De mitos y verdades

La historia del plástico comenzó hace no tanto. Y gran parte del material, se aprovecha solo unos minutos, para tardar cientos de años en degradarse. Cuánto hay de real y cuánto de narrativas a la hora de hablar del impacto de un elemento cuyo uso, a diferencia de lo que pensamos, continúa creciendo.

Por Juan Pablo Haupt, del equipo de zafrán. 

 

Sin saberlo, vos y yo, creamos cinco islas. No es una metáfora.  La más grande queda en el Océano Pacífico y tiene 1,6 millones de km2. ¡Es nueve veces más grande que Uruguay y tiene 80.000 toneladas de plástico!

 

Comenzamos, como humanidad, a formar estas islas en 1950 con el “boom del plástico”, cuando el bajo costo permitió su uso descartable. Como era lucrativo, a nadie le importó que un uso de minutos demande una degradación de cientos a miles de años. Desde entonces hasta 2015, el 79% del plástico terminó en basureros, vertederos o perdidos en el ambiente o el mar, 12% se incineró y sólo el 9% se recicló. Hoy los plásticos son el 85% de la basura marina, y terminan acumulados en 5 grandes islas  (2 en el Océano Pacífico, 2 en el Atlántico y 1 en el Índico) por un fenómeno de corrientes rotativas.

 

De este modo, creamos cinco islas que luego se llenaron de criaturas fascinantes. Las algas recubrieron los plásticos, y los peces, tortugas, ballenas, lobos marinos y aves se los comieron confundiéndolos con alimentos. El 52% de las tortugas marinas del mundo ya consumieron plásticos que perjudican su sistema digestivo, crecimiento y reproducción. Es sólo ejemplo de más de 1.300 especies afectadas.

 

Sin saberlo, vos y yo, seguimos formando esas islas. Aunque separemos residuos, lavemos potes de yogur y usemos bolsas de tela. Confiamos en que los packs que usamos, con signos de reciclaje, los que ubicamos secos y limpios en los contenedores diferenciados que colocó la municipalidad, se convertirán milagrosamente en  otra cosa y ya no serán basura. Pero hay muchas cuestiones de costos, logística, composición química y otros que hacen que el destino final de lo que dejamos sea incierto.

 

Hay tres mitos que terminan siendo funcionales al uso de plásticos. El primer mito es que “Ahora reciclamos una cantidad significativa de plásticos”. Si tomamos los datos de la Cámara Argentina del Plástico (basado en la proporción entre la producción de 1,5 millones de toneladas de plástico y el reciclaje de 225 mil toneladas) se reciclan en este país el 15% de los plásticos. Para las organizaciones ecologistas, el número no supera el 5%. El mejor número, el más optimista de todos, habla de un 20% de plástico reciclado anualmente en todo el mundo.

 

El segundo mito es que “Cada día usamos menos plástico”. En la Argentina, el consumo de plástico por habitante se incrementó en los últimos 15 años: en 2004 un argentino promedio consumía 35 kg de plástico por año y en 2008 el consumo se incrementó a 40 kg; en 2019 se calcula que ronda los 45 kg por año. A nivel mundial pasa lo mismo. Un informe del Foro Económico Mundial y la Fundación Ellen MacArthur estima que para 2050, el 99% de las aves marinas habrán consumido plástico y el peso del plástico superará a la biomasa de los peces.

 

El tercer mito es que “desplastificar el mundo es responsabilidad de consumidores responsables”. Es innegable que la inmensa mayoría elige desinformada, entre pocas opciones y con el bolsillo flaco. Y lo que hacemos vos y yo como consumidores no pesa tanto como lo que podríamos hacer como ciudadanos. Por ejemplo, podemos exigirle a nuestros gobernantes una ley para solucionar un problema, que es sobre todo de la política y de la industria.

 

Si vos y yo seguimos formando esas islas (sin saberlo) es porque otros (sabiéndolo) hacen negocios a costa de su formación. El desastre empezó cuando resultó negocio producir plásticos y que los Estados, otros países o las futuras generaciones paguen las consecuencias. Así se formaron las islas más jóvenes del planeta, con plena conciencia de algunos y mucho lobby para externalizar costos. En zafrán, recetas honestas, creemos en otro capitalismo, que crea cadenas de valor y considera también el impacto social y ambiental. Creemos que para resolver el problema de los plásticos necesitamos una ley efectiva cuyo espíritu sea que “quien contamina paga”. En Europa se llama Ley de Responsabilidad Extendida al productor. ¿Seguiría siendo barato el plástico si tuviéramos que internalizar los costos de su contaminación?

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