Los animales como móvil de mis viajes

El viaje es como una forma de arte, puede ser vulgar, trillado o inspirador. El itinerario sería la composición, las latitudes constituirían los colores y la forma de ser del viajero, el sustrato. Como en el arte, el resultado solo depende de quién lo haga.

 

Por Juca Gambarotta.

 

Desde niño quise viajar. ¿El motivo? Tener encuentros con los animales de los que sabía por mis libros. El que más influyó fue sin duda la Enciclopedia de los animales, de hermosas fotos en papel brillante, cuyos fascículos esperaba ansioso. Esos libros y otros me ayudaron a elegir cómo quería ser yo.

 

Creo que la mayoría de las personas que viajan tienen una visión estereotipada de cada continente y eso se refleja en las fotos que toman. En Europa se fotografían viejos edificios, en América del Norte los nuevos, en Asia templos, en Sudamérica paisajes y en África animales. Por eso, varias personas se han sorprendido al ver mis fotos de Europa: ciervos, bisontes y enormes árboles en un bosque virgen. Otro tanto ha pasado con mis fotos del subcontinente indio: un tigre, manadas de gaúres (el mayor y más gallardo bóvido del mundo), rinocerontes y cocodrilos.

 

 

Al programar cada viaje armo el itinerario de tal forma que pase por los sitios donde habitan los animales que priorizo ver en cada región. Eso me ha llevado a sitios apartados, donde al quedar fuera de los circuitos turísticos el lugar se mantiene genuino. En esos lugares, a donde no es fácil llegar, he tenido hermosas vivencias, cosas simples de la vida, justamente, las que más añora el viajero cuando está en su casa. Si he podido ver gibones, antílopes cervicabra y gorilas fue por la gente que vivía cerca de ellos y de manera desinteresada propició que yo pudiera estar cara a cara con esos animales en su ambiente natural. El avistamiento de animales en unos cuantos casos puede ser considerado el atractivo turístico. En Los Esteros del Iberá en Corrientes, Argentina, en El Pantanal en el centro de Brasil y en general en África lo es toda la comunidad de animales. Pero muchas veces el atractivo es más que nada una especie. Es el caso de la Ballena franca austral en Península Valdés, la migración de ñúes en el Serengueti, el gorila de montaña en tres países de África Central, el tiburón ballena en ciertos puntos de México y hasta el lobo en el legendario Yellowstone.

 

 

En la actualidad, es más fácil ver algunos animales aunque estén en peligro de extinción. Por ejemplo, yendo a ciertos parques nacionales de la India y Nepal, la posibilidad de ver un tigre de día es bastante alta, cuando antes se podía buscarlos durante años sin lograr ver más que sus rastros. Ello se debe a que en muchos parques nacionales la conservación es tomada en serio y los animales responden a la protección. Resulta que muchos animales no son naturalmente tan nocturnos como se creía, sino que se han vuelto nocturnos al ser perseguidos y al sentirse protegidos han vuelto a tener actividad diurna.

 

No es novedad que los espacios naturales y sobre todo los grandes animales van escaseando. Nuestros hijos y nietos siguen teniendo osos, leones y elefantes de peluche. Eso es porque los animales siguen movilizándonos de una u otra manera. Hasta un león, animal reconocido como fiera por la mayoría de las personas, produce ternura si encarna un juguete. ¿Cuántos niños al crecer querrán ver con sus propios ojos en libertad a los animales reales que inspiraron sus juguetes? Ojalá que muchos, porque en este mundo en que todo parece tener que argumentarse (hasta la protección de la propia madre naturaleza de la cual somos producto) será más fácil que se los conserve.

 

 

A diferencia de la selva amazónica y de los hielos de Groenlandia, si se extinguieran los gorilas de montaña y los rinocerontes de la Sonda y los tigres, no sucedería ninguna catástrofe, pero ¿qué gracia tendría vivir en un mundo sin ellos?

 

 

En Uruguay es extremadamente difícil toparse con mamíferos silvestres mayores que una liebre. A ambos lados de nuestro país y nada lejos (al oeste los ya mencionados Esteros del Iberá y al este la Estación Ecológica de Taim) es posible ver muchos carpinchos que no son perseguidos. Ojalá no pase mucho tiempo antes de que los uruguayos aprendamos de esos buenos ejemplos de nuestros vecinos.

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