Los desafíos de la conservación en un Uruguay productivo

Por Soledad Ghione
Fotos: Soledad Ghione y María Victoria Pereira Flores

 

Actualmente, los sistemas naturales y las especies de flora y fauna se encuentran en una situación de alta vulnerabilidad frente a las diferentes fuentes de presión que representan el crecimiento económico y el desarrollo a nivel mundial; y Uruguay no escapa a esa realidad.

 

En el país latinoamericano se conoce la lista de especies prioritarias para la conservación. Se han seleccionado basándose en distintos criterios, como su estatus de amenazadas, por ser endémicas (es decir, por ser especies que solo se encuentran en nuestro país), por poseer algún aspecto biológico singular o por ser especies para las cuales se recomienda tomar medidas para hacer un uso sustentable. La lista está conformada por 1.201 especies prioritarias para la conservación, de las cuales 688 son plantas, 168 son peces, 123 son aves, 93 son moluscos, 71 son mamíferos, 37 son reptiles y 21 son anfibios. La mayoría de las especies (82%) se encuentran bajo cierto grado de amenaza.

 

Por otra parte, entre 2008 y 2011 los pastizales naturales (más comúnmente conocidos como “praderas”), que representan el ecosistema natural dominante en el territorio uruguayo con un 60% de cobertura, disminuyeron un 3% su superficie. El motivo se debe a la sustitución de estos sistemas naturales por sistemas productivos intensivos, como los monocultivos de soja y la forestación industrial.

 

Esta situación genera enormes desafíos a la conservación en un Uruguay productivo, cuya economía se basa en la explotación de sus recursos naturales para la exportación. Las exportaciones de los llamados “commodities” (materia prima sin procesar), representan la mayor parte de las exportaciones del país y generan una fuerte presión de transformación sobre el uso de la tierra.

 

Las respuestas a esta realidad han sido variadas. Desde el siglo pasado existen en Uruguay las áreas protegidas. Sin embargo, no fue sino hasta el año 2000 que se creó el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) con la Ley N° 17.234. Desde entonces, se ha avanzado en la construcción de 14 áreas formalmente ingresadas, que abarcan 279.516 mil hectáreas del país, incluyendo superficies terrestres y marinas, bajo distintas categorías de protección. Sin embargo, los desafíos de un SNAP inserto en un país productivo y con un 95% del territorio en manos de privados son enormes, no sólo en lo que respecta a la toma de decisiones, sino también en lo que respecta a la sostenibilidad financiera.

 

Al igual que en el resto del territorio, dentro de las áreas protegidas se enfrentan problemas de caza ilegal de especies prioritarias para la conservación, como el carpincho y la mulita, y también numerosas aves, como el dragón y el churrinche, los cuales son cazados por sus majestuosos colores.

 

Esto generó el desarrollo de propuestas impulsadas desde sectores de la sociedad civil, donde se busca armar una red de iniciativas voluntarias (llamados “Refugios de vida silvestre”) para contribuir a la conservación de la biodiversidad en predios privados, promoviendo una producción compatible con la conservación y el desarrollo sostenible del país.

 

Los desafíos a la conservación de la biodiversidad en Uruguay son grandes y hay mucho por hacer todavía. Pero hay avances y son variados los esfuerzos que se han hecho y se continúan haciendo desde distintos sectores. Es necesario profundizar el trabajo desde la concientización social de forma de potenciar tanto las iniciativas públicas como privadas, para entre todos generar respuestas que contribuyan al desarrollo sostenible sin descuidar el cuidado del patrimonio natural del país.

 

Informate sobre el sistema de áreas protegidas de Uruguay en mvotma.gub.uy/snap y sumá tu aporte a la conservación en vidasilvestre.org.uy

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