La ola de reconstrucción

Son muchas las personas, y en especial los jóvenes, que ponen su foco y energía en resolver problemas ambientales, especialmente el cambio climático. Pero no pueden hacerlo solos. Fortalecer el movimiento empresarial puede mejorar la innovación de emprendedores y emprendedoras con ganas de impacto positivo en el planeta.

Por Francesco.

 

El cambio climático se está convirtiendo cada vez más en EL problema a resolver, en muchos sentidos. En mi trabajo como formador de emprendedores para diversas instituciones internacionales como CAF (banco de desarrollo de américa latina) y para algunos proyectos cofinanciados por la Comisión Europea, he tenido la oportunidad de conocer a jóvenes innovadores de todo el mundo. En particular, de África, América Central y del Sur y Europa. Pude ver muchas similitudes y varios puntos en común. La mayoría de ellos se centran en resolver el problema del cambio climático desde distintas perspectivas. Es «poderoso» ser testigo de esta enorme ola de reconstrucción que recorre nuestro planeta. Desde cada «rincón» del mundo, jóvenes innovadores avanzan concretamente y hacen oír su voz. Es un movimiento silencioso que transmite confianza y esperanza en un futuro inclusivo y para todos.

 

Desde hace varios años me dedico a formar a empresarios de todo el mundo. Mi objetivo es guiar a jóvenes emprendedores para que puedan «aterrizar» ideas en proyectos concretos, validar hipótesis y lograr el llamado product-market fit de nuevos productos o servicios que puedan tener un impacto visible en toda la comunidad. Aplicando metodologías de trabajo como el design-thinking, el customer discovery y la hoja de ruta tecnológica, tratamos de guiar a los emprendedores en el proceso de analizar los problemas y descubrir las soluciones más adecuadas para resolverlos.

 

 

Lo que me sorprende, y me da esperanzas para el futuro, es la enorme atención de las instituciones internacionales y los jóvenes empresarios hacia el tema del cambio climático. Esta atención y cuidado se traducen en más inversión y, por tanto, en productos que pueden romper moldes y cambiar el statu-quo. Entre los muchos ejemplos que me vienen a la mente, podría mencionar Marula Proteen (https://weareproteen.com/), una empresa emergente que en Kampala (Uganda) convierte cada día, 50 toneladas de residuos orgánicos (cáscaras de plátano, materiales de desecho de comedores escolares, etc.) en abono orgánico. Con la ayuda de la mosca soldado negra, un mosquito con un apetito inusual, en sólo 8 días consigue convertir los residuos orgánicos en abono, que los campesinos pueden reutilizar en sus cultivos. Con la propuesta de valor «de la basura al dinero», Marula ayuda a miles de campesinos de África Oriental a convertir los residuos orgánicos en abono de forma circular. Es una tecnología que se conoce desde hace mucho tiempo, pero que con la atención de estos años se está convirtiendo en una solución revolucionaria.

 

Tenemos soluciones para todos nuestros problemas, sólo tenemos que prestar más atención

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