La posibilidad del cine para transformar e inspirar a la gente es maravillosa

El arte es un gran inspirador y el cine uno de los grandes mentores dentro de ese vasto abanico, para sensibilizar y generar la necesidad del cambio. Además, el cine suele estar vinculado con la coyuntura socio política y, en temas ambientales, es un instrumento alucinante de expresión, de “despertar” a las personas, de reivindicar problemas e irregularidades. Sobre eso conversamos con Leonardo Ricagni, cineasta, escritor y productor uruguayo radicado en Los Ángeles desde hace décadas.

 

Por María Victoria Pereira Flores

 

¿Cómo fueron tus primeros pasos en el arte de la filmación?

El mundo del cine “me cayó del Universo” porque en realidad nunca lo estudié. Era un poco esotérico y de adolescente me fascinaba la música, fusionando eso empecé con los videoclips. Me interesaba todo lo relacionado con los fenómenos extraterrestres y, motivado tras un viaje a Perú, y a partir de esa movida que primero me entró por los ojos, pero después por el corazón; me cayó la idea de agarrar una cámara, poner encuadre, música y salir a hacer las primeras bandas de videoclips. Era como que “lo sabía hacer sin saberlo”. Ya había ido varias veces a Nueva York y había sido DJ, por lo que la música estaba dentro de mí y, de alguna manera, empecé a poner imágenes a la música que sentía. Comencé a filmar por diversión, luego se transformó en una pasión de mi alma. Tras los videoclips, apareció en mi vida la publicidad (fue el Director de “El grito del Canilla”) y, más tarde, las películas. Dirigí una muy loca, muy surrealista (“El Chevrolé”), que manejaba códigos “sin querer queriendo”. Una película que si bien fue el resultado de un trabajo en equipo, nunca nos sentamos a escribirla sino que fue un “pingponeo”, pues por esas épocas no era muy creyente de escribir las películas, sino más de hacerlas Algo medio loco, pero que me fascinaba.

 

 

¿Quién mueve al cine?

No es tan fácil, se requiere de lo comercial e inversores pues el cine, además de un arte, es un gran negocio, algo que se palpa muchísimo en Hollywood y precisamente por ello es que surgen varios conflictos y corrientes. Por un lado, una necesidad de expresión artística y de estar conectados con una creación, algo superior y fuerte; y por otro lado, también es una industria que mueve millones y millones. Así también pasa con la publicidad, que es muy bonita, pero puede ser un desastre, en el sentido de que a veces uno filma cosas que no le interesa vender. Personalmente tuve momentos en los que no tuve conciencia filmando feliz campañas de cigarrillos, aunque también era lo que me permitía en esa época filmar y captar vida, captar imágenes. Y también gracias a eso de repente fue allí cuando empecé a pensar: “¿Esto es lo que quiero?”.

 

 

Vivías en Nueva York en el 2001, más precisamente el día 11 de Septiembre durante el atentado de las torres gemelas. ¿Qué significó eso en tu vida personal y artística?

Me tocó viviendo a cuadras de allí y a los interrogantes anteriores se me sumaron otros: “¿Y ahora con qué me voy? ¿Con una cantidad de comerciales filmados y ya está? ¿Es esto lo que queda?”. Pues los comerciales se hacen, se disfrutan, pero muy pocos perduran. “El Grito del Canilla” fue algo más que un comercial y por eso continua enérgico en la conciencia de todos los uruguayos. Fue el haber captado un pedazo de vida con escenas puntales nuestras, se tocó el impulso (las venas) del Uruguay de ese momento y se hizo de forma absolutamente intuitiva, sin guión alguno, pero sí con un empresario que se las jugó (Daniel Sheck) y yo salí en una aventura con una cámara al hombro. Es más, durante todo el proceso nunca fui consciente y por suerte, porque en el momento en que se toma conciencia dejas de estar en conexión con lo lindo y lo intangible. Pero volviendo al 11 de Septiembre de 2001, en Nueva York era el fin de mundo, se sacudió todo, estando allí no se pensaba que era un atentado sino varios y que todo terminaba. Fue un shock muy fuerte y no pude volver a mi departamento por dos semanas. Eso me llevo a que mi alma me diera un sacudón y revisara toda mi vida mediante un proceso de sanación importante. Se empezó a tambalear toda mi estructura de Director de Publicidad porque “no me llenaba el Alma” y comencé un camino de hacer un cine de conciencia, dedicándome a hacer una película a la que le puse amor y alma: “Indocumentados”, que versa sobre la historia de cómo el acontecimiento de las torres gemelas le influyó en la vida a cuatro familias de inmigrantes indocumentados (de cuatro continentes distintos), como les impactó y cómo los desplazo de la sociedad. Fue una película escrita, producida y dirigida por mí. Si bien era un tema de actualidad, en su momento fue “anticipada” y lamentablemente no tuvo impacto comercial, pudo haber pasado que o no encontró el público o el público no encontró la película. “Indocumentados” marcó mi etapa de poner conciencia en el cine, pero es difícil navegar esas aguas dentro del sistema americano de Hollywood, donde solamente hombres como Leonardo Di Caprio, Oliver Stone, George Clooney, Matt Damon, gente con muchísimo “power” han comenzado a atreverse a tocar ciertos temas sin que sea propaganda.

