Interser o no ser

Por Nito Anello, co-fundador zafrán 

 

Si estás leyendo una revista como SEA seguramente tenemos mucho en común. Probablemente, buscamos crecer en conciencia, transformar la economía y nos preocupamos por el impacto de lo que hacemos. Seguramente nuestro círculo de amistades más cercano esté también en la misma. A veces, entonces, nos parece que la movida del reciclaje o el compostaje crecen, que ahora se come mejor, que los medios masivos hablan mucho de temas como la COP26 o el informe del IPCC (y que no es necesario explicar las siglas porque ya son muy conocidas). Si es así, vos y yo, corremos el riesgo de tener una mirada muy sesgada de lo que está pasando. Porque en la vida real pasa un poco como en las redes sociales y solemos ver lo que nos es cómodo ver. ¿Será que en todos los celulares hay tantas novedades sobre cuidado ambiental como en los nuestros? Sospecho que no. No digo que no veamos los problemas, los conocemos bien, y sabemos que queda poco tiempo, pero corremos el riesgo de pensar que mucha gente está viviendo las soluciones (o al menos las mejoras) que harían viable evitar una nueva extinción masiva.

 

Lamentablemente, los indicadores importantes no tienen nuestra misma “buena onda”. Los datos muestran que el desarrollo sustentable no existe en ningún lugar del mundo. Y lo que es peor: el mundo no se está acercando a los famosos y coloridos Objetivos de Desarrollo Sustentable. Mientras nosotros debatimos si la palabra “sustentabilidad” ya quedó vieja o decimos que arrancó la fase de la “regeneración”, la crisis climática, social y sanitaria no deja de agravarse. Por eso hoy no quiero hablar de logros parciales de zafrán, la empresa que co-funde en 2012 para mejorar el mundo a través de la alimentación y la inclusión laboral. ¿Qué sentido tiene confirmarte ideas que ya son tuyas? Si estás leyendo una revista especializada, ya sabés que se puede crecer con triple impacto. Me encantaría lograr dejarte aunque sea una pregunta que te deje pensando.

 

¿Estamos juzgando a las empresas con propósito, con una mano en el corazón y otra en la panza, por sus avances REALES hacia esos propósitos? ¿Logramos en zafrán avanzar hacia nuestro propósito? ¿Mejoramos el mundo a través de la alimentación? La respuesta es no. Sin matices intermedios. No logramos mejorar el mundo. El sistema agroalimentario extractivista siguió profundizándose en la última década. Desde hace 60 años aumentan los ultra-procesados, con exceso de sal, azúcar, grasas y calorías (y junto a ellos las enfermedades crónicas no transmisibles), aumentan los incendios forestales para ganar tierras productivas, aumenta el uso de agrotóxicos (mal llamados fitosanitarios), la generación de basura y la contaminación asociada. Aumenta también la desigualdad, el éxodo del campo a las grandes urbanizaciones para lograr, finalmente, una peor calidad de vida. Entonces, ¿para qué distraernos contando la cantidad de pases buenos que dimos, si estamos perdiendo el partido y falta poco para el final? ¿Cómo cambiamos realmente el sistema alimentario?

 

Muy probablemente vos y yo comemos mejor que hace 10 años. Y hay más veganos en el mundo, y el rubro de la “alimentación saludable” crece y las búsquedas online relacionadas aumentan…Todo lo anterior (parcialmente cierto) puede llevarnos a la idea absolutamente errónea de confundir un grupo con “el mundo”. Una de las cosas que estamos haciendo los y las privilegiadas (con nuestros privilegios) es comer mejor. Pero, no mucho más. Esa es una linda pregunta ¿Qué hacemos con nuestros privilegios? Porque mientras tanto crece la desigualdad, la contaminación, la malnutrición y muchos otros indicadores alarmantes. La otra pandemia, la de la obesidad, está creciendo en la región y el mundo, porque para las industrias “alimentarias” (¿alimentan?) es más lucrativo el negocio de los ultra-procesados y siguen estimulando patrones de consumo poco saludables. En las últimas dos décadas, el consumo de calorías que provienen de productos ultraprocesados aumentó un 53%, llegando a ser el 30% de las calorías totales consumidas por la población en un día. En Argentina, según la 2° Encuesta Nacional de Nutrición y Salud está situación atraviesa a toda la población pero afecta especialmente a los grupos de mayor vulnerabilidad social, que refiere poco consumo diario de alimentos recomendados (frutas y verduras frescas, carnes y leche) y mucho de no recomendados (bebidas azucaradas, productos de pastelería y golosinas). Al mismo tiempo, los niños, niñas y adolescentes (NNyA) tienen un patrón alimentario menos saludable que los adultos, con un consumo de un 40% más de bebidas azucaradas, el doble de productos de pastelería o productos de copetín y el triple de golosinas.

 

¿Cómo resolvemos este problema? Sinceramente no lo sé. Intuyo que hace falta que activemos, que haya más compromiso político y mejor legislación (que además se cumpla), que en algún momento hacer las cosas mal y externalizar costos debería ya no ser negocio y mucho menos aceptado. Hay que cambiar tantas cosas.

 

Hoy tengo más preguntas que respuestas. Mi sensación es que esta es, principalmente, una crisis de conciencia. La crisis del antropocentrismo, del pensar que las personas podemos estar por fuera de la naturaleza. ¿Cómo se modifica completamente un sistema roto? ¿Cómo se logra realmente la soberanía alimentaría y la producción agroecológica? ¿Por dónde empezamos? ¿Y después cómo seguimos? ¿Cómo co-construímos una visión de estar viviendo en un tiempo épico donde logremos hacer realidad ese futuro que queremos? ¿Cómo generamos las conversaciones que pueden transformarlo en realidad?

 

¿Cómo vamos a empezar a “interser”? “Interser” no es aún una palabra de nuestro diccionario, significa que una barra de frutos secos no puede ser sin una nube, ya que sin ella no hay lluvia, y sin lluvia no hay almendros, y sin almendros no hay almendras, pero también tienen que estar los polinizadores, y así… Cuando miramos de esta manera, “intersiendo”, entonces la gratitud y la cooperación fluyen como la única lógica posible. ¿Cómo se contagia?

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