ESPECIAL COP 26

En noviembre, se llevó adelante la vigésima sexta conferencia del clima, la mayor y más importante conferencia relacionada con el clima del planeta, en la ciudad escocesa de Glasgow. Desde SEA, quisimos reunir en este especial las perspectivas y reflexiones de distintos especialistas y personas que trabajan en la temática y que, en algunos casos, también participaron del encuentro.

 
COLUMNA 1: “La COP26 ha confirmado la importancia de la participación de la sociedad civil”
 
Por Luis Castelli. 
 

Finalmente se llevó a cabo la conferencia climática Cop26 en Glasgow. Las conclusiones se parecen demasiado a la mayoría de las cumbres: hubo algunos avances, pero no son lo suficientemente contundentes como para cambiar de forma significativa la realidad del planeta y evitar los niveles desastrosos de calentamiento global.

 

La Cumbre de París de 2015 definió que, para evitar realmente una catástrofe, deberíamos mantener el calentamiento global por debajo del 2°C. Sin embargo, los planes nacionales actuales para reducir las emisiones para 2030, conocidos como contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés), son inadecuados para limitar los aumentos a esa temperatura y, según el análisis publicado por el prestigiosa Climate Action Tracker, estamos en camino a un aumento de temperatura de 2,4 °.

 

Si bien el documento final de Glasgow “insta a las partes” a acelerar la transición hacia sistemas energéticos bajos en emisiones, incluyendo iniciativas para eliminar gradualmente la generación por carbón y los subsidios “ineficientes” a los combustibles fósiles, su letra final muestra el estado de la voluntad política en el mundo actual. La asidua burocracia de las Cumbres del Clima sabe que siempre cuenta con un recurso que le permite enfrentar a la humanidad con una propuesta que pretende disimular el fracaso:  posponer para el año siguiente las tareas más importantes. De ese modo los líderes de los países –que sin duda no son los líderes del planeta–, se volverán a reunir para tratar casi los mismos temas en Egipto, lugar donde se celebrará la COP27.

 

Es cierto que para alcanzar un acuerdo en el seno de estas cumbres de la ONU se requiere unanimidad de los países presentes, lo que dificulta su éxito. El texto final de Glasgow menciona las ayudas a los combustibles fósiles y el fin del uso del carbón, un tema en sí mismo complejo que genera ásperos debates en las reuniones del G-20 y del G-7 cuando se trata el cambio climático, sin embargo, por primera vez, ambos asuntos se mencionan en la declaración final de una Cumbre Climática, pese a la presión de los países más dependientes del carbón y de los mayores productores de petróleo y gas. Es por eso que en lugar de pedir que se eliminen las centrales de carbón, se reclama una reducción progresiva de este tipo de energía.

 

De alguna manera la COP26 ha confirmado la importancia de la participación de la sociedad civil y al mismo tiempo la falta de voluntad política de muchos de los países más ricos para alcanzar los 100.000 millones de dólares anuales que deben aportar a los países en desarrollo para ayudarlos a adaptar sus economías a una más “verde”. En síntesis, algunos avances, pero no los necesarios.

 
 

COLUMNA 2: “La resistencia se vio en las calles”

 

Por Josefina Mosle.

 
 

  

El pasado mes de noviembre tuve la oportunidad única de viajar a Glasgow, Escocia, a la COP26, en representación de una de las organizaciones para la que trabajo: la Alianza Global por los Derechos de la Naturaleza (en inglés conocida como GARN, Global Alliance for the Rights of Nature). La organización llevó adelante, en paralelo a la COP26, su quinto Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza en formato híbrido en la Universidad de Strathclyde, y allí partí para colaborar en la comunicación y logística de dicho Tribunal.

 

Lo que más me impactó al llegar a la ciudad de Glasgow fue que la ciudad entera estaba copada por aquellos que llegaban a alzar su voz en un momento tan importante para la acción real por la lucha contra el cambio climático. En cada rincón, en cada bar, se recibían eventos, como la COP26 Coalition, un espacio donde activistas de todas partes del mundo se reunían a plantear soluciones reales a la crisis climática y donde todos tenían voz y voto sobre las acciones a tomar como sociedad.

