Recorridos de conciencia

No solo son veredas acondicionadas o una seguidilla de letreros, puentes y miradores. Los senderos que se encuentran en áreas protegidas o entornos naturales son instrumentos de conservación, de educación y de promoción de identidad local.

Por Jorge Mazzochi.
 

 

 

No son rutas, ni caminos. Apenas una ínfima huella por dónde pasar al mundo del misterio, del asombro. Donde haya senderos, habrá una intención de cuidado, de respeto, de otra condición de paso.

 

Los senderos existen en casi todas las áreas protegidas del mundo y son una de las primeras acciones a la hora de conservar los ambientes naturales. “Conocer sin dañar, descubrir sin perturbar” pareciera ser el mensaje que aguarda al final de recorrer un sendero.

 

Son también una gran herramienta educativa, que pueden conllevar la integración de la sociedad civil, poblaciones locales y visitantes, a los procesos de conservación de un área en particular. Cada sendero tiene un objetivo específico que busca apelar a la atención del visitante sobre algún aspecto específico que busque interiorizar. Bajo selvas espesas, en la montaña o entre extensos pastizales, los senderos nos ofrecen una íntima conexión con la flora y fauna que en ellos habitan. Estas, de hecho, pueden ser esos hilos conductores que unan el comienzo y el final de un sendero.

 

Actualmente existe un importante nicho en crecimiento respecto a la creación de senderos interpretativos en reservas públicas y privadas, generando una economía de desborde que incluye la contratación de múltiples servicios. Especialistas en diseño del paisaje, naturalistas de campo, guías locales, gastronomía y transporte son algunas de las alternativas que comienzan a desprenderse de la creación de un sendero. De esta manera, puede generar ingresos para comunidades locales; para fines de conservación (pagando una entrada destinada a un fondo de manejo del área); creando empleos que apunten al mantenimiento del sendero, generando servicios turísticos adicionales en el entorno; promoviendo la identidad local de la región.

 
 

 

Conservar y despertar de una conciencia, tanto para el visitante como para los prestadores de servicios. Que mediante el asociativismo y el comercio justo es posible valorar el patrimonio natural y cultural de su entorno, generando fuentes de trabajo autogestivas.

 

Esta nota está siendo redactada desde el Parque Nacional Impenetrable en la provincia de Chaco (en Argentina), donde se están llevando a cabo la creación de cuatro senderos que recorren la diversidad de ambientes y posibilitan la observación de aves y grandes mamíferos, mediante plataformas donde apostarse a la espera en lugares claves para obtener excelentes fotografías y avistajes en el mayor parque nacional del norte argentino.

 

Solo hace falta la carpa, el equipo de mate y elegir un destino. ¡Los senderos siempre nos esperan!

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