Economía circular y vos

Por María José González

 

Fin de semana de abril 2021, en cuarentena voluntaria, un día lluvioso. Aprovechamos, con Diego, para acomodar nuestra casa común. Plantamos una albahaca en nuestra mini-huerta, ordenamos la compostera y lo que nos dio más satisfacción, ¡arreglamos nuestra escalera! Esas escaleras plegables, multifunción, fundamentales para casas recicladas de techos altos. Hacía varios meses que la necesitábamos y no sabíamos si comprar una nueva o intentar arreglar esta (confieso que yo estaba convencida que no íbamos a poder arreglarla). Y esas actividades, todas juntas, nos dieron una sensación de alegría y de triunfo. Un ejemplo doméstico de economía circular, donde pequeñas acciones son parte del ciclo biológico y el ciclo técnico. Donde por un rato, resignificamos lo que entendemos por éxito.

 

Yendo un poco a lo más técnico, la economía circular propone imitar los procesos que se dan en la naturaleza, con sistemas más eficientes en cuanto al flujo de materiales, materia orgánica y nutrientes sin generación de residuos. Eliminar el concepto de residuos significa que el diseño de productos, embalajes y servicios desde el inicio no concibe la generación de un desecho. Es decir que los nutrientes o elementos presentes en los materiales, condicionan y determinan su diseño. (Braungart, Michael; McDonough, 2009).
Las tecnologías de la información, sensores y robótica han posibilitado oportunidades que eran inviables previo a la accesibilidad a estas herramientas. Es por ello que muchos conceptos “viejos” resurgen (por ejemplo el reuso y remanufactura) bajo un nuevo abordaje, habilitando modelos de negocio innovadores como pasar de ser consumidores de productos a usuarios de servicios.

 

En distintos ámbitos, la economía circular se interpreta como otra forma de referirse a la gestión de residuos y, en particular, al reciclaje. Sin embargo, esta concepción no es completa, limitando el potencial y las posibilidades de escalamiento. Un desarrollo preventivo y regenerativo no es un enfoque “más de lo mismo” que exige continuar implementando tecnologías verdes de fin de tubería; requiere de una mirada mucho más completa. Es necesario proponer soluciones alternativas, teniendo en cuenta todo el ciclo de vida de cualquier proceso, siendo parte integral de la economía en la que está inmerso (Ghisellini, Cialani, & Ulgiati, 2016).
Toda las nuevas soluciones, diseños y procesos que propone la economía circular, sólo podrán desarrollarse en la medida que cada uno de nosotros sea un agente de cambio, en las decisiones que toma día a día, en la forma que disfruta nuestro tiempo libre, en la forma que nos vinculamos con los demás y en que ponemos a jugar nuestra creatividad. Necesitamos más que una transición: necesitamos una conversión interna e integral en cada uno de nosotros (Lasida, 2021).

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