendo prioridades y recomendaciones importantes. En este sentido, se plantea la necesidad de determinar el pleno potencial de la bioeconomía azul en la UE y definir las prioridades de investigación para favorecer el crecimiento sostenible. El mismo destaca que se requieren soluciones competitivas para eliminar los residuos del agua y desarrollar tecnologías de ahorro de este recurso y de reciclado. Asimismo, promueve el desarrollo de nuevas soluciones rentables para reducir las cargas de nutrientes que se vierten a aguas naturales y para restablecer hábitats en estado crítico. En el documento se destaca la necesidad de adoptar medidas para combatir el cambio climático y sus repercusiones, y particularmente la adaptación urgente de la pesca y la acuicultura a los nuevos escenarios.

 

Para esto, hacen falta nuevos instrumentos de financiación que fomenten las innovaciones tecnológicas y los servicios ecosistémicos. Recuperar la biodiversidad de los mares, lagos y ríos brindará nuevas oportunidades a las PYMES en los mercados locales, además de fomentar nuevos modelos empresariales para el turismo acuático.

 

Los ODS de las Naciones Unidas están estrechamente relacionados con el agua y el entorno acuático, existiendo un vínculo firme entre estos y la producción de energía y de alimentos. Se propone alcanzar un futuro más sostenible priorizando la seguridad alimentaria, el cambio climático y la prevención de la degradación medioambiental.

 

El Uruguay se posiciona como un “país marítimo”, considerando la extensión de su mar territorial, aunque desde el punto de vista de su desarrollo económico, frecuentemente se menciona como “un país de espaldas al mar”. La nueva economía azul presenta sin duda un gran potencial de desarrollo para nuestro país trayendo nuevas oportunidades para mejorar la seguridad alimentaria, y proporcionar alimentos de origen marino saludables y con una reducida huella de carbono. También entre otros muchos beneficios se pueden identificar a modo de ejemplo, oportunidades para la elaboración de nuevos alimentos y aditivos alimentarios, nutracéuticos, medicamentos, cosméticos, nuevos materiales, agua limpia, energía no fósil y el reciclaje de nutrientes.

 

En resumen, en temas de economía azul, Uruguay tiene ventajas competitivas y mucho camino por recorrer, tanto en incorporar innovación en sectores tradicionales como en promover innovación disruptiva en productos y procesos.

 

Asimismo, el país cuenta con un sector pesquero totalmente desactualizado, tanto en la antigüedad de su flota, sus características y el poco mérito innovativo y agregado de valor en la cadena productiva. Las políticas sectoriales no han sabido promover la innovación y han sido poco amigables con el sector industrial que no ha realizado inversiones para incorporar innovaciones tecnológicas que mejoren su competitividad.

 

Dada la reducida dimensión de nuestro mercado es fundamental promover mecanismos de cooperación internacional, principalmente con Europa, donde existe una trayectoria importante en consorcios de innovación y Consorcios Europeos de Infraestructuras de Investigación (ERIC).

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