Habitar el paisaje

Es el espacio principal de nuestros pueblos y ciudades, de la producción, del turismo, de los valores identitarios, de la cultura urbana y rural, de la ciudadanía. En definitiva, de la vida.

Por Lucía Tornero.

 

 

¿Alguna vez nos detuvimos a pensar en qué hay detrás de un paisaje? Vamos por la vida habitando espacios, viviendo en ciudades, pueblos, con mayor o menor urbanización, con herencias de poblaciones que estuvieron antes que nosotros, con historia, con cultura. ¿Cuántas son las veces que reflexionamos acerca de eso? ¿Cuántas son las veces que tomamos conciencia de lo que verdaderamente compone un paisaje”? Va mucho, mucho más allá de una simple presentación armoniosa de naturaleza (quizás el concepto más común de paisaje que usamos o asociamos). El paisaje se gestiona, se planifica e, incluso, se legisla.

 

Partamos desde lo básico. ¿Cómo se define el “paisaje”? Según la Convención Internacional del Paisaje, es “un espacio-tiempo resultado de factores naturales y humanos, tangibles e intangibles, que al ser percibido y modelado por la gente, refleja la diversidad de las culturas”. Por su parte el Convenio Europeo del Paisaje lo define como “un área, tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y / o humanos”.

 

Pero, veamos qué dicen los especialistas. “Decimos que el paisaje es una construcción social y no solo un objeto de diseño. Es una obra de construcción colectiva que requiere de un marco jurídico que plasme derechos y deberes”, establece Roberto Mulieri, coordinador de un grupo de trabajo que se ocupa de la Gestión Política del Paisaje en la Iniciativa Latinoamericana del Paisaje (LALI) y miembro de la Red Argentina del Paisaje (RAP), una Federación de 18 Nodos que se extiende de norte a sur de Argentina.

 

Por su parte, Mónica Palma Vergara, diseñadora Paisajista de la Universidad de Chile, Académica y Consultora, co coordinadora del Nodo LALI Gestión Política del Vicepresidenta Corporación Patrimonio y Paisaje de Chile, reflexiona sobre la relación ancestral hombre-naturaleza, desde la cual nace la génesis de la disciplina paisajística: “Como punto de partida, su misión es y ha sido resolver necesidades del ser humano para su bienestar y calidad de vida, de manera sustentable y sostenible en el tiempo y en el espacio que actúa y habita; por tanto y de manera sustancial respetando las necesidades de la naturaleza”.

 

Marián Bazet, Licenciada en Diseño de Paisaje y estudiante de la Maestría en Manejo Costero Integrado (MCISur), aclara: “En realidad, es mucho más que vegetación, o que naturaleza. El paisaje es una construcción del hombre. Sin la mirada del hombre, sin esa perspectiva estética, impronta que le pone el hombre a esa naturaleza, no sería paisaje”.
Los seres humanos somos naturaleza. No somos espectadores, formamos parte de ella. Y por eso el paisaje cobra tanta importancia. Sin embargo, tenemos a la vista, muy a la vista, cómo esa unión se ha ido deteriorando. “Lo hemos venido alterando cada vez con mayor y evidente dramatismo de los tiempos que vivimos en el planeta, por la falta de principios, conciencia, sensibilidad e inteligencia para comprender que hay todo que perder y nada que ganar depredando y consumiendo el paisaje sin visión, al final de cuentas nadie sale ni saldrá beneficiado, ni en el mediano plazo ni menos a largo plazo”, agrega Mónica.

 

Roberto es optimista y advierte que no todo está perdido, ya que en estas latitudes “va surgiendo una sociedad empoderada que comienza a visualizar el derecho al paisaje y al ambiente”. Y con ello, emergen preguntas: ¿Qué paisaje tenemos? ¿Qué realidad? ¿Qué niveles de protección? ¿Qué conflictos? ¿Qué paisaje queremos? ¿Qué hemos reflexionado? ¿Qué procesos de sensibilización hemos desarrollado? ¿Qué valoración hay sobre el paisaje y su identidad? “Creemos que el paisaje debe ser gestionado políticamente. Debemos robarle el tema del paisaje al diseño y comenzar a instalarlo en la sociedad y en el mundo político”, concluye.

 

El paisaje es cultura

No queda duda por lo establecido hasta ahora que el paisaje es, en definitiva, una construcción humana. Cristina señala que el paisaje “al ser percibido y modelado por la sociedad, refleja la diversidad de culturas”.