 

 

 

¿Cómo fue exactamente tu impulso con ese cine de conciencia?

Mi necesidad vino por hacer un llamado a lo social, a la unión. Y el elemento de alianza en “Indocumentados” fue la espiritualidad, no soy un ser religioso, pero sí de fe en Dios y casualmente el componente que hace esa fusión en la película, aún sin quererlo directamente, es un cura irlandés católico (que curiosamente es uno de los apósteles del musical “Jesucristo Superstar” de la década de los ´70, dato que me enteré mientras filmaba). Es como que la compasión humana me tocó y es desde ese aspecto que para mí lo ambiental impacta sobre lo humano. Al punto de que tengo ya escrito el guión de “Oro Verde”, una película más compleja, bonita y profunda, que versa sobre las plantaciones de caña de azúcar y cómo el generar un combustible alternativo. Narra en cierta manera la lucha de David contra Goliat con las megacorporaciones que vienen a sacar a los pobladores cañeros, hecho que puede suceder en cualquier lugar de Latinoamérica. Es una película con mucha energía, que estuvo a punto de salir con la productora de Leonardo Di Caprio, pero no se cerró, y para mí cuando una película no sale tenés que moverte en otros proyectos hasta que se destrabe. Pero reconozco que probablemente de los 10 guiones que he desarrollado en los últimos años (de películas y series), “Oro Verde” es la que más me gustaría hacer por ser la que más me toca el alma.

 

 

¿Cómo sos en tu vida diaria en las acciones que influyen con el ambiente?

Me muevo en auto eléctrico en Los Ángeles, uso mucho la bicicleta, soy muy consciente con los usos de todos los elementos (duchas rápidas y frías, luces no encendidas sin personas, no abuso del aire acondicionado) y lo fomento con mi círculo más cercano. No permito jamás pedir comida de más, y si estoy en un restaurante y sobra comida me la llevo para dársela a alguien que vive en la calle. Me considero un reciclador nato de todo lo que pueda ser reciclable.

 

¿Qué objetivo tenés hoy a nivel profesional?

Tengo un verdadero interés en llevar adelante una productora que tenga las tres patas de la sustentabilidad: social, económica y ambiental. Todo lo cual va mas allá de una película, como una plataforma para poder actuar y abrir conciencias, aprovechando a los espectadores sentados durante más de una hora. No es imposible, pero sé que es complicado. Aún así me encantaría armar algo nuevo, hacer algo totalmente eco, alinearme con el Universo, de material sustentable, energías alternativas, incluso creo que un poco por eso estoy de vuelta en Uruguay filmando. Me siento en una etapa donde transito un camino de acercamiento con mi país de origen, que tengo que estar acá por un llamado que puede concientizar y donde la película que estoy filmando es un gran “caramelo”, porque hay algo de lo que dice de su discurso que está alineado con lo que siento. Tengo algo así como una sensación de volver a casa (a la tribu) y en esa vuelta van pasando cosas mágicas, como la posibilidad de hacer algo en conjunto con Gustavo Cordera, una persona donde en todas sus actuales canciones llevan mensajes de vida implícitos. Reconozco francamente que tampoco estoy dispuesto a perder lo comercial porque no quiero ser una ONG, pero como dice el poeta Antonio Machado con su “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, siento que voy por donde tengo que ir en este momento.

 

 

¿Qué valor le das al cine para comunicar mensajes socio-ambientales?

Mucho, una imagen vale más que mil palabras. La posibilidad del cine para transformar e inspirar a la gente es maravillosa. Creo en la propiedad transformadora del cine. Hay documentales como el dirigido por Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado que son realmente maravillosos y generan fenómenos sensitivos: “La Sal de la Tierra”. Otro gran ejemplo ha sido “Avatar”, una película que tiene elementos que tocan el inconsciente colectivo humano, el corazón, muy mística y espiritual. Enfocada al respeto, a la interrelación, con acciones tales cuales el pedir perdón antes de matar a un animal, y que ha sido una de las más taquilleras de la historia.

 

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