Cambio Climático: los minutos contados

Un estado de alarma para el Planeta por un problema que requiere de la acción y la conciencia humana.

Por María Sofía Muratore.

 

El 9 de agosto el mundo se despertó con un estado de alerta. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, según sus siglas en inglés) de Naciones Unidas publicó su informe anual sobre cómo es el presente y cómo será el futuro del mundo en materia ambiental, haciendo hincapié en el calentamiento global.

 

Las conclusiones de los profesionales invitan a la ciudadanía a tomar conciencia sobre la repercusión de sus acciones en el planeta. “El cambio climático es generalizado, rápido y se está intensificando”; “La actividad humana tiene consecuencias directas en el cambio climático. Las olas de calor, sequías o lluvias torrenciales serán más frecuentes y severas”; “No hay vuelta atrás, pero sí podemos cambiar la actitud” son algunas de las premisas que se pueden destacar del informe, y que deben dejar de ser palabras para volverse en acciones que lleven a una mayor responsabilidad social, ambiental; y al desarrollo de un sistema económico más sostenible, resiliente e inclusivo. Esos aspectos, justamente, recorreremos en esta nota.

 

Cambio climático: definición para entender el problema

 

La primera vez que se escuchó el concepto “Cambio Climático” fue en 1896, y salió de la boca de Svante Arrhenius, científico sueco, que utilizó este término para hacer alusión a cómo los combustibles fósiles podrían acelerar el calentamiento de la tierra. Arrhenius afirmó que las actividades del hombre podían ser causante de un aumento de la temperatura mediante la adición de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, provocando una vinculación entre concentraciones de dióxido de carbono atmosférico y temperatura.

 

Sin embargo, siglos más tarde, el cambio climático comenzó a ser un problema mundial. Es así que en 2015, en París, 197 países acordaron la necesidad de reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y disminuir el aumento global de la temperatura a 2 grados Celsius, con el afán de limitar la subida todavía más, a 1,5 grados. Fue el primer acuerdo universal y jurídicamente vinculante sobre el cambio climático, concebido en la Conferencia sobre el Clima de París (COP21).

 

Hoy, estamos a menos de tres meses de la COP26 que se realizará en Reino Unido. El IPCC ruega que los países miembros restablezcan sus compromisos para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y políticas a favor de limitar el Cambio Climático, como así también, proyecten un nuevo plan para reducir las emisiones y para hacer economías más resilientes.

 

Macarena Mo Umpierre, quien se desempeña como consultora en proyectos de cambio climático; y actualmente asesora al Ministerio de Ambiente de Uruguay y al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se refiere al cambio climático como “La variación global del clima del planeta Tierra, que toca todos los parámetros climáticos (temperatura, precipitaciones, nubosidad, etc), y que podemos decir se debe a causas naturales y a causas antropogénicas (originadas por la actividad del ser humano)”.

 

Maria Azul Schvartzman, seleccionada como Youth Fellow para trabajar en el área de resiliencia dentro del equipo de los High Level Champions de la COP26, por su parte hace una diferenciación importante: “El clima, a diferencia del tiempo, es el estado de las condiciones atmosféricas promedio de los últimos 30 años”. Lo grave de esto, según sostiene, es que no estamos modificando el tiempo, estamos cambiando las condiciones promedio de nuestra atmósfera.

 

 

Una causa y varias consecuencias ambientales

 

Azul explica que si bien el Cambio Climático es una problemática multicausal, su principal causa es la emisión exponencial y descontrolada de gases de efecto invernadero, por sobre todo, la quema de combustibles fósiles.

 

Mariana se re-pregunta cuáles son “las causas” y responde: “El informe del IPCC de la ONU publicado esta semana, confirma que la actividad del ser humano sobre la Tierra desde 1750 es ´de forma inequívoca´ una de las principales causantes del calentamiento global”.

 

Ante las posibles miradas fatalistas de la situación del planeta, Azul enfatiza: “No hay un evento ambiental al que hay que tenerle miedo. A lo que tenemos que temer es a la toma de decisiones incorrectas que no son capaces de ver la gravedad del problema. No hay línea divisoria entre los humanos y el ambiente”.

 

A su vez concuerda con las palabras de Macarena sobre cómo los efectos del Cambio Climático ya afectan, y van a afectar cada vez más, las economías y las sociedades. “Las consecuencias del calentamiento global hoy se visibilizan en el aumento del nivel global del mar y el aumento en frecuencia e intensidad de los fenómenos climáticos extremos, como son: las olas de calor y de frío, las lluvias y tormentas, las inundaciones, las sequías, los vientos fuertes y ciclones. A su vez, las inundaciones en zonas costeras de océanos y ríos van a ser cada vez peores, afectando por ejemplo todo lo que es actividad turística. Por su parte, las sequías van a afectar cada vez más la producción de alimentos y la cantidad de agua potable disponible”, ejemplifica Azul.

 

Ambas especialistas reflexionan sobre el impacto en la salud humana, que se ve afectada por las olas de calor y de frío, por las inundaciones, que aluden a cambios en los ecosistemas. Es así que Macarena ilustra: “La reproducción anómala de especies animales o vegetales, por ejemplo por enfermedades transmitidas por mosquitos como el dengue, son parte de las problemáticas producto del calentamiento; y esto no solo no solo genera cambios en el ambiente, sino que perjudica al hombre”.

