¿Qué pasa con lo que compramos?

Preguntarse en dónde va a terminar aquello que adquiero es un ejercicio que todo consumidor debería proponerse realizar. Saber si podrá reutilizarse o reciclarse; si hay algún organismo que lo gestione luego del descarte; si existe alguna alternativa más sustentable, entre otros cuestionamientos. Pero sobre todo, quizás la pregunta más importante a hacerse es si realmente lo necesito.

Por Eloisa Ponce de León.

 

 

La cantidad de emprendimientos que transforman los residuos en nuevos productos ha crecido considerablemente en los últimos tiempos: accesorios, lentes, muebles, upcycling, entre otros.

 

Pero la cantidad de basura que generamos crece más rápido que la capacidad que estas propuestas tienen de transformarla, aunque hagan su mejor esfuerzo.

 

Si bien son soluciones que aportan a este problema tan complejo, en algún momento deben desaparecer; porque la solución debería ser reducir la basura y no invertir energía y recursos en tratar de gestionarla mediante diferentes técnicas como el reciclaje (a veces con poco éxito) una vez que nos desborda.

 

Muchas veces los consumidores usamos este tipo de emprendimientos y no asumimos que lo que estamos haciendo es depositar en otros la responsabilidad que no asumimos por nuestros propios desperdicios.

 

Los locales de segunda mano, los emprendimientos de upcycling, reciclaje y otros, no son malos per sé (por el contrario son muy buenas iniciativas). Lo que no es bueno es que se desvirtúe el cometido inicial, pasando de ser una solución a la basura ya existente, a ser la forma que encuentran los consumidores de seguir usando plásticos excesivamente (por ejemplo) porque hay alguien que va a encargarse de reutilizarlos.

 

No fuimos educados para hacernos cargo de nuestra basura ni para pensar que eso que elegimos comprar, un día será basura que tendremos que descartar. Son muchos años de ser parte de una economía lineal donde se usa y tira, sumado a que la transición hacia la economía circular está interferida por prácticas como el greenwashing y conceptos poco claros para los consumidores. Que algo diga “reciclable” o “compostable” no significa que vaya a suceder, dado que una mala gestión del residuo puede eliminar las posibilidades de que se recicle o composte.

 

¿Qué proponemos? Hacer un ejercicio simple que nos permita comenzar a ver lo que compramos como un potencial residuo. Miremos qué tipo de empaque tiene, comparemos productos y sus envoltorios, pensemos qué va a pasar con ese producto cuando se termine/consuma, busquemos alternativas de compra a granel, pensemos si necesitamos hacer esa compra, usemos el sentido común, no nos pongamos excusas y busquemos información de calidad que nos ayude a entender más sobre estos temas. En un principio, probablemente vamos a seguir teniendo muchas dudas, pero con el tiempo vamos a estar cada vez más capacitados para comprar de forma más responsable y lograr un verdadero cambio de hábitos.

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