Cruzar el Atlántico me cambió la vida

Junto a un equipo integrado por tres otras mujeres, emprendimos una travesía en un barco de plástico reciclado, como una forma de dar un mensaje mayor: la importancia de los océanos y de cómo se puede vivir más con menos.

Por: Deambrosi

 

El desafío mental de todos los días –saber que si no agarrás los remos y le das palo, no llegas a destino– es enorme, y es divino. El objetivo cumplido de cruzar el océano a remo fue mucho más que el hecho en sí mismo. No hay motor para acelerar, no hay vela para izar, no hay barco para apoyar, no hay sombra para resguardarse. Sos vos y lo que podes dar en dos horas para el equipo, una y otra, y otra vez, sin saber cuánto tiempo más vas a tener que seguir haciéndolo.

Nosotras partimos de La Gomera en Canarias, y llegamos a la bahía inglesa de Antigua en el Caribe, luego de 46 días, 7 horas y 50 minutos remando en guardias de dos horas; dos personas remaban mientras dos personas descansaban. En ese ‘descanso’ había que hacer las tareas del barco y tener mucha disciplina con el cuidado de nuestros cuerpos. Nosotras éramos el motor, y una vez a bordo, no había vuelta atrás… había que remar. Doce horas remando todos los días, es una inmensidad. A veces remábamos de a tres, con lo cual, descansábamos solo una hora cada cuatro. Es agotador, física y mentalmente, pero la constancia y la determinación son claves para llegar a destino.

La única forma de crecer en lo personal es intentando cosas nuevas o intentando mejorar lo que uno hace con una mentalidad de querer hacer las cosas mejor – no igual. Ser hoy un poquito mejor que ayer. Así trabajamos el equipo de las Bristol Gulls, para prepararnos para enfrentar los miedos que nos pudieran surgir en medio del océano, lejos de todos, y también para mitigar todos los riesgos que pudieran existir.

La travesía fue, sin lugar a dudas, una experiencia que puedo asociar a todos los aspectos de mi vida. Trabajo, deporte, hobbies, relaciones con familia, pareja, amigos. La mentalidad y la motivación establecen las maneras de vivir y de ser. ¿Querés ser mejor en algo? Arrancá por un proceso de introspección y humildad. Trabajar bien, con dedicación y consistencia, y de manera inteligente.

Esta expedición y travesía del océano unía muchas pasiones mías, el océano, el remo, la naturaleza, las aventuras. Decidí formar mi propio equipo y encarar el proyecto a nuestra manera, con nuestros valores y nuestro objetivo ambiental también. Fue clave establecer que todas le íbamos a dar prioridad al proyecto sobre otras cosas en nuestra vida, lo que también llevó a muchos sacrificios personales: otros hobbies, encuentros sociales con amigos, casamientos y vacaciones.

Mi filosofía de vida es que, todos los días elijo estar ahí, hacer eso. Yo soy la única responsable de estar en esa posición. Si yo elegí llevar a cabo este proyecto, no importa lo difícil que se ponga, hay que ir para adelante con todo. Va a haber días mejores y días peores. Lo importante es mantener la cabeza en el objetivo final. Así llegamos a la línea de partida con el proyecto eco-sustentable y así fue como logramos remar un océano entero en un barco hecho de plástico reciclado.

Cruzar el Atlántico es una experiencia única que a mí me cambió la vida. Quería usar esta travesía como una plataforma para dar un mensaje mayor – la importancia de los océanos y que es responsabilidad de todos cuidarlo. Por eso decidimos hacer este cruce de la forma más sostenible posible y demostrando que si cuatro chicas pueden vivir de esta forma, en el medio del mar, en un barco de ocho metros de eslora, todos podemos hacer pequeños cambios en nuestro día a día. Estamos en un momento crítico del océano, que es clave para la vida humana. Decidimos así apoyar con nuestra causa a dos ONGs. Una de ellas, Clean Up Bristol Harbour,que trabaja la recolección y limpieza de aguas; y RNLI, que trabaja con la consigna de frenar el daño ya hecho.

Investigamos todos los aspectos de la travesía para encontrar alternativas más ecológicas. Con la comida decidimos que no queríamos tirar nada a la basura por lo que terminamos vinculadas con la compañía Mondi Group que nos donó los envases de plástico 100% reciclable y terminaron siendo uno de los grandes sponsors. El barco, como la mayoría de los veleros, está hecho con Poliéster Reforzado con Fibra de Vidrio (PRFV). En nuestro caso, la fibra de vidrio se manufacturó 100% con energía eólica; la resina que pega la fibra fue mayormente de origen vegetal en lugar de ser petroquímica y, por último, el material que rellena esta capa del casco era PET reciclado en vez de materia prima (en volumen equivale a 10.000 botellas de 500 ml). No sólo funcionó, sino que demostramos que el barco puede ser igual de robusto, fuerte y rápido que los convencionales. En definitiva, el barco tiene las mismas cualidades a nivel de rendimiento y funcionalidad por lo que a partir de ahora, y salvando las particularidades, no hay razón de que el PET no sea reciclado. No hay excusa para no hacerlo.

Me llevo para siempre el recuerdo constante a bordo de que todo es finito: la comida, el agua, los remedios, la energía. Incluso el tiempo. Todo se termina, por tanto, hay que aprovecharlo al máximo y no desperdiciarlo. En un desafío así, dimensionas el desperdicio y el derroche que hacemos de los recursos en nuestro día a día en casa. Vivir con menos fue vivir con más.

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