La cultura ciudadana implica pensar en el otro

Cambiar hábitos es difícil, cambiar culturas mucho más, pero lo difícil no es sinónimo de imposible. Se requiere de creatividad, de buenos ejemplos y, por sobre todas las cosas, de un líder que esté dispuesto a llevar adelante el movimiento. Por ello, conversamos con el siempre inspirador Antanas Mockus.

 

Por María Victoria Pereira Flores

 

A mediados de la década de los ‘90, Antanas Mockus, por aquel entonces alcalde de la ciudad de Bogotá, Colombia, demostró cuan posible era transformar para bien una sociedad si uno se lo propone, siendo uno de los impulsores de “la nueva Bogotá”. Compuso su gobierno con académicos en los cargos más relevantes y no con políticos, y antes de comprometerse con nuevos gastos públicos decidió buscar recursos para financiarlos. No todas sus medidas fueron populares, por el contrario, algunas no lo fueron en absoluto, pero sus logros sí consiguieron una profunda aceptación de la mayoría de la población (tal es el caso del impuesto a la gasolina, la prohibición del uso de artefactos pirotécnicos por particulares, el implantar “la hora zanahoria” similar a las normativas actuales del conductor asignado, el desarme de la ciudad, la campaña del ahorro voluntario de agua). Dentro de sus acciones más curiosas y eficaces se destacan los mimos en las calles para generar aprendices de cultura ciudadana, así como la instauración de la famosa tarjeta (por referencia a las de los árbitros de fútbol) como parte de la campaña “Bogotá Coqueta”.

 

Fue sorprendente su política de “shock”, sus apariciones excéntricas y su gran extravagancia, con su manera divertida y pacífica de generar impactos, como cuando utilizó un traje de superhéroe.

 

Conversando con él corroboramos que es la interrelación absoluta vista en un ser humano: es político, universitario, trabajó en ONG; es filósofo y matemático. Nació en Colombia, pero es de ascendencia lituana, es padre de cuatro hijos, es marido (en más de una ocasión). Es romántico, coqueto y un sentimental, entre algunas otras cosas más. Quiso ser escritor, pero leyendo a Kafka se dio cuenta de que debía dedicarse las 24 horas del día a ello, le dio pánico y desistió. No obstante, en sus épocas de estudio en Francia le llamaban “Kafkita”.

 

Para Mockus, «las relaciones humanas son trinarias”, a diferencia de las matemáticas que son binarias: se puede prever hasta cierto punto, pero de forma limitada. La complejidad de las realidades, no hay certezas. Por eso, “el aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo”. Para él, los argumentos y las evidencias académicas son parte de la esperanza del cambio. Señala que a su hija mayor le bastó una frase escuchada en la universidad para volverse vegetariana, luego lo notificó a la familia sin consultarles.

 

La ética podría reducirse a un solo enunciado: “No te hagas el pendejo con lo que ya entendiste”, citando a Alain Diou.
Le preguntamos si al día de hoy seguía andando en bicicleta y, continuando con sus ideales, con esa fuerza de pensamiento y de identidad que tanto lo caracteriza, simplemente contesto: “Ayer anduve acompañado en bicicleta por las ciclovías, fui a comer helado de chocolate dietético (no sabía muy dulce). Soy coqueto, me gusta gustar, me suben las endorfinas. Tengo gusto por la vida”.

 

Ante ello, le preguntamos si no le asombró cuando visitó Uruguay en el 2013 encontrarse con un índice de suicidios muy alto. Sin respondernos en concreto, hizo alusión al problema de las expectativas: “Cuando se consiguió el sueño lituano frente a la independencia de los rusos, sucedieron una gran ola de suicidios en Lituania. Hubo varias explicaciones, una se basaba en que cuando has colocado todos los sueños ante un solo canasto y de pronto se realiza dicho sueño, se descubre que la vida sigue siendo igual o peor en algunos aspectos”.

 

Mockus es carismático, no tiene miedo a hacer nada y eso genera seguridad y confianza en la gente. Pero ¿cómo se consigue cambiar hábitos y vincularlos hacia la sustentabilidad en todos los ámbitos sin una persona como él? “Ingeniero es el que hace por un peso lo que cualquiera haría por dos. Profeta el que hace por un peso lo que cualquiera haría por diez”, responde. Nos reímos y pensamos: “Ok, vengan los profetas a estas tierras”. Por su experiencia personal en el trato con diversos uruguayos, asocia la manera de ser latinoamericana con personas que antes de actuar piensan en lo que le conviene al país. El siente que el uruguayo es menos dogmático que el colombiano, que está abierto a la discusión y si la discusión lo lleva a revertir una decisión lo hace. En su opinión, el uruguayo se toma la democracia en serio.

 

¿Cómo caracteriza su liderazgo? “Lo hago de una forma diferente y novedosa, tomando distancia, burlándome de mí mismo”, comenta. Le gusta la gente que devuelve el mundo a su sitio. Por ello, resalta que hay mucho por aprender del ex presidente de Uruguay Mujica, su zona de distancia frente a los rituales del poder es muy importante. También resalta que al Papa Francisco es inevitable tenerle grandes esperanzas. “Es corajudo e indispensable para el destino de la humanidad”, reflexiona. Mockus entiende que la cultura ciudadana implica pensar en el otro y que la paz requiere mucho perdón.

 

 

Conocé más sobre la labor de Mockus en corpovisionarios.org/antanas-mockus y seguí sus pasos en Twitter @AntanasMockus

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