Finanzas inclusivas: cerrar la brecha

El cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) necesita un sistema financiero con un fuerte compromiso ético y social. La importancia de la educación financiera y el rol de la tecnología para lograr una sociedad con mayor igualdad.

Por María Sofía Muratore

 

Si se busca la palabra “empoderar” en la Real Academia Española, aparecen dos significados: “Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido” y, en segundo lugar, “Dar a alguien conocimientos para hacer algo”.

 

¿Qué papel juega la inclusión financiera en un rol de empoderamiento? Pues…uno grande. Especialmente si se trata de personas en situación de vulnerabilidad; si se aspira a reducir la pobreza y a promover un desarrollo sostenible de los países. No obstante, para lograr esto, primero lo primero: conocer del tema.

 

En la actualidad, según el Banco Mundial, alrededor de 2.500 millones de personas no utilizan servicios financieros formales y el 75 % de las personas consideradas bajo la línea de pobreza no tienen cuenta bancaria.

 

Esto es así a pesar de que, desde 2010, más de 55 países han trabajado para implementar la inclusión financiera, y más de 30 de ellos ya han consolidado planes de acción concretos para alcanzar dicho objetivo. La evidencia está en que…el camino es y será largo (pero no imposible).

 

Una nueva mirada económica

 

Para hablar de finanzas inclusivas, primero hay que referirse a las nuevas economías. “Es una nueva forma de gestionar los negocios que permite integrar el impacto socio-ambiental al impacto económico. En esta concepción, se pone a la vida en el centro, y de esta forma se toman decisiones”, explica Matías Kelly, Director de Sumatoria, una fintech que conecta inversores conscientes con emprendedores y empresas sociales que impactan positivamente.

 

Cecilia Amieva, de Socia Écija Argentina/ Red Latinoamericana de Abogados de Impacto, agrega que estas economías incluyen una perspectiva más amplia y sistémica y que incluyen a la Economía Naranja, Economía del Bien Común, Economía Colaborativa, Economía Phi, Finanzas Sostenibles, Banca Ética o en Valores, Sistema B, entre otras. “Se trata de construcciones que acompañan e impulsan la transición hacia un nuevo paradigma, teniendo como eje común rescatar y valorar al ser humano en su dignidad; y alcanzar el bien común, en una necesaria armonía con su entorno natural. Es por eso que las finanzas se presentan como una solución emergente, impulsada por los principales desafíos sociales que se plantean en la actualidad”, argumenta.

 

Las finanzas se ponen al servicio de estas nuevas economías, siendo una herramienta que al final del día se disputan con la economía tradicional para responder a las necesidades sociales. Y, en este sentido, la inclusión y la diversidad son ejes primordiales. De hecho, desde esta perspectiva, Helena Estrada, actual consultora estratégica financiera, antigua creadora y directora del Centro de Desarrollo Económico de la Mujer (CEDEM), dependiente del Ministerio de Producción de la Nación Argentina, destaca que “estas finanzas tienen como base la consideración de la perspectiva de inclusión, comprendiendo en sus productos y sus servicios a las necesidades diversas que pueden haber en la sociedad”.

 

Entonces, ¿la inclusión favorece el empoderamiento? Diego Pereira, director de Banca Ética Uruguay y miembro del equipo coordinador de Banca Ética Latinoamérica, indica: “Las finanzas son inclusivas cuando alcanzan a colectivos de personas excluidas, es decir, que los servicios financieros (ahorro y crédito) llegan a poblaciones de contextos vulnerables o a colectivos de personas que no acceden a este tipo de servicio. O, si lo hacen, es de mala calidad o demasiado caro”.

 

La inclusión financiera es, en definitiva, una herramienta que empodera dado que -según explica Cecilia- se convierte en una “facilitadora y aceleradora del crecimiento económico, dado que promueve la creación de empleo y del desarrollo. El acceso y el uso de los servicios financieros permite a las personas, familias y a los propietarios de pequeñas empresas a generar ingresos, administrar, invertir en oportunidades, tener sustento en situación de crisis y salir de la pobreza a largo plazo, gracias a acciones concretas y planificadas con información verídica de su situación”.

 

¿Cómo educar en finanzas?

 

Cecilia decide citar a la reina de Holanda, S.M. Máxima Zorreguieta, en su calidad de asesora especial del Secretario General de las Naciones Unidas sobre Inclusión Financiera para el Desarrollo (UNSGSA), para hacer alusión a la importancia de promover buenas prácticas en materia financiera inclusiva. La figura real declara que: “Los servicios financieros accesibles, efectivos y seguros (como ahorros, seguros, pagos y créditos) cumplen un rol esencial para transformar y favorecer el crecimiento equitativo, siendo de esta forma causales para avanzar en los objetivos de desarrollo fundamentales como la reducción de pobreza, la creación de empleo, la igualdad de género y la seguridad alimentaria”.

 

Pero a su vez, hay un aspecto transversal: el económico. Helena confiesa que siempre trata de transmitir a sus clientes este eje, ya que resulta imposible desentenderse de él, dado que impacta en cada acontecimiento y acción de la vida. Es por eso, que la especialista reivindica el poder que se puede llegar a tener si planificamos el dinero. “Si uno no controla sus finanzas, otro lo hará por uno”, dice con contundencia.

