Deporte y Ciudad: ¿Es posible una nueva normalidad urbana?

Como en todos los demás campos, la crisis sanitaria ha dejado a la vista graves problemas en lo que toca al espacio urbano. Sin embargo, también ha traído algunas oportunidades.

Por Nicolás Barriola y Natalia Costa Rugnitz.

 

Quizás sea un cliché hablar de las crisis como ventanas de oportunidad, pero lo cierto es que los momentos de dificultad empujan a cuestionar lo establecido y ensayar, al menos con la imaginación, nuevas formas para el mundo, sea desde el punto de vista individual o desde lo colectivo.

 

El fenómeno es global: el uso de los espacios públicos se encuentra en trance alrededor de todo el mundo y algo hemos podido observar en Montevideo donde, además de actividades de esparcimiento (como cumpleaños infantiles y picnics al aire libre), han proliferado verdaderas tribus urbanas de deportistas de todo tipo.

 

El fenómeno va mucho más allá del aumento cuantitativo de corredores o caminantes. La explosión es también cualitativa: grandes grupos de patinadores con luces intermitentes en sus tobillos -para ser vistos por los conductores- se desplazan por calles y avenidas de la ciudad, pelotones de ciclistas bien equipados -y no tanto- circulan en formación por las principales arterias, nadadores de aguas abiertas se lanzan al río seguidos por flotadores rojos y remeros avanzan hoy raudamente por el Río de la Plata mientras los pescadores lanzan sus líneas desde la rambla sur.

 

Si bien es verdad que estas disciplinas no son del todo inéditas, lo que sí es nuevo, desde el punto de vista sociológico, es la configuración grupal: los deportistas, quizás por primera vez en la historia, emergen como verdaderos actores del espacio público. Y la ciudad tiene la chance de adaptarse a esta circunstancia y aprovecharla, para mejorar.

 

Según datos del Ministerio de Salud Pública, Uruguay tiene las cifras más altas del continente en sobrepeso infantil (tres de cada diez adolescentes de entre 13 y 15 años presentan sobrepeso y obesidad). Siendo así, el rol del deporte en las políticas de salud pública es esencial. Desde la perspectiva urbanística y en cuanto a los modos de habitar, la ciudad, por su parte, se vería sin duda más bella, más amable y más humana si las nuevas tribus florecieran y realmente se consolidaran como parte de su fauna.

 

Pero esto no sucederá milagrosamente, sino en virtud de un ejercicio consciente, no solo de los nuevos actores sino, y fundamentalmente, de las políticas públicas. ¿Qué sucedería si estas nuevas tribus fueran tenidas verdaderamente en cuenta por las autoridades? Es más: ¿qué sucedería si recibieran un incentivo, por mínimo que fuera, tanto del gobierno nacional como departamental? La infraestructura de la cual se nutren estos colectivos es prácticamente nula. Su asimilación a la vida urbana no costaría demasiado, pues antes que de la inversión depende más de la adaptación, de la replanificación de lo ya existente.

 

De nuevo, algo de esto hemos podido observar en Montevideo. La peatonalización de la rambla que tuvo lugar durante la pandemia, por ejemplo, fue un movimiento experimental en este sentido. El resultado de la iniciativa fue bueno. Tal es así que, levantada la medida, los colectivos reclaman a la Intendencia que la rambla, entre las calles Ejido y Luis Alberto de Herrera, vuelva a liberarse de autos la senda sur los domingos.

 

Sin embargo, las acciones oficiales parecen ignorar la velocidad y el potencial de estos movimientos sociales. Esto se potencia con la reapertura de gimnasios y polideportivos, sumada a la llegada del invierno, con lo cual el potencial impacto positivo de las nuevas tribus se disipa. Su desaparición, no obstante, implicaría la perpetuación de un modelo de ciudad que urge por ser revisado y, sin duda, el desperdicio de una oportunidad inédita.

Más info en bmr.uy/blog

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