La enana amarilla

Somos seres solares. Esta afirmación argumenta la idea de que la única energía suficiente para sostener el desarrollo de la humanidad, y de la vida toda en este planeta, es el sol.

Por Ugo Giménez.

 

Nuestro sol es una enana amarilla, una estrella de tamaño medio. Este tipo de astros tiene una temperatura media en la superficie de unos 6.000 grados, suficiente para que a unos 150.000.000 de kilómetros, en la Tierra, puedas pasar agua por dentro de un tubo y que te salga caliente para el mate del otro lado. ¿Qué tal?

 

Pues la revolución solar moderna comenzó cuando logramos destilar el sol en energía eléctrica, lo cual nos resulta muy conveniente, ya que los métodos que solemos utilizar para abastecer la exponencial demanda de electricidad, ya no son viables, y sus matrices centralizadas empiezan a verse como intenciones dantescas de explotar al máximo lo poco que hay. Prestar atención estética a las centrales hidroeléctricas, nucleares o de gas basta para darnos cuenta de que son grotescas y aunque algunas están siendo construidas, ya se aprecia su decadencia.

 

Pero la primera revolución solar, para este texto, fue la agricultura, cuando el humano en temprano desarrollo comprendió las estaciones y gobernó las plantas, pudo sintetizar a través de ellas su propio alimento. Dejó así en desventaja a aquellos que tenían que seguir las cosechas donde fuera que estas se dieran. Durante mucho, mucho tiempo, el tema del agua para los cultivos se resolvía poniéndolos cerca de un río, con eso surgieron los canales y acueductos, hasta que un día, ya con la potencia inaudita de la revolución industrial, aprendimos a sacar agua de las entrañas de la tierra.

 

Las máquinas nos ayudaron a sacar materiales de todo tipo del mero suelo donde pisamos, minerales para hacer más máquinas, combustibles para hacerlas cada vez más potentes. Para construir ciudades enteras, desmantelamos montañas enteras. Para hacer más, sacamos más, e hicimos un montón. Imperios nacieron y murieron, maravillas culturales nos han esculpido como dioses en mármoles cortados de la tierra.

 

Este devenir extractivo exponencial, nos trajo hasta internet, así que pues, fue un viaje, sin duda, con altos y bajos. Ahora todo indicaría que en este ir y venir de la historia, nos pasamos un poquito en esto de las extracciones de la Tierra, entre minería, hidrocarburos, agroindustria y pesca extractiva, estamos dejando desierto el planeta. Nos colocamos en un borde, se siente que algo está pasando en la Tierra. Como terrícolas estamos muy comprometidos, pero somos seres solares, y tenemos internet.

 

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