Pensamiento sistémico y alfabetización ecológica

Ingredientes para la regeneración ante una crisis planetaria que demanda una nueva matriz que guíe la actividad humana.

Por Christian Tiscornia.

 

La ciencia ha sido determinante en el último informe de la ONU sobre la magnitud de la crisis climática. Es un hecho inequívoco que la actividad humana ha modificado el sistema climático calentando la atmósfera, los océanos y la biósfera. Los expertos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) nos advierten que, de no realizarse transformaciones rápidas y radicales, es muy probable que las condiciones para la vida en la Tierra se pongan cada vez peores. La situación es tan grave que amerita parar, comprender en profundidad sus causas y desarrollar una nueva matriz de pensamiento que nos ayude a construir el camino de salida a esta crisis planetaria.
 

El pensamiento sistémico es una forma de ver el mundo como una diversidad de sistemas interconectados e interdependientes, en lugar de muchas partes autónomas.

 

Nos invita a bucear en los modelos mentales que sostienen la realidad, busca identificar y comprender los pilares invisibles que alimentan los patrones de conducta de una sociedad.

 

Como herramienta de pensamiento, busca oponerse a la visión reduccionista del mundo, que sostiene que el funcionamiento de un sistema puede entenderse a partir del estudio de sus partes aisladas, y reemplazarlo con la visión donde cada elemento de un sistema es parte de un todo integrado, más amplio, y que las relaciones entre sí son críticas para comprenderlo. Como diría Peter Senge, el pensamiento sistémico es una disciplina para ver totalidades.

 

Según la científica ambiental Donella Meadows un sistema es un conjunto de elementos interconectados que trabajan de forma colaborativa en un determinado ambiente y realizan las funciones que sean necesarias para alcanzar un objetivo común.

 

El mundo está constituido por una infinidad de sistemas dentro de sistemas. En este sentido, podemos desarrollar una mirada hacia los infinitos sistemas microscópicos o hacia los macro sistemas que componen la Tierra, llegando hasta el cosmos.

 

Lo que caracteriza a un sistema es su dinamismo, su constante cambio y evolución y, por ende, sus propiedades emergentes. Se definen por sus interrelaciones. A mejor calidad de interacciones entre sus elementos, mejor funcionamiento del sistema. Uno de los ejemplos más perfectos para observar la armónica interactividad de los sistemas y sus propiedades emergentes es la naturaleza. Se compone de una cantidad de partes individuales que trabajan juntas para crear un todo dinámico, equilibrado y en constante evolución, como lo es el Planeta.

 
 

¿Qué tipos de sistemas hay?

 

Para incorporar una nueva mirada sistémica en nuestra forma de pensar, podemos agruparlos en tres grandes tipos: los sistemas sociales, los sistemas industriales y los sistemas naturales o ecológicos. Podríamos describir a los sistemas sociales como las reglas y estructuras intangibles creadas por los seres humanos para mantener la cohesión social (el sistema político, la educación, el sistema judicial, la familia, la religión o el sistema financiero entre tantos otros). Los sistemas industriales se refieren a todo el mundo material creado para satisfacer las necesidades humanas (las ciudades, los medios de transporte, los sistemas de producción agrícola, la manufactura o el internet). Por último, tenemos los sistemas de los cuales dependen todos los otros; los sistemas ecológicos. Son aquellos creados por la naturaleza, que mantienen la vida en la Tierra y que involucran una comunidad de organismos vivos y su entorno. Desde los océanos, la atmósfera, los seres humanos, los desiertos, los bosques, hasta los suelos, o los humedales.

 

Un objetivo central del pensamiento sistémico es superar la mirada lineal del mundo e incorporar una nueva visión tridimensional. Diseñar una forma de pensar basada en sistemas circulares, saludables, donde logremos comprender cómo estos múltiples sistemas (sociales, industriales y ecológicos) se relacionan, se influyen constantemente, y se transforman entre sí. Hoy día, como resultado de esta forma lineal de pensar y diseñar el mundo material, estamos plagados de productos y servicios que dañan los complejos sistemas que la naturaleza ha desarrollado de forma regenerativa con el fin de sostener la evolución de todas las especies en la Tierra.

 

Antes que podamos resolver algo, primero debemos comprenderlo. El mapeo de sistemas es una herramienta que nos permite bucear en la profundidad de los problemas, comprender sus retroalimentaciones, obtener una perspectiva de causalidad, y hacer inferencias válidas analizando la complejidad de lo que subyace. Uno de los aprendizajes que nos trae el pensamiento sistémico es suspender por un momento la necesidad inmediata de resolver y animarnos a abrazar las relaciones complejas, desordenadas y hasta caóticas que suelen componer el núcleo de los sistemas.

 

En este sentido, tenemos que desaprender un patrón cultural que tiende a tratar los síntomas de los problemas y no sus causas. Si sólo hacemos foco en un síntoma, si atendemos únicamente las consecuencias de aquello más profundo que está sucediendo, sólo movemos el problema de lugar, pero éste tiende a repetirse, y peor aún, a profundizarse. Hay una máxima en el pensamiento sistémico que dice que los problemas de hoy son resultado de las soluciones de ayer. El rol de la educación es central para desarticular este círculo degenerativo. Es por eso que una de las transformaciones más urgentes a realizar es sobre nuestro sistema educativo que ya no responde a las necesidades del siglo XXI.

 
 

Una nueva alfabetización ecológica

 

La gran pregunta es: ¿cómo seguimos sosteniendo este sistema educativo arcaico que no nos ayuda a comprender (y por ende a solucionar) las problemáticas de nuestra época? Necesitamos una nueva educación que nos ayude a comprender los sistemas naturales que hacen posible la vida en la Tierra. Sólo podremos crear comunidades humanas sostenibles cuando logremos aplicar los principios de organización de las comunidades ecológicas en el diseño de nuestros sistemas sociales e industriales. Los desafíos de nuestra época nos exigen una profunda alfabetización ecológica que incluya a todos los actores de la sociedad. 

Un primer paso hacia la regeneración es construir nuevas narrativas que nos ayuden a transformar la mirada fragmentada del mundo. La regeneración nos convoca a repensar el sistema socioeconómico por completo, y el pensamiento sistémico es uno de los pilares centrales en este cambio de paradigma. Lograr comprender la evolución de la vida como un gran entramado de colaboración entre especies es central para acelerar la transición hacia nuevas culturas regenerativas. La biosfera es un gran sistema vivo que ya no tolera un segundo más que el ser humano desconozca sus leyes esenciales de funcionamiento para sostener la armonía entre todas las especies. El antropólogo Gregory Bateson lo expresó de una manera brillante: «Los principales problemas del mundo son el resultado de la diferencia entre el funcionamiento de la naturaleza y cómo piensan los seres humanos».

 

Las transformaciones profundas que necesitamos como especie nos reclaman incorporar nuevos modelos mentales en nuestra forma de ver la realidad. No podemos seguir repitiendo idénticas recetas del pasado para los problemas actuales si lo que buscamos son resultados diferentes. Es tiempo de comenzar a imitar los patrones regenerativos de vida que nos enseña la naturaleza en cada uno de sus infinitos sistemas.

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