Ciudades Inteligentes

La pandemia puso en evidencia la necesidad de reinventar procesos e interacciones dentro de las ciudades para abordar los tiempos y desafíos que se vienen.

Por Ing. Pablo Denis.

 

Las ciudades son los elementos constitutivos fundamentales de nuestras sociedades. En la historia, las mismas han desempeñado roles diversos como centros de innovación, educación y civilización, favoreciendo la interacción social fundamental para el progreso de la humanidad en su conjunto. Precisamente en este momento, esa interacción necesita reinventarse para afrontar el después de la crisis sanitaria; las ciudades se enfrentan a la oportunidad de transitar el proceso de transformación hacia una ciudad con más “inteligencia”, o las ciudades inteligentes (CI).

 

Una definición clara de Ciudad Inteligente es la de “una comunidad eficiente en la gestión transparente de sus recursos, habitable y sostenible”, tres aspectos que están intrínsecamente ligados.

 

Las ciudades inteligentes no deben verse como ciudades del futuro: son las ciudades del presente. Hacia finales de la década actual, varias tecnologías indispensables para una ciudad inteligente, como las de monitoreo y sensores, los sistemas de tránsito inteligente y de gestión energética de los edificios, estarán implementadas en todos los continentes.

 

Los desafíos como los beneficios son variados: mejora del medio ambiente y calidad de vida, de los sistemas en general, contribuir a la equidad social como resultado de la generación, por ejemplo, de un acceso universal a los servicios públicos de una ciudad, transparencia del gasto público.

 

También salvar vidas, dado que la mejora de los sistemas posibilita un acceso más inmediato a los servicios de salud; las ciudades se encuentran más sólidas para responder a las crisis, la preparación para hacer frente a emergencias se ve fortalecida y la salida de las situaciones de excepción se simplifica.

 

 

Por otro lado, se generan nuevas zonas y modelos económicos que impulsan el crecimiento y la prosperidad, mediante la instalación de empresas de tecnología y de servicios. La economía circular es un ejemplo de constituyente estratégico en estos procesos.

 

Tales mejoras no son privativas de las comunidades modernas; si se definen planes, calendarios, financiamiento realista y racionales, toda ciudad puede llegar a tener una infraestructura más inteligente y resiliente.

 

Los diferentes sistemas de los servicios de una ciudad como los servicios de agua, gas, electricidad, transporte, respuesta a emergencias, edificios, hospitales y servicios públicos, siempre han sido independientes y operando en compartimentos separados entre sí.

 

En el modelo de ciudad verdaderamente eficiente, se requiere la optimización del rendimiento de cada sistema y la gestión integral de todos los sistemas, por ejemplo, a través de un centro unificado de operaciones, permite adecuar, las prioridades de inversión y de maximizar el valor de las mismas.

 

Medir para conocer, conocer para decidir. Disponer de esas herramientas nos permite estar preparados para enfrentar situaciones de urgencia, como la actual, de la cual saldremos sin duda con muchas lecciones aprendidas y oportunidades de mejora.

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