¿Cómo comprar el tiempo?: Algunas lecciones de la economía de la biodiversidad

Todos sabemos que el medio ambiente es fundamental para la economía y que las actividades económicas tienen impactos sobre el medio ambiente. Pero ¿realmente conocemos estas interacciones y podemos medirlas?

Por: Carolina Balian, Economista especializada en Medio Ambiente

 

El Informe Dasgupta sobre la economía de la biodiversidad, dirigido por el profesor Partha Dasgupta (Universidad de Cambridge) y publicado en febrero de este año, es un insumo importante para repensar el valor de la biodiversidad para el bienestar humano. Uno de sus principales mensajes es que nuestras economías y bienestar dependen de la naturaleza, pero no hemos logrado vincularnos con ella de manera sostenible, al punto de que nuestras demandas exceden su capacidad de provisión de bienes y servicios fundamentales.

 

El valor real de los bienes y servicios que nos provee la naturaleza no está reflejado en los precios de mercado –la señal de valor por excelencia para nuestras sociedades–. Además, los gobiernos tienden a pagar más por explotar que por proteger el medio ambiente (por ejemplo, a través de subsidios) y faltan acuerdos institucionales que protejan bienes públicos globales como el océano o los bosques tropicales. La solución esencial comienza por entender que nuestras economías y la humanidad, como tal, están insertas en la naturaleza y no somos algo externo a ella (Dasgupta, 2021).

 

Aceptar esto implica que debemos rediseñar los modelos de producción y consumo, así como la forma en la que medimos el progreso económico. El Producto Interno Bruto (PIB), indicador económico predominante, no refleja la degradación del capital natural y por lo tanto, es necesario incorporar a la toma de decisiones otros indicadores que permitan incluir la dimensión ambiental del desarrollo económico.

 

 

La ONU aprobó en marzo de este año el marco de Contabilidad de los Ecosistemas como estándar estadístico internacional para medir las interacciones entre la economía y el ambiente. Este es parte del Sistema de Contabilidad Ambiental Económica (SCAE) que está en desarrollo desde 2012.

 

El concepto de servicios ecosistémicos es fundamental para comprender este vínculo. Estos son los beneficios que las personas obtenemos de la naturaleza en forma de servicios de provisión, de regulación y culturales. Los ecosistemas nos proveen productos de los cuales obtenemos materiales y energía: alimentos, agua dulce, combustible, fibra, bioquímicos y farmacéuticos, recursos genéticos y ornamentales. También se encargan de regular y mantener los procesos naturales, incluyendo el clima, la erosión del suelo, los ciclos hídricos, la purificación de agua, el reciclaje de nutrientes, las plagas y enfermedades y la polinización de plantas. Sus servicios culturales nos dan beneficios inmateriales de gran valor, en forma de experiencias espirituales como actividades turísticas y recreativas, y son parte fundamental de la identidad cultural.

 

Por esto, la salud de los ecosistemas es también nuestra salud e invertir en su conservación es comprar tiempo en nuestro futuro como humanidad.

 

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