Lo que sale del monte

Inmersos en el vasto Impenetrable argentino, en la provincia de Chaco, emprendedores locales se organizaron para fomentar el desarrollo local valorando la vida silvestre nativa y los ecosistemas naturales.

Por Jorge Mazzochi

 

“Algo se mueve en el fondo del Chaco”, cita el cantautor argentino Ramón Ayala. Pero al menos, en este pedacito de mundo, en esta porción de territorio y de conciencia, no es el antiguo “cachapé”-viejo carruaje- tirado por bueyes, ni los actuales camiones, llevándose los rollizos de quebrachos y algarrobos, itínes y palos santos. Pero el gran avance del extractivismo maderero continúa siendo tan brutal, que es preciso restaurar los ambientes naturales a su origen y reintroducir las especies que han desaparecido de estos ambientes.

 

La creación del Parque Nacional Impenetrable protege 130 mil hectáreas del gran Chaco seco, quizá el último bastión y refugio de especies en peligro, como el tapir, el yaguareté y el tatú carreta. Y dentro de su territorio, la fundación Rewilding Argentina, colabora con los Estados en la creación de áreas protegidas, mediante la donación de tierras, y lleva a cabo la ardua tarea de la restauración (rewilding) con planes a largo plazo que intentarán reconstruir un ecosistema completo. Pero claro, sí, es un proyecto muy ambicioso. El cual tiene que lidiar con la obtención de fondos, presiones de caza, desmontes ilegales y miradas descreídas ante lo desconocido.

 

 

Desde su nacimiento, este proyecto precisó de la integración social. La comunidad que circunvala el área protegida está emplazada en un contexto de mucha vulnerabilidad y necesidades básicas no cubiertas. Entre criollos y pueblos originarios han logrado conservar el acervo popular, como una semilla que aguarda en su letargo las condiciones propicias para germinar.

 

Cuenta Alina Andrea Ruíz, capacitadora de gastronomía y productos autóctonos, cómo fueron los principios de la organización. Cuando al rescate de antiguas recetas, se reunían en la plaza bajo pérgolas de madera y techos de palma. Así nacieron las primeras producciones del monte nativo. Dulces, arropes, alojas y, la estrella de la casa: la harina de algarroba. Se sumaron artesanías en madera, cuero, lana y cerámica. De a poco fueron creciendo, armaron la Fiesta Provincial de la Algarroba y en noviembre del año pasado, se inauguró la Escuela Taller, una infraestructura donde se elaboran y comercializan los productos, pero además tiene un valor agregado:es punto de encuentro y socialización.

 

Por otro lado, la fundación instaló carpas por fuera del Parque Nacional, en conjunto con el Instituto de Turismo de Turismo de la provincia, y un camping (gratuito) sobre las costas del río Bermejo. La asociación de prestadores de servicios turísticos está en pleno proceso de formación y el objetivo será brindar comidas típicas, excursiones y senderismo, en busca de la abundante flora y fauna que abunda de sobremanera en este rincón sagrado del gran Chaco impenetrable.

 

Hoy vemos salir del monte, un puñado de pobladores empoderados protegiendo su ancestral monte nativo en pie. Será imprescindible proteger la otra costa del río, sobre el lado formoseño, para replicar este desafío que ya tiene un ejemplo de convivencia exitosa, entre naturaleza y sociedad.

 

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