 

De hecho, hasta en la propia definición del paisaje, está presente el ser humano como elemento necesario. “En este sentido, incorporar el concepto de paisaje cultural nos hace tomar foco, justamente, en la mirada, acciones, presencia humana. Y Uruguay tiene una riqueza que está dada por la propia historia del país, con sus movimientos migratorios que conformaron el país”, indica el arquitecto Nicolás Barriola, Director de BRM Productora Cultural. “Por otro lado, nos da una interesante ventaja comparativa frente a nuestros vecinos que claramente en lo natural tienen paisajes mucho más impresionantes. En Chile las Torres del Paine, en Argentina los lagos del Sur o la Quebrada de Humahuaca, en Brasil los morros y la costa. Lo nuestro es una suave ondulación pero por detrás hay un paisaje humano, y cuando empezás a poner la lupa está el paisaje cultural”, agrega.

 

Y tal como introduce Nicolás, claro está que existe un paisaje natural: “Como el de Laguna Garzón, que es de los pocos paisajes en Uruguay que conservan aún su naturalidad”, dice Marián. “Hay pocas construcciones, los bosques nativos están bien conservados (porque la mano del hombre casi no ha intervenido). En este sitio, es donde el matorral psamófilo mejor se ha conservado, un relicto, o sea, pedacitos de esa naturaleza que va quedando dentro de un territorio. Por eso, se está intentando dentro de las posibilidades legales conservarlo”.

 

El paisaje y el territorio son una realidad en continua evolución. Desde el punto de vista del paisaje, quienes son especialistas en la disciplinas, no se enfocan en hacer la inmutabilidad de ese paisaje sino en el natural proceso de transformación que lleva el territorio para que, de esa manera, el paisaje no se vea despojado de todos los valores: patrimoniales, simbólicos, es decir, de su identidad.

 

Un valioso recurso

El paisaje posee un valor productivo, si se lo entiende como la capacidad de brindar beneficios económicos aportando al desarrollo sostenible. “Es un agente fundamental en la preservación de la calidad y estilo de vida y en el sentido de pertenencia e identidad; desempeña un papel importante de interés general que constituye un recurso favorable para la generación de empleo y creación de nuevas tecnologías. Es un patrimonio colectivo independientemente de su valor y localización y es un derecho que se encuentra dentro de la categoría de los Derechos Humanos”, señala la Dra. Cristina Mascaró, Co-coordinadora de la Comisión Jurídica RAP “Ley Nacional de Paisaje” y co-redactora del Ante-Proyecto de Ley Argentina del Paisaje y del Documento de Trabajo para el Convenio Latinoamericano del Paisaje, Miembro Nodo Gestión Política del Paisaje LALI, sintetizando el carácter integral que posee, además de que también está intrínsecamente ligado al cambio climàtico, la responsabilidad social y la solidaridad.

 

“Creemos que el paisaje puede ser un motor del turismo sustentable y de los proyectos agroproductivos que aporten al desarrollo y para ello debemos tener toda la información necesaria y saber cómo la sociedad percibe a ese paisaje», indica Roberto.

 

Y retomando la pregunta de cómo es realmente que la sociedad percibe al paisaje, Mónica se cuestiona, casi como exhortando: “Si tan solo la sociedad lograra comprender que todos actuamos en el paisaje, que somos paisaje, que es un todo holístico del cual dependemos y de sus servicios ecosistémicos, del cual somos también un producto como cultura y seres vivos. Esta claridad tiene que permear con urgencia más temprano que tarde a todos los actores sociales”.

 

Desde la disciplina del paisaje como contenedor de todo lo natural, cultural, perceptual tangible e intangible -plantea la especialista- es invaluable una estrategia que contemple una visión desde la cual se puedan generar planes de inversión, el fortalecimiento de la educación en materia ambiental y de paisaje en todos los niveles, el desarrollo urbano-regional y la planificación territorial según las necesidades y singularidades de cada paisaje y su comunidad.

 

Y es desde allí que se marca la necesidad de actuar en conjunto: la ciudadanía junto con las instituciones de la sociedad civil, la academia, los colegios profesionales, administradores gubernamentales, o sea los actores sociales del paisaje.

 

La Dra. Nora Lifschitz, quien co-coordina la comisión Jurídica RAP ”Ley Nacional de paisaje” y es co-redactora del Proyecto de Ley Argentina del Paisaje y del Documento de Trabajo para el Convenio Latinoamericano del Paisaje, además de co-coordinador el proyecto educativo «Paisaje Escuela y Comunidad» OPECRUZ y la Mesa de Trabajo Paisaje y DDSS de la RAP, dice: “Necesitamos una nueva hoja de ruta que implique trabajar sobre la Agenda 2030 y 2050, poniendo en marcha los objetivos de desarrollo sostenible para el bienestar de todos, pensando globalmente pero actuando desde lo local, y esas acciones necesitan pensar en escala local”. La miembro del Nodo Bs. As. de la Red Argentina del Paisaje y del Nodo Gestión Política LALI agrega: “Como en la “economía de la dona”, es importante ver ese círculo donde sociedad está en un círculo central y en el borde la capacidad de la tierra, que nos lleva a ver la realidad y los límites de nuestras acciones sobre el territorio, y nos orienta a prácticas adecuadas para una real sustentabilidad”.

