El gran salto africano

Un explorador escocés llamado David Livingstone descubrió esta maravilla de la naturaleza y decidió llamarlas como la reina de Inglaterra. Las Cataratas Victoria están en el Parque Nacional transfronterizo entre Zimbabwe y Zambia.

Por Juan Carlos Gambarotta.

 

Las Cataratas del Iguazú bien pudieran haber sido creadas para que entendamos el significado de la palabra “belleza”. Y en el caso de las Cataratas Victoria, para que entendamos el de la palabra “imponente”. Aguas arriba de las cataratas, el legendario Río Zambeze discurre tranquilo entre rocas, juncales y playitas, desconociendo la tremenda caída que le espera más adelante. Vemos hipopótamos, cocodrilos, antílopes que bajan a la orilla para beber, águilas pescadoras y babuinos. Un elefante come cañas al borde del agua y otro cruza lentamente el río, hermosa prueba de que el parque transfronterizo es una realidad.

 

El mayor volumen de agua del Zambeze cae al comienzo del muy estrecho cañón, que parece una gigantesca trinchera, de 100 metros de alto por 1700 metros de largo. Se podría decir que allí vive un arcoíris, que más que morir, solo parece ocultarse durante las noches. Pero el apuro del agua por caer, no permite que toda se precipite por la garganta y un buen volumen se va ¨escapando¨ hacia un costado, cayendo a lo largo de, como dijimos, 1.700 metros, formando una enorme cortina blanca. Como el agua solamente cae por el frente del cañón y por la pared del lado de Zambia, el observador que esté del lado de Zimbabwe puede estar parado al borde de la pared opuesta.

 

Cuando las visité, no había cercas ni barandas de ningún tipo, exquisito detalle, muy bienvenido por quienes -como yo- preferimos correr algún riesgo de los tan previsibles que lleva aparejada la apreciación de la naturaleza en todos sus términos. Solamente estando al borde mismo del precipicio, el visitante puede sentir la impresión que nos genera el vacío del cañón, y hasta el propio estruendo del agua se ve magnificado. También, solamente estando allí puede ser bendecido por el spray del agua que luego de caer sube pulverizada. Así, la Reina Africana ofrece eternamente un regalo que alivia momentáneamente el calor de la estación seca. En realidad, ahora sabemos que eternamente no. Durante el fin de una extremadamente larga estación seca, el año pasado el agua dejó de caer, quedando totalmente a la vista el negro cañón. Las imágenes de las Cataratas Victoria secas por completo pasaron a engrosar la larga lista de pruebas de que el cambio climático no es una amenaza, sino una realidad que se agrava. Las lluvias que demoraron, finalmente cayeron. No imagino la alegría que habrán sentido al recibirla todos los seres que allí habitan.

 

Podés leer mas sobre este tema en el libro Caminos de tierra, del autor de esta nota.

 

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