“Hoy en día, nada permanece”

Alejandro Sarmiento es un reconocido diseñador industrial de Argentina. Sus obras han cruzado fronteras y son reconocidas por resignificar materiales industriales. Considera que la producción en serie genera objetos sin alma, que no se valoran, y también trabaja transmitiendo conocimientos a través de laboratorios con estudiantes y comunidades vulnerables.

Por Lucía Tornero.

 

 

¿Cómo definirías tu trabajo?
Empecé con todo este tipo de materialidades a partir de tener la necesidad de expresar mis ideas de alguna manera. Lo que la gente considera basura pasó a ser para mí potencial materia prima. También ha prevalecido la idea del reciclaje como un elemento fundamental para que yo trabaje con las industrias y así me he ido desarrollando.

 

¿Cuándo comenzaste con este abordaje?
Más o menos en el año 86. En ese momento, estaba en pleno auge todo lo que era descartable y se presentaba como una gran novedad. Y yo venía justamente de la idea contraria, no descartaba.

 

¿Cómo viste la evolución de la relación entre las personas y los objetos?
Pasados unos 10 años, me acuerdo que monté un local en el barrio de Palermo, en Buenos Aires. Todavía no era una zona de diseño y en el local, la mayoría de mis objetos eran hechos con material de reciclaje. En un primer momento, le contaba a las personas cómo estaban hechos y no los compraban, es decir, había un prejuicio bastante importante. Cuando dejé de contar estas historias, la gente empezó a comprarlos. Todavía no había una valorización sobre este tipo de gestación de productos y, con el tiempo, se fue haciendo cada vez más referencial en el mundo del diseño, tanto en lo nacional como la internacional.

 

 

¿Tenías conciencia ambiental o comenzó como un abordaje artístico?
Para mí había dos cosas que eran muy importantes. Primero, que consideraba que el diseño industrial, particularmente, generaba objetos en serie. Y éstos, de alguna manera no tenían alma. En cambio, aquellos que tenían una concepción más artesanal, donde la intervención era de otra naturaleza y la materialidad era más relacionada, hay una energía que estaba puesta desde la manufactura, en el modo en que se hacían los objetos. También en un punto, eso a mí me interesaba y desde el punto de vista ambiental era para mí importante, más que estar generando elementos banales y superfluos que contaminan el planeta.

 

¿Qué pensás del consumo hoy en día?
Hoy en día, nada permanece. La gente cambia su celular luego de muy poco uso, por ejemplo. Los objetos tienen cada vez menos valor. Y ya no tienen diseño tampoco. Volviendo al tema del celular, son todos iguales, pueden tener una cámara o siete, pero es algo repetido con una vida útil muy corta. Y tampoco tienen valor porque no tienen diseño. Sin embargo, están habiendo muchas tendencias industriales que permanentemente muestran una manera de hacer las cosas, con otros ciclos de reciclaje más establecidos.

 

¿Qué son los Satorilab?
Son unos laboratorios de diseño experimental con descartes industriales y con estudiantes que, en forma interdisciplinar, convocan a todas las áreas de diseño. Y en estos laboratorios transferimos el aprendizaje. Por ejemplo, trabajamos en la cárcel de mujeres de Ezeiza, enseñándoles cómo hacer estos productos que habían surgido de los laboratorios y luego se vendían en la tienda Malba, cuyas ganancias volvían a quienes habían hecho los productos dentro de la cárcel. Algo clave que tratamos de transmitir en los laboratorios es que cuando uno diseña, también produce basura, entonces hay que saber lo que uno va a diseñar y cómo va a hacerlo para que en el futuro eso tenga una segunda vida útil o una posibilidad diferente.

 

¿Dónde creciste?
Me crié en el campo, en General, Villegas es un pueblo a 500 km de Buenos Aires. Es una ciudad pequeña, un lugar donde por ahí uno quiere hacer algo y para hacerlo tiene que ver los recursos que tiene en su entorno, porque a lo mejor, si vos necesitas algo, tenés que ir a buscarlo a un lugar más alejado, entonces resolver y eso de alguna manera estimula la creatividad para nuevas cosas con lo que hay, y eso también genera productos más originales. Claro, en ese contexto, todo lo que yo quería hacer porque siempre tuve inquietudes de hacer. Se requería de hacerme de los recursos que tenía por ahí, entonces todo eso esté de alguna manera.

 

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