Pobreza menstrual: un tabú que genera desigualdad

Cuáles son las acciones concretas en la región para erradicar esta problemática.

Por María Sofía Muratore.

 

Pensar en la igualdad de género parece más cercano. Pero aún persiste mucha distancia. Mujeres y hombres no son lo mismo y, por consiguiente, sus necesidades son distintas. Es así que para poder promover la equidad, hay que abordar diversas temáticas; entre ellas, la salud menstrual y, con ello, la relación con las personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

 

La pobreza menstrual no solo es un tabú en las niñas y adolescentes por la falta de educación sexual; sino que también alude a la falta de conciencia social sobre la relevancia del tema.

 

Según Plan International, en la región de América Latina y el Caribe, el costo estimado de un paquete de toallas higiénicas de 10 unidades es de USD 1,87. El problema no es solo el precio, sino tener que elegir, en algunos casos, entre comprar un alimento y un producto de higiene.

 

Cristina Aldana Rosales, productora de toallas femeninas de tela, Toalla Sana; y promotora de la salud femenina alternativa, afirma: “La pobreza menstrual se puede desmenuzar en diferentes subtemas. Lo más inmediato está relacionado a que las mujeres destinan una parte de sus ingresos a la compra de artículos para la higiene íntima (toallitas, tampones, jabones íntimos). Las mujeres en México gastan alrededor de $40 pesos mensuales en artículos de higiene íntima, lo que equivale a dos dólares y una cuarta parte de un día de salario mínimo en México. Lo que deja sus bolsillos más cortos para distribuir y cubrir sus demás necesidades”.

 

Por su parte, Victoria García, especialista en concientización ciudadana, explica que la pobreza menstrual se refiere a la imposibilidad de acceder tanto a información de gestión menstrual, como a educación y sus productos de higiene. “El acceso a la información es fundamental para evitar que la desigualdad aumente y se produzcan barreras para el desarrollo integral de niñas y mujeres”, explica.

 

Valentina Layús, de la ONG Eco House en la cual trabajan la temática, concuerda con las reflexiones anteriores y responde: “Todo problema comienza con la falta de educación; y esto suscribe a que las mujeres no sepan gestionar una parte de su cuerpo; no sepan decir su menstruación, cómo pueden regular su ciclo, qué elementos de higiene existen; como gestionar su vida sexual. El no saber no permite elegir, al contrario, quita posibilidades; regula el acceso”.

 

Por lo tanto, ¿cómo combatir desde la estructura esta problemática? Victoria considera que es importante implementar políticas públicas a través de una Ley de Gestión Menstrual Sostenible para así brindar acceso a información clara y confiable. “No se puede hablar de igualdad como tal, si hay niñas y adolescentes que deben someterse a riesgos para su salud de forma recurrente (como el desconocimiento de los impactos que distintos productos pueden causar en nuestro cuerpo)”.

 

 

Clara Subirachs, Coordinadora Nacional en COY16 (UN Climate Change Conference of Youth); y especialista en Políticas Públicas de Unplastify, agrega a lo dicho, que debe ser una política pública pensada desde la transversalidad: “Primero, es esencial, que todas podamos acceder a productos de gestión menstrual; pero también que se piensen alternativas que no sean hostiles para el cuerpo y el ambiente. En Argentina, por ejemplo, se generan más de 13 mil toneladas de estos productos por año. Todo esto debe ser acompañado de educación, investigación y difusión”.

 

Cristina argumenta esta necesidad de repensar productos que no tengan un impacto nocivo para el ambiente: “El uso de toallas y tampones desechables genera una importante huella de carbono. Genera residuos tanto en su fabricación como en su disposición final. Se utilizan importantes cantidades de agua para su fabricación y las regulaciones de saneamiento de aguas de la industria no son las más vigiladas en México y América Latina. En cuanto a la disposición de toallas y tampones desechables, aún no existe forma de reciclarlos pues contienen residuos biológico- infecciosos mezclados con plástico, celulosa, rayón, adhesivos, lo que los hace basura inmediata que ocupa mucho espacio y tarda en desintegrarse cientos de años, si es que tiene acceso a luz y ventilación que le permita degradarse”.

 

Por último, Juana Botero, responsable Staff de la Dirección de Comfama, explica que debe ser una política pública porque es uno de los principios para garantizar la autonomía, y la igualdad de derechos a las mujeres. Los sistemas de salud deben brindar este producto de forma gratuita. La menstruación hoy responde a problemas económicos, educativos, de sostenibilidad, sexualidad y cultural; que deben tener una solución que recae con acciones transversales y concretas.

 

Las cinco concuerdan que se debe naturalizar la menstruación. El no hacerlo tiene también que ver con motivos generacionales, con el carácter de “tabú” con el que el tema fue estigmatizado.

 

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