 

Cambio Climático y vulnerabilidad social

 

Las consecuencias del calentamiento global afectan al desarrollo económico de las distintas sociedades, pero tienen un mayor impacto negativo en aquellas poblaciones que se sustentan de sus bienes naturales. Sixto Cristiani, investigador, voluntario y activista sobre temáticas ambientales decide manifestar la necesidad de pensar en países emergentes: “Cuando vos tenés una sequía de tres años, lo que se ve afectado es la subsistencia de las familias. Para aquellos que trabajan de la tierra, cuando se secan los ríos, los arroyos, y no hay agua en las napas para regar; hay crisis fatalistas”.

 

En segunda medida, explica que se produce una migración, ya que se busca trabajo y un lugar que responda a las necesidades para su desarrollo social. “Ahora bien, estas olas migratorias tienen consecuencias geopolíticas, visto que los países receptores no están preparados para solventar las búsquedas de asilo”, concluye.

 

En tercer lugar, el investigador decide destacar cuál es la situación en América Latina, y sus metrópolis. “En nuestra región tenemos ciudades capitales muy grandes, donde se concentra el mayor poder económico, producto de su producción. Ejemplo, capitales como: Buenos Aires, Santiago de Chile, San Pablo, México DF, tienen aproximadamente más del 30% del PBI nacional. Entonces, ¿qué pasa si sufren una catástrofe ambiental? Sin dudas, esto afectará a todo el país. Por eso, es necesario pensar cómo hacer que esas ciudades sean más resilientes. De lo contrario, Latinoamérica será cada vez más vulnerable a posibles problemas ambientales”.

 

Según Sixto, la falta de adaptación al Cambio Climático, y la incapacidad de resiliencia de las economías actuales, como así también la desigualdad ya existente hace años en materia de géneros, promueven la falta de equidad y desarrollo femenino. “La sociedad ya de por sí alude a una construcción que aumenta la brecha y la desesperanza”.

 

Ante esto último, Azul agrega: “Los grupos más vulnerables son los que más se van a ver afectados ante el Cambio Climático, de hecho el hemisferio sur es el que peor situación está.

 

 

Economía y cambio climático: ¿Estamos viviendo un nuevo paradigma o el cambio ya sucedió?

 

Sixto trae un nuevo tema sobre la mesa:, ¿Estamos cambiando de paradigma económico o ya hemos evolucionado? “Mirando la curva de difusión, aún creo que no está instalado por completo el concepto de una economía más responsable. Estamos en una etapa muy incipiente, en la que se requiere mucha gestión del cambio. Pero, para poder realmente lograr comprender que los recursos naturales tienen un límite, es necesario aprender a medir. Ejemplo la forma de medir del PNUD es mucho más completa que el PBI, para mi gusto, ya que responde a una mirada más sistémica del desarrollo de una sociedad ”, responde el investigador.

 

“Sin dudas es necesario rediseñar nuestras economías en todo su ciclo y un aumento de conciencia de todos los actores respecto a nuestra huella de carbono”, comenta Macarena.

 

Comprender que el “sistema financiero juega un rol primordial” es primordial para Sebastián Mauri, especialista en finanzas sustentables: “Su responsabilidad en las decisiones puede generar un impacto relevante en una gran cantidad de actores de la economía”. Es por eso, que destaca que hay que consagrar la masividad de este sistema económico y consolidar cada vez más proyectos sostenibles a través de las inversiones de triple impacto.

 

“En particular, los créditos e inversiones a proyectos que no sean sostenibles presentan riesgos adicionales en cuanto a su continuidad en el largo plazo”, explica Sebastián, luego de hacer foco en la necesidad de promover emprendedores con proyectos sostenibles, y consumidores que exigen productos más conscientes.

 

 

Desafíos de América Latina

Walter Baethgen, Vice-Presidente de INIA y profesor de la universidad de Columbia, explica que la región latinoamericana tiene grandes posibilidades de promover un desarrollo sostenible en materia agroganadera. No obstante, el reto está en no fomentar acciones que no agreguen carbono nuevo y ver posibilidades de sacar el carbono que ya está en la atmósfera; y con ello destaca la necesidad de eliminar la quema de combustibles fósiles, para así reducir emisiones.

 

“No tengo duda de que cualquier sistema de producción de alimentos en nuestra región puede hacerse de forma sostenible. De hecho, es el único futuro para que América Latina lidere la exportación de alimento agroganaderos. Incluso, porque los países que nos compran exigen que esta producción sea más responsable”, concluye.

 

 

Miedo a las decisiones y a las acciones

 

El mayor miedo deben ser, tal como decía Azul, quienes toman decisiones. Pero, ¿quién tiene el poder de decir qué hacer y qué no? Si bien, el poder público es capaz de estipular leyes, y censurar malas prácticas, las organizaciones del tercer sector y la sociedad son quienes deben exigir que el Cambio Climático sea un tema de agenda política.

 

Por su parte, el sector privado debe producir con estándares que demuestren un desarrollo sostenible, y que rindan cuenta de un uso eficiente de los recursos, como así también del impacto ambiental que producen.

 

Sin dudas, no hay quien tenga la respuesta correcta, porque tiene que ser una alianza entre los diversos actores. Pero debemos comprender algo esencial y transversal a esta problemática: que quienes integran las instituciones, quienes deciden y hacen de los ecosistemas su lugar, y su medio de producción, son las personas. Entonces, más que nunca, el cambio está en cada uno de nosotros.

 

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