 

Un gran paso para América Latina

La relación entre los ciudadanos, así como también la relación entre el poder y la ciudadanía se materializa y se expresa en la conformación del paisaje. Como las calles, las plazas, los parques, los nuevos paisajes emergentes. “Un ejemplo de ello es en Latinoamérica, de esta relación de poder donde millones de personas pasaron a ser pobres. Muchos de ellos perdieron su trabajo, su casa, y duermen en la calle. En poquísimo tiempo se transformó el paisaje urbano. También por esta relación de poder se transformó el paisaje del Amazonas. El paisaje de los Montes Chaqueños, con 120 incendios en los últimos meses, y el paisaje de Quito con nuestros hermanos Ecuatorianos en las calles”, enumera Roberto. Es decir, para el especialista, el espacio público pasó a ser un escenario de esta suerte de relación entre el poder y la ciudadanía.

 

Entonces, cuando se habla de gestión política y se introduce el concepto de democracia del paisaje, los especialistas no se refieren a la política partidaria, sino a la Gestión Política que apunta a una democracia participativa donde el ciudadano no es espectador sino un participante con poder de decisión”.

 

Afortunadamente, se ha avanzado en plantear un marco jurídico – político con la redacción del Convenio Latinoamericano del Paisaje, lo cual supone un gran paso para la región. “Es la primera manifestación que nos va a unir a nivel latinoamericano en temas de paisaje y dicho convenio tiene su base en el Convenio Europeo del Paisaje (2000), con el cual comparte principios y mecanismos de acción”, aporta Marián.

 

Se pensó en un convenio que fuera simple y sencillo, tal que permitiera su fácil aplicación al Derecho de los Estados firmantes y que contuviera conceptos generales que se adapten a todas las legislaciones en forma armonizada en base a criterios comunes. “Que posibilitara un gran avance para Amèrica Latina en su posición geopolìtica, y para y sobre todo resguardar sus recursos naturales y culturales tan vapuleados en estos momentos”, explica Cristina, aludiendo a cómo el marco no sólo promueve la protecciòn, gestión y ordenamiento del Paisaje, sino que profundiza los lazos entre los paìses firmantes, creando un principio de solidaridad y de defensa de nuestro bienes naturales y culturales.

 

Pero, volviendo atrás, ¿por qué se planteó la necesidad de un convenio? Porque no existía un marco regulador para todas las buenas prácticas que implica el rediseño, la gestión, la planificación y el ordenamiento de los paisajes para Latinoamérica con una identidad propia, con instrumentos renovadores y con innovación. “En el fondo es un Convenio que articula a nivel internacional para un mejor y más saludable planeta, desde nuestra visión latinoamericana, con identidad propia”, asegura Nora y se explaya sobre qué propone el convenio: “Nuevos instrumentos para nuevos modelos de ordenamiento territorial tal como surge en Río 92, pero ahora ya no sólo incluye el ambiente, incluye cultura e identidad, la realidad social generando mapas sistémicos y considerando los territorios desde la holística. Porque esos nuevos mapas, catálogos,, estudios de impacto, cartas se basan en paisaje como la sinergia entre naturaleza y cultura, vemos el territorio como sistema y descubrir la relación de la sociedad en su espacio y naturaleza”.

 

Pensar el paisaje

Construir, diseñar, hacer, siempre pensando en no afectar a las sociedades futuras. “El paisaje es pasado, presente y futuro. Si rescatamos la identidad, lo patrimonial, por ejemplo, sitios arqueológicos y los pone en valor, estamos ocupándonos del pasado, poniendo en valor el hoy y haciendo que generaciones futuras también puedan disfrutarlo”, considera Marián. “Entonces, ¿cómo podemos hacer que ese paisaje resulte sustentable? Con una gestión inteligente. Vamos camino a que los territorios, cada vez, se intervengan más y más. Que no quede afectada esa naturaleza, que se la intervenga pero en su justa medida. Así lograremos un paisaje sustentable”, cierra.

“En el paisaje natural, si bien hacés zoom o ves la historia de por qué se formaron, hay capas. Pero en lo humano son infinitas, o por lo menos se puede ir mucho más profundo. Y además, te podés ver a ti mismo. Es un viaje hacia uno mismo”, concluye Nicolás.

 

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