 

Administrar los ingresos significa poder planificar a corto, mediano, y largo plazo. Si bien, hay situaciones límites que exceden el control; conocer sobre herramientas financieras permite tener cierta predictibilidad, permitiendo así prepararse para eventos que, tal como establece Helena, “se salen de la rutina”. Puede ser desde un punto de vista positivo, como tener más ganancias en un mes, y no saber cómo hacer rendir ese dinero, invertir; o desde el aspecto negativo, como accidentes, despidos, momentos de crisis, que obligan a la persona hacer un uso distinto del dinero.

 

Diego contempla lo manifestado por Helena y detalla una analogía: la educación financiera como un antídoto:“Nos permite controlar, planificar, y presupuestar; eliminado la incertidumbre o ansiedad ante lo desconocido y posibles errores”. A su vez agrega: “Es también una herramienta y una competencia necesaria para el conjunto de las personas. Hoy, nadie puede optar por vivir al margen del sistema. Siempre estaremos vinculados a compras, ventas, al mercado laboral, al emprendedurismo, etc. Conocer de finanzas, de dinero, es muy importante para la vida cotidiana. No tener esta competencia genera muchas veces la falsa sensación que el dinero nos domina, nos controla o que no podremos nunca manejar las finanzas. Esto último produce ansiedad y angustia. Todo sería distinto si podemos tomar control de nuestras finanzas, personales, familiares, de la empresa”, argumenta.

 

 

El empuje necesario

 

Cecilia decide hablar de “llenar el vacío”, visto que las finanzas inclusivas ofrecen, por ejemplo, pequeños préstamos a ciertos grupos o poblaciones para financiar actividades generadoras de ingresos y así ingresar al ciclo de la integración social a través de las dinámicas económicas.

 

Resulta entonces en una visión integradora, ya que permiten que un sujeto con “todas las alternativas cerradas pueda vincularse con el mundo financiero a través de préstamos, microcréditos, o distintas formas creadas para hacer más accesible el mundo económico”, argumenta Matias.

 

Ambos consideran que el microcrédito puede ser una solución o motor para “empezar”, parafraseando a Muhammad Yunus, el premio Nobel de la Paz, creador del Banco de Grameen, institución microfinanciera y de desarrollo comunitario. “Es el producto principal de las microfinanzas, que, básicamente, busca llegar con un crédito a personas de bajos ingresos”, explica Cecilia.

 

La tecnología: parte de la solución

 

Tiempo atrás, hablar de inclusión financiera era una utopía. Sin embargo, la innovación social la convirtió en una realidad, permitiendo el acercamiento de los sectores más vulnerables a un mundo que parecía ser de la minoría. Y en esta evolución, la tecnología jugó un rol crucial.

 

“Han desempeñado un papel importante, principalmente en algunos lugares de Asia, América Latina y África. Las barreras de acceso a los servicios financieros tradicionales están siendo superadas gracias a la llegada de las soluciones tecnológicas al sector: las FinTech, las cuales plantean un nuevo modelo de negocio que revoluciona el relacionamiento entre el usuario y los operadores financieros convencionales”, destaca Cecilia.

 

Cada vez, es más accesible abrir cuentas de forma remota, digitalizar, y con ello regularizar pagos. Como así también, realizar operaciones con tan solo un click, sin la necesidad de movilizarse. A su vez, la posibilidad de tener todos los datos del usuario, permite crear productos exclusivos para cada sujeto; comprendiendo necesidades financieras particularidades y creando el mejor servicio

 

En función de la posibilidad de co-crear y de estimular a la inteligencia y acción colectiva, Cecilia menciona el impacto positivo de las criptomonedas y del uso del sistema financiero con responsabilidad ética e inclusión. “En cuanto a estos nuevos horizontes que permite vislumbrar la revolución tecnológica y la digitalización, una de las propuestas más interesantes y disruptivas de los últimos tiempos es la de Alejando Sewrjugin creador del movimiento Economía Phi, que utiliza blockchain (una base de datos, pública, segura, descentralizada y distribuida) y las criptomonedas o “bitcoins”, considerando que estas innovaciones nos permiten vincularnos de una manera colaborativa y crear valor de forma comunitaria, toda esta construcción bajo una perspectiva humana para alcanzar una Economía Global Sostenible e Inclusiva”, explica la especialista.

 

No hay respuestas únicas para poder solventar una situación de vulnerabilidad. Sin embargo, la posibilidad de conocer herramientas básicas puede ser importante para promover el desarrollo productivo, tales como: “Conocer las entradas y salidas de la familia, sobre cuáles hay derecho y obligaciones; poder proyectarse mes a mes, tener conocimientos de los gastos, etc”. Estos son los consejos claves que suele dar Helena para “saber dónde están parados y poder proyectar a futuro”.

 

 

Las finanzas son una gran herramienta, incluso, para promover la equidad de género, otorgando a las mujeres independencia económica, y con ello, reduciendo las posibilidades de ser víctimas de violencia o situaciones de inferioridad.

 

Construir una nueva economía basada en la empatía hacia las necesidades de la sociedad es sinónimo de desarrollo sostenible. Y, en definitiva, las finanzas inclusivas aspiran a invertir en comunidad…una comunidad empoderada.

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