Paz y desarrollo sostenible: dos caras de una misma moneda

Casi de manera instintiva, el ser humano busca vivir en una sociedad pacífica. En un mundo que refleja cada vez más desigualdad, el desarrollo sostenible pasa por garantizar que todas las personas puedan gozar de una vida libre de cualquier forma de violencia o discriminación.

Por María Sofía Muratore.

 

 

“Armonía con uno mismo, con las culturas del mundo y su relación con la naturaleza”. Así define René Calpanchay a la paz. Con un hablar suave y una sonrisa que, de alguna manera, puede escucharse, su voz transmite la temática en cuestión. Quizás esa paz que se desliza en su voz es la herencia de una sabiduría ancestral que trae a la actualidad a través del proyecto que co-fundó, Pueblos Originales, una plataforma de experiencias únicas de turismo para acercar la cultura indígena de la Puna Jujeña.

 

Una palabra tan corta, pero un sinfín de reflexiones que se remontan a los filósofos más antiguos. La paz solía definirse por su opuesto: el “no estar en guerra”. Pero de lo que queremos hablar va mucho más allá de conflictos bélicos. La paz es ese elemento fundacional para que una sociedad pueda prosperar. Como uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS16) que establece “Paz, justicia e instituciones sólidas”, la meta establecida por Naciones Unidas para su agenda 2030 tiene entre sus objetivos, garantizar la seguridad de todos los seres humanos, facilitando su acceso a la justicia y reducir todas las formas de violencia. Se trata de un objetivo primordial para que se cumplan todos los otros.

 

“Porque la paz es aprender es ser empáticos, es comprender las diferencias y construir desde la solidaridad”, agrega Bárbara Beltran Torres, quien es Coordinadora de América del Sur de One Young World y Educadora del World University Service Germany. Oriunda de Perú, busca enseñar la importancia de promover el desarrollo sostenible en los jóvenes a través de su organización Green Dreams. Ella está convencida de que promover estos principios es crucial para lograr un equilibrio ambiental, social y cultural; siendo estas las bases para afianzar la calidad de vida de las personas.

 

Entonces, el desarrollo sostenible y la paz son dos elementos interdependientes, que se refuerzan mutuamente. Es así que la paz no puede prosperar en una sociedad desigual, donde persiste la pobreza, la falta de acceso a recursos y el daño constante a la naturaleza. Las crisis humanitarias, las secuelas de la pandemia, y las desigualdades en materia de diversidad cultural, el cambio climático, y la continua migración, exigen que se repiense la forma de atacar dichos problemas sociales y ambientales, comprendiendo que la paz es transversal a la meta de un futuro resiliente y próspero.

 

Pero, para poder alcanzar este objetivo, es importante analizar qué significa consolidar la paz en la actualidad. Comencemos por un factor crucial que comprende el concepto: las personas.

 

Paz para el desarrollo

 

Tradicionalmente, la paz se ha abordado en pasos secuenciales y separados. En una zona de conflicto, primero llegaría el rescate humanitario; luego se trabajaría para lograr un cese de fuego, acompañado por fuerzas de mantenimiento de la paz. Le seguiría crear y establecer un nuevo sistema de gobierno; y como último paso, invertir en el desarrollo económico, social y ambiental. Pero la consolidación de la paz y el desarrollo son simbióticos, no funcionan en silos. El abordaje debe ser coherente e integrado, sabiendo que el desarrollo sostenible, la paz y la seguridad, y los derechos humanos se refuerzan mutuamente.

 

Laura Ospina Montaña, Especialista en Métodos de Resolución de Conflictos y Alianzas Público-Privadas del Programa de Justicia Inclusiva de USAID (US Agency for International Development), establece que para consagrar la construcción de la paz, se debe manifestar la capacidad de una sociedad de conciliar, tolerar y tener una comunicación asertiva. “Convivir, cooperar y participar es lo que impulsa cualquier ámbito de desarrollo”, agrega la especialista. “La paz es fundamental para alcanzar el desarrollo de cualquier sociedad, porque a raíz de ella surge la equidad, el respeto, la esperanza y la creación de una cultura de convivencia social pacífica”.