 

Una energía completamente opuesta a la que se vivió dentro de la COP26, un espacio en el que confluyen actores importantes dentro del movimiento climático con autoridades gubernamentales que, aún teniendo la potestad de mover los hilos y activar un cambio en serio, en su mayoría sólo acuden a ‘hacer letra’ y a hablar, hablar, hablar.

 

La resistencia real, la diversidad, la representación mundial se vio en las calles, en las manifestaciones que abundaron durante toda la COP26, y que llenaron de pancartas las avenidas y las plazas principales de la ciudad escocesa clamando por un cambio real, y rápido.

 
 

COLUMNA 3: Después de la COP26, ¿algunos cambios?

 

Por Michel Schlaifer.

 

 

Días tras días, cada semana, mes y año, los enormes porta-container siguen cruzando el mundo para llevar toneladas de productos, ¿realmente útiles? Las presiones de las empresas agroindustriales impactan las decisiones y las políticas públicas. El sobreuso y el despilfarro de los recursos naturales siguen.

 

La mundialización alimenta la sociedad de consumo e invita a cambiar su celular con cada “último” modelo, genera falsas necesidades de consumo innecesario y dan la ilusión de generar “empleos”, cuando son sueldos mínimos y trabajos indignos. El “Business As Usual” permanece y las ganancias de unos pocos suben cada vez más mientras seguimos contaminando suelos, aire (hasta el cosmos), aguas y océanos.

 

La sociedad civil y los científicos exigen acciones urgentes cuando los gobiernos contestan con palabras o promesas que nadie soporta más.

 

Con la pandemia de COVID y la desaceleración mundial, se soñó (sólo por un corto tiempo) que la loca carrera de producir y consumir siempre más iba a ser relativizada y que los valores del bienestar, de la solidaridad, de las relaciones sociales, de las “ricas” bellezas de la naturaleza serán ahora considerados en primer plano.

 

En este contexto, ¿cuál es el balance de la COP26? Para los que todavía esperan algo de estos eventos, una decepción. Para los que actuamos en el terreno, nada, no cambia nada. Con el paso del tiempo, la determinación de actuar es cada vez mayor pero no se visualizan los reales y suficientes avances en la implementación de las numerosas orientaciones, planificaciones, estrategias o políticas públicas.

 

Parece irónico (¿o desesperante?) leer que el mayor avance ha sido… que los países aceptan seguir estas reuniones porque los esfuerzos actuales son insuficientes.

 

a) Las contribuciones nacionalmente determinadas (NDC) de los países dejan una brecha grande vis-à-vis de la meta del Acuerdo de París de limitar el calentamiento por debajo de 2°C y buscar 1.5°C. La revisión de las NDC no ha sido completada por todos los países y, en general, no demuestra una ambición suficiente.

 

b) La implementación de las acciones identificadas en las NDC queda lenta y a un ritmo que no permite visualizar que estemos en un proceso de cambio hacia un desarrollo bajo carbono.

 

c) Los fondos comprometidos por la solidaridad internacional (la meta anual de USD100.000 millones) no están disponibles. Pero en Glasgow, ¡se dice que lo serán en 2023!

 

d) Los discursos y las promesas siguen, como si una COP fuera un escenario de teatro vergonzoso, un espectáculo de los “grandes decisores” y de los potentes, de cualquier país que sea. Por ejemplo: Los países son “invitados” a aumentar su ambición para 2030 (es decir, lo que no ha sido hecho ahora, soñamos que lo será dentro de unos años más). ¡Y los países seguirán reuniéndose en otra “Mesa interministerial anual de alto nivel”!

 

Algunos comentarios valoran que el texto de Glasgow menciona a los combustibles fósiles para solicitar la supresión de las políticas que los subsidian. Sin embargo, los proyectos de exploración y explotación de yacimientos de hidrocarburos no paran, también en el Océano Ártico.

