De la sustentabilidad a la regeneración

El daño a la mayoría de los ecosistemas ya está generado. Es hora de dar saltos cualitativos a nivel conciencia de la humanidad y adoptar un marco de pensamiento superador.

Por Christian Tiscornia.

 

El concepto de sustentabilidad que en los 80 nos decía “satisfacer las necesidades actuales sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones” ya no es suficiente; los daños han sido ocasionados y nuestros hijos y sus hijos ya no van a recibir un mundo habitable si no hacemos cambios profundos. Si bien la sustentabilidad ya no es un puerto de llegada, sigue siendo muy necesaria para comprender donde estamos ahora y evolucionar hacia un nuevo marco de pensamiento y acción: La regeneración. Una forma de ver el mundo que nos permite repensar los modelos mentales que sostienen nuestra sociedad actual para lograr avanzar hacia una nueva era de conciencia humana que ponga la salud sistémica en el centro de la escena.

 

La crisis multi dimensional que nos atraviesa (de la cual la crisis ecológica es solo una consecuencia) se arraiga en nuestras formas de pensar. La regeneración nos invita a cuestionar profundamente esos modelos mentales que sostienen nuestra forma de educarnos, de pensar la economía, de hacer política, en definitiva, que definen nuestras formas de ser y de relacionarnos con el resto de las especies.

 

Algunas de las preguntas centrales en esta transición hacia nuevas culturas regenerativas son: ¿Cómo aprendemos a diseñar para la salud sistémica? ¿Cómo rediseñamos nuestro mundo material, es decir, nuestro sistema de producción y consumo? Para esto es central aprender a imitar los procesos que sustentan la vida en la Tierra y reformular qué entendemos por progreso. Hoy, ese concepto está muy vinculado a una noción lineal de la economía que destruye a los ecosistemas, con lo cual, se hace aún más urgente repensar cuáles son los valores que sostienen al progreso.

 

Cuando hablamos de salud sistémica, no solo nos referimos a cómo recuperar la salud de los suelos, mares o los bosques, sino también a cómo recuperar la salud de nuestros vínculos más íntimos, a la salud de nuestras instituciones, empresas y gobiernos, al diseño de un sistema educativo que nos ayude a imitar y comprender cómo el resto de la naturaleza genera todas las condiciones necesarias para la vida.

 

Hay un gran problema que nos impide avanzar en esta transición y es el analfabetismo ecológico. No comprendemos cómo funcionan los sistemas básicos de la naturaleza. Hoy estamos transitando la sexta extinción masiva de especies y no logramos comprender que la interdependencia es el patrón común en la naturaleza. Tenemos que entender que todo está hecho de todo lo demás. Los seres en la Tierra somos interdependientes y estamos vinculados con los demás. La noción de “Interser” que nos introduce el monje budista Thich Nhat Hanh nos ayuda a incorporar una nueva mirada de unión entre todas las especies.

 

Otro paso muy importante en esta transición hacia la regeneración es la necesidad de reconciliación. ¿Con quién? Con nuestro yo naturaleza; entender que efectivamente somos naturaleza, una especie más entre muchas otras, todas distintas, todas necesarias. Es necesario también reconciliarnos con el dolor por el mundo, por el daño que la humanidad está generando al resto de las especies. Este reconocer el dolor puede ayudarnos a reaccionar, a fortalecer nuestra resiliencia, a transformar el dolor en compasión, a dar nuevos pasos en la senda de la regeneración de la vida de la misma forma que lo hacen el resto de las especies.

 

La sustentabilidad ha dejado de ser un fin en sí mismo y se transforma en un puente hacia una nueva cosmovisión. Nuestra conciencia necesita seguir evolucionando. Hay valores que resultan centrales para lograr el tránsito hacia nuevas culturas regenerativas: el cuestionamiento profundo, la situación es tan urgente que necesita que paremos a reflexionar sobre las mejores preguntas que nos puedan guiar hacia nuevos estadios de conciencia. La cooperación, el crecimiento cualitativo por sobre el cuantitativo, pasar de la era de la competencia a una nueva cultura que nos enseñe a ser con otros. Incorporar el pensamiento sistémico, salir del reduccionismo y comprender las interconexiones y la interdependencia entre todos los seres. El pensamiento resiliente y la biomimesis, ingredientes centrales en el diseño para la salud sistémica.

 

La regeneración nos invita a la interioridad, a experimentar una nueva espiritualidad que implica reaprender a pensar y actuar como la naturaleza que somos. La regeneración nos demanda catalizar transformaciones sistémicas que eleven radicalmente nuestra relación con toda la red de la vida.

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