 

Volviendo a las palabras que abrieron este artículo, René las retoma y decide abordar el concepto desde una mirada que pone en el centro a su herencia indígena y la interacción con esta comunidad. Según su perspectiva, la paz debe responder a la interculturalidad en los diversos modelos económicos, políticos y sociales. “Debe ser el instrumento para transitar el camino hacia hacia el buen vivir y así alcanzar el desarrollo”.

 

El desarrollo del que habla René es el sostenible. Y es que son dos caras de una misma moneda. Flavio Scasso, Analista del Programa del Área de Desarrollo Sostenible del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD Uruguay) considera que “la paz debe ser sinónimo de desarrollo sostenible gracias a la construcción de sistemas responsables e inclusivos”. Es por eso que destaca que la sociedad se ve obligada a repensar los modelos existentes y construir a partir de una mirada más consciente de los recursos y la diversidad cultural, para preservar el futuro.

 
 


 
 

Crisis actuales y búsqueda de cambios individuales 

Un estudio de Oxfam indica que 26 personas poseen la misma riqueza que 3800 millones de personas. Mientras, más de la cuarta parte de todos los adultos que trabajan son pobres, ganando menos de 3,10 dólares por día. Por otro lado, en materia de seguridad y protección, ACNUR establece que desde fines de 2021, más de 89,3 millones de personas se han visto forzadas a desplazarse de sus hogares por conflictos, violencia, o persecución. Al mismo tiempo, y según datos de las Naciones Unidas, en 2019 se registraron 357 asesinatos y 30 desapariciones forzadas de defensores de los derechos humanos, periodistas y sindicalistas en 47 países. ONU Mujeres establece que al menos 200 millones de mujeres y niñas en 30 países se sometieron durante 2019 a la mutilación genital femenina (MGF); y y en 49 países no existen leyes que protejan a las mujeres de la violencia doméstica. ¿Hay algún desafío que sea más importante que otro? ¿Hay algún grupo humano que tenga prioridad? ¿Cómo se define por dónde comenzar?

 

Laura decide destacar dos tendencias que urgen de acciones concretas: “Las crisis más latentes que se destacan hoy en el mundo y que tienen incidencia directa en la consecución de la paz son las crisis de salud y las crisis ambientales. Ambas afectan directamente a que varios niveles y grados de conflictividades surjan y sean muy complicados de resolver, dado que sus niveles de intensidad afectan la capacidad de las sociedades para consagrar la paz”.

 

En función del segundo problema mencionado por Laura, Flavio suma la crisis alimentaria, y las hambrunas existentes a nivel mundial. Según la FAO, más de 820 millones de personas en el mundo padecen hambre. Es por eso que el especialista afirma la necesidad de trabajar en la transformación de un sistema agroalimentario mundial capaz no sólo de alimentar a estas personas, sino de crear productos para las más de 2.000 millones de personas que vivirán en el mundo en 2050. “Es importante pensar en un modelo que sea resiliente, que no busque quitarle a la tierra más de lo que tiene. Pensar en una transición ecológica, siendo capaces de preservar los bienes naturales. Y en segunda instancia, la importancia de cambiar el modelo de comercialización, afirmando el producir y comprar local”.

 

René dice que el problema es más trascendental: “Pareciera que los seres humanos buscamos ser salvadores para poder solucionar los problemas existentes. Sin embargo, no somos capaces de entender que lo que necesitamos es desarrollar el sentir, en armonía con el pensar y así lograr co-crear una nueva forma: no de hacer, sino de ser”, profundiza, refiriéndose a la que él considera es la mayor crisis de todas: la falta de conciencia emocional.

 

Ahora bien, para lograr un cambio de mirada social se necesitan dos cosas: educación y comunicación. “Tenemos que enseñar a aceptar la diversidad, y a construir desde la diferencia”, explica Bárbara. Además, agrega que América Latina, la región que lleva el triste título de ser la más desigual del mundo, tiene un desafío que apela a un aspecto que debería ser considerado un valor: su diversidad. “Tiene el desafío de construir una mayor unión para así solventar problemas comunes y construir modelos de bienestar y equidad”, establece.