 

No hay ningún avance sobre el mecanismo de “pérdidas y daños”, pero en Glasgow, se afirmó: “vamos a tratar el punto”.

 

Países, representando 90% de los bosques mundiales garantizan que pararan la deforestación hasta 2030: ¿cómo creerlo cuando la tasa de deforestación, los procesos de degradación de los bosques y la pérdida de la biodiversidad no dejan de aumentar desde hace décadas?

 

Se reconoce que no se ha avanzado de manera consistente en la adaptación al cambio climático, lo que -dice Glasgow- requiere más dinero, olvidando subrayar que se requiere más que todo un profundo proceso de cambio en las modalidades de producir, de consumir, de repartir y re-distribuir.

 

e) Se observan las mismas relaciones de poder que en otros sectores: los hombres blancos de la tercera edad y representando el poder económico tienen más fuerza para decidir lo que será el clima en las próximas décadas que los jóvenes y las mujeres de color, de los pueblos indígenas de países en vía de desarrollo o en situación de pobreza.

 

Al final, el sentimiento es: cinismo y más declaraciones desde el mundo político, pero ¿dónde queda una real voluntad de cambios significativos y urgentes?

 
 

COLUMNA 4: “El sector privado es un actor fundamental para la acción climática”

 

Por Agustina Besada, Co fundadora y directora de Unplastify, también Directora Ejecutiva de Asociación Sustentar.

 
 


 
 

A lo largo de las dos semanas que duró la COP26, tuve la oportunidad de participar como panelista en distintos eventos y conectar con distintos actores y organizaciones locales e internacionales, para promover el trabajo y la acción colaborativa que creemos necesaria para hacer frente a la crisis climática.

 

Uno de esos eventos fue “Industry Action Event”: Driving industry ambition and action to deliver net-zero by 2050 and build climate resilience (en español: Conduciendo la ambición y acción industrial para lograr emisiones cero de carbono para el 2050 y construir resiliencia climática).

 

Moderé el inicio del evento junto a Gonzalo Muñoz – COP25 High Level Champion y cofundador de Triciclos y Peter Bakker – Presidente y CEO de WBCSD, y el cierre del evento junto a Maria Mendiluce – CEO de We Mean Business. Durante la sesión, se presentaron las colaboraciones y los compromisos realizados por el sector privado para contribuir a los objetivos climáticos. Se discutió sobre los marcos regulatorios necesarios para facilitar y acelerar los procesos de transformación, sobre el rol de las nuevas tecnologías y la innovación muchas veces impulsada por emprendimientos sociales que pueden colaborar con grandes empresas para escalar su impacto, y sobre la necesidad de transparencia en los datos que es fundamental para poder acceder al financiamiento necesario en esta transición.

 

Como reflexión de la experiencia, destaco la necesidad de tener, por un lado, un enfoque integrado, reuniendo el impacto del clima con aspectos naturales y sociales; un enfoque positivo, centrándose en las oportunidades de negocio y en lo que cada actor puede hacer para acelerar la acción; y un enfoque colaborativo, trabajando sobre modelos innovadores entre empresas sociales y grandes compañías.

 

Me sorprendió ver una mayor presencia del sector privado en la COP26. Desde CEOs de grandes compañías multinacionales hasta alianzas globales de empresas. El sector privado es un actor fundamental para la acción climática, es importante que forme parte de la conversación sobre los esfuerzos necesarios hacia un futuro sostenible.

 

Desde la perspectiva Unplastify, proponemos abordar el problema del cambio climático de manera más integral, porque el daño al ambiente no se da sólo en lo climático. Si apuntamos a un aspecto sin contemplar los otros, no vamos a tener una verdadera solución. Un abordaje o perspectiva integral y sistémica, permite pensar soluciones no solo al cambio climático sino también a la contaminación a la naturaleza y a la inequidad social.

 

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