La fuerza de la selva

Para el autor de la columna, el Parque Nacional Madidi, en Bolivia, representa una de las biodiversidades más ricas que ha visto. Cuenta su experiencia en esta nota que refleja la rutina de la naturaleza.

Por Juan Carlos Gambarotta.

 

El Parque Nacional Madidi, Bolivia, de casi un millón novecientas mil hectáreas, tiene un territorio predominantemente montañoso. Las enormes diferencias de altitud que presenta, desde los 5.760 a los 180 m.s.n.m, sus muy variados tipos de vegetación, aunado a su compleja orografía y red hídrica, han permitido que Madidi tenga una riquísima biodiversidad. Su flora cuenta con más de 5000 especies de plantas, y está habitado por 2000 especies de vertebrados, siendo el área protegida que cuenta con mayor diversidad de mamíferos, anfibios, reptiles y peces del mundo.

 

El Río Tuichi, caracterizado por la violencia de sus rápidos, estaba siendo descendido por una expedición internacional de campeones de kayakismo. Su objetivo era demostrar la tremenda importancia de mantener virgen el Parque Nacional, dado que en el estrechamiento conocido como ¨El Bala¨ se planeaba construir una represa. Fui invitado a ir río arriba en la embarcación del Parque Nacional hasta donde, terminados los rápidos, sería el punto de encuentro para facilitar el regreso de los expedicionarios.

 
 

 

Acampamos en la selva de altísimos árboles. Al atardecer, fui gratamente sorprendido por la variedad de aves que cantaban, oyéndose a la vez, voces de aves diurnas y nocturnas: búhos, dormilones, jacamarás, momotos, tucanes, carpinteros, tinamúes, mutums, loros, guacamayos y pájaros. Esos cantos despertaron la hermosa sensación de que la selva, ingenua y feroz a la vez, continúa con sus preciosas rutinas… las oiga uno o no. Pero en esos días, yo estaba allí y atestiguaba la fuerza de la vida. Al caminar bajo los enormes árboles, quedé sorprendido por la variedad de plantas, sin duda la selva más rica que he visto.

 

Cargábamos agua en las cascaditas de las barrancas, cocinábamos en cocinilla a nafta, pero hacíamos fogón, para secar la ropa, porque cada tanto llovía. Tres caimanes negros flotaban en medio de la laguna Chalalán mientras las grandes mariposas azules revoloteaban al sol y pasaban unos guacamayos rojos de ala verde (en Madidi hay 8 especies de aguacamayos).

 

Eso fue hace 4 años. La represa no se ha construido, pero continúan los estudios. El ex director de Madidi denunció a tiempo el arribo de la minería ilegal. Actualmente la minería está fuera de control, destruyendo áreas importantes y contaminando el agua, de la que depende no solamente la vida silvestre, sino las comunidades indígenas que dependen de la pesca para su sustento. Así es la realidad en muchas áreas protegidas. Son declaradas cuando están en territorios remotos, pero cuando llegan las carreteras facilitando el acceso, se descubre que la verdadera protección la daba, en realidad, su inaccesibilidad. Las áreas protegidas del mundo necesitan sustentabilidad.

 
 

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