El origen de todo

El suelo es uno de los integrantes más importantes de los ecosistemas. Conocerlo es el primer paso para tomar conciencia. Y luego seguirá dejar de arar e intoxicarlo, reducir el consumo, exigir políticas públicas que acompañen un nuevo concepto de su manejo y protección.

Por Jorge Mazzochi

 

Salvo quienes lo estudian e investigan, poco se sabe del suelo. ¿Cómo está compuesto? ¿Quiénes lo habitan? ¿Cómo se relacionan las plantas con la tierra?

 

Agentes especializados, hongos microscópicos y una compleja y extraña fauna interactuando en equipo, logran llevar adelante una subterránea comunidad. Pero, ¿por qué debería importarnos?

 

Como un útero materno, la tierra sostiene la vida. Todo nace desde ahí. Parte del oxígeno que respiramos, los alimentos que consumimos y la calidad del agua que tomamos.

 

Pero este inmensurable organismo vivo es, a su vez, inmensamente frágil. Los monocultivos, los crecientes pooles de siembra y sus toneladas de agrotóxicos, sumada a la arraigada práctica de arar la tierra, invirtiendo los horizontes edáficos donde viven estos verdaderos creadores de vida, son acciones que van en contra de la salud del suelo.

 

Estas comunidades de invertebrados que habitan el suelo juegan un rol fundamental: el mantenimiento de la estructura y fertilidad del mismo, ya que aceleran los procesos de descomposición y reciclado de nutrientes, beneficiando así, a las especies cultivadas y a toda la vegetación del planeta que sostiene la biodiversidad.

 

Esta pequeña fauna posee una movilidad reducida, razón por la cual es muy sensible a las prácticas agrícolas, convirtiéndose así en “indicadores del estado de salud del suelo”. Dentro de la fauna edáfica encontramos ácaros, colémbolos y enquitreidos que participan en la descomposición de los restos vegetales y mantienen la fertilidad del suelo y algunas de las especies también aumentan la porosidad del mismo.

 

Quizás sean las lombrices de tierra los “bichos” que más conocemos cuando abrimos o trabajamos la tierra. Estas verdaderas ingenieras del suelo, conforman extensos túneles que permiten el transporte de nutrientes a mayor profundidad, haciendo posible la humedad estable, la aceleración del trabajo de microorganismos de descomposición y la creación de humus.

 

Es común ver cantidad de termiteros de gran tamaño en campos que fueron utilizados en la agricultura intensiva o sobrepastoreo vacuno. Al igual que el resto de las especies, el suelo -como organismo vivo- también tiene sus aliados con quienes ha evolucionado durante millones de años. Las termitas son capaces de generar porosidad en suelos altamente compactados. Pudiendo superar los dos mil termiteros por hectárea.

 

 

Micorrizas

Una Alianza perfecta

 

En el acervo general de la población se cree que las raíces de las plantas absorben agua y, a través de ella, los nutrientes y minerales que se encuentran en la tierra. Si bien es cierto, nada de eso sería tan exitoso sin la ayuda simbiótica de las micorrizas.

 

Se calcula que el 97% de las especies vegetales de la tierra están “micorrizadas”, por lo que podemos considerar a este tipo de simbiosis como uno de los pilares esenciales de los ecosistemas terrestres. Esta asociación se comprende claramente en un bosque. Al caer una semilla de un árbol madre, ésta germina, pero la sombra de los grandes árboles no le permiten foto-sintetizar correctamente. Es allí que los micelios de los hongos colonizan la plántula, conectándola a una extensa red, la cual le aportará los nutrientes necesarios. Mientras que la planta madre les brinda a los hongos, los carbohidratos que precisan. Al pasar los años la planta madre morirá y dará espacio a su descendiente.

 

 

De esta manera, el Suelo, a través de las plantas y su alianza con el reino “Fungi”, funciona como sumidero de carbono, mitigando el exponencial cambio climático, ya que las plantas utilizan el carbono que necesitan y exudan el restante.

 

A veces, como sociedad, buscamos superhéroes que cambien el mundo. Y aunque sabemos que es un pensamiento infantil y cómodo, insistimos: “Pero si llegase ese ser que nos salve del cambio climático, ¿no deberíamos ayudarle en su propósito?”.

 

Solo un suelo cubierto, protegido, sano en su biodiversidad, podrá salvarnos de nosotros mismos, reteniendo el carbono atmosférico, fortaleciendo los ambientes naturales y produciendo alimentos agroecológicos de calidad. Conocerlo es parte del cambio.

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