 
 

 

¿Se puede invertir en la paz? 
Hace no tanto tiempo, “invertir” en la paz era promover ayudas oficiales, ya sea por medio de donaciones o préstamos, en aquellas zonas de mayores conflictos. Sin embargo, estas solo terminaban generando dependencia o soluciones que carecían de una prolongación en el tiempo. Una verdadera inversión en paz tiene que buscar restablecer el sistema económico en pos de una mayor inclusión, y de la construcción de un ecosistema más resiliente. Es decir, se busca invertir en proyectos que aluden, más allá de un retorno financiero exitoso, a un resultado positivo en materia ambiental, social y gubernamental.

 

En 2019, en la reunión anual del World Economic Forum, se introdujo el concepto de Humanitarian and Resilience Investing (HRI). Se refiere a la importancia de establecer capital privado y la co-creación de diversos actores para responder a crisis humanitarias e invertir en respuestas que solventen a las comunidades más vulneradas.

Siendo así, Laura, destaca: “Las donaciones son sumamente importantes y muchas veces hacen toda la diferencia a quien la recibe, además son fundamentales para enfrentar, de manera inmediata, una crisis humanitaria. No obstante, lo que verdaderamente hace que una intervención sea sostenible es la inversión, dado que no está pensada en ser de momento ni para mitigar la crisis, sino para que la crisis pueda ser superada a través de herramientas para tal fin”.

 

Es por eso que René reivindica la relevancia de cambiar modelos de reciprocidad donde todos ganen, modificando también los usos y costumbres: “Se invierte mucho en acciones concretas, pero no en cambios de paradigmas que realmente finalicen brechas y logren la inclusión. Es importante pensar en qué impacto queremos lograr a largo plazo y cómo queremos convivir para lograr la paz, y así lograr seguridad, justicia y atenuar conflictos”.

 

Flavio vuelve a los postulados del ODS 17 de la Agenda 2030, y proclama la importancia de las alianzas. No basta solo con invertir, sino también el intercambio entre diversos actores: público, privado y tercer sector, “para realmente lograr un impacto trascendental de las inversiones”. Porque como dice Bárbara, y en particular para el caso de América Latina, es necesario “trabajar juntos para encontrar soluciones cada vez más fuertes”.

 
 

 

Esperanza para el presente, solución para el futuro 
Cuando hablamos de paz, ¿siempre vamos a referirnos a ella en un tiempo futuro? Pareciera que estiramos nuestra mano hacia ella, sin embargo, nunca logramos alcanzarla. ¿Podrán hacerlo las generaciones por venir? Laura piensa: “La juventud es el futuro, y son quienes deberán tener las mejores herramientas para resolver las futuras crisis, así como las existentes. Son aquellos los que podrán enfrentar las crisis desde la experiencia y el conocimiento, por lo cual es fundamental trabajar con los jóvenes y empoderarlos para resolver, mitigar y evitar futuras crisis”.

 

Parte de esta generación en la cual se deposita la esperanza del cambio, Bárbara agrega: “América Latina tiene principalmente una población jóven. Esto debe ser una ventaja, y una posibilidad de despertar hacia un movimiento de mayor hermandad y compromiso cívico, cada acción es valiosa. Las nuevas generaciones son quienes deben marcar el camino, deben buscar soluciones sin usar la fuerza o la violencia, y exigir la paz a los gobiernos con la palabra y el buen ejemplo”.

 

La paz no es simplemente un marco de referencia. Requiere participación de una sociedad dinámica que exige a sus gobiernos acción e inclusión. Demanda una economía que asegura que los conflictos no escalen y que los más vulnerados no sufran. Con un panorama optimista, finaliza René: “Las crisis humanitarias influyen en las generaciones futuras. Pero, por eso es importante la co-creación para regenerar nuestra sociedad y la naturaleza. Debemos dejar una herencia en pos del hacer y no del conflicto. Construir un legado desde el bien común y así alcanzar la paz”.

 
 

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