Restaurar es conservar: otra mirada sobre la sustentabilidad urbana

Casas y edificios que otorgan raíces e identidad a una ciudad corren peligro de extinción. La construcción indiscriminada no solo genera impacto ambiental, sino también social y cultural.

Por Natalia Costa Rugnitz y Nicolás Barriola.

Dibujos: Alejandro Carsillo|@carsillovinci

 

El artista visual y cineasta Martín Sastre está llevando adelante una campaña movilizadora en el campo de la arquitectura y el urbanismo. En Uruguay, el proyecto – denominado Ley Lala – busca que la restauración de viejas casonas sea incluida en leyes de promoción como la de vivienda de interés social o incluso la ley de inversiones.

 

Todo surgió de una experiencia personal: el descubrimiento de ciertas cerámicas que estaban en riesgo de ser destruidas en la casa de su abuela, Lala, en la calle Canelones. Las cerámicas le llamaron la atención por su belleza, y años después vino a descubrir que se trataba de mosaicos Nolla, muy apreciados en Europa. Dichos mosaicos son de una fábrica valenciana y fueron declarados bienes culturales en el viejo mundo. Sin embargo, en Uruguay la situación es muy diferente y quien quiera protegerlos, en vez de beneficios, se encuentra con obstáculos.

 

El cometido de la ley Lala es simple: lograr que resulte más atractivo conservar los inmuebles con algún valor patrimonial – como mosaicos, por ejemplo – que demolerlos. Para evitar las demoliciones, Sastre propone que el patrimonio pueda gozar de beneficios similares a los de las constructoras que levantan edificios, a modo de estímulo para la conservación.

 
 

 

El lado “B” de la vivienda de interés social -sin adentrarnos en cuestiones éticas al respecto del carácter «social” de la misma- es que cualquier padrón que se encuentre dentro de las áreas promovidas -más aún en las que involucran mayores beneficios- sube instantáneamente de precio, resultando viable únicamente el negocio de la construcción en altura.

 

En medio de este escenario, en los últimos meses hemos visto demoler el emblemático Club Naval junto a un sinnúmero de casonas cargadas de historia, materiales nobles y oficios desaparecidos. En su lugar, vemos surgir estructuras sin carácter, más propias de una ciudad genérica que del pujante centro de principios del siglo XX. De no contar con un inventario de la zona Centro, para finales del 2021 existen varios proyectos afilando la piqueta.

 

La propuesta de Sastre apunta a remediar esta situación. Pero ¿por qué constituye la Ley Lala una iniciativa vinculada a la sustentabilidad? En primer lugar se encuentra el impacto físico y económico de reutilizar los recursos ya invertidos, algo que resultó más que elocuente, por ejemplo, en el edificio de la Corporación Andina de Fomento, en el cual el 100% de la estructura fue reutilizada. Los edificios y la construcción representan más de la tercera parte de las emisiones globales de CO2. Aprovechar lo existente es, por lo tanto, vital.

 
 

 

En segundo lugar, nuestra cultura se presenta en una gran diversidad de manifestaciones en la arquitectura y conservar los ejemplos más destacados es una de las mejores inversiones a largo plazo, principalmente desde el punto de vista social y cultural, pues es crucial para la identidad de los pueblos.

 

Dice Sastre: “La cultura es el principal activo de una ciudad y la falta de cultura su mayor pérdida de valor. La situación actual de Montevideo es la de una ciudad sin normativas, sin cultura de conservación. Casas y edificios que amamos, que nos cuentan una historia en común, que nos dan raíz y nos identifican corren peligro de extinción todos los días. Montevideo no tiene problemas habitacionales como Hong Kong, pero seguramente a quienes se benefician del genocidio urbano en el que vivimos, los veremos luego en París o New York. La Ley Lala surge como impulso afectivo, salvar la casa de mi abuela no es sólo salvar un edificio, es salvar los valores que nos fueron legados. Salvar una casa para salvar todas, esa es la base de una sociedad sustentable”.

 

Por sustentabilidad se entiende la actividad realizada en cualquier área o campo que permita satisfacer las necesidades del momento presente sin comprometer las de las generaciones futuras. Necesidades físicas y materiales, sin duda, pero también culturales y sociales. Siendo así, la arquitectura y el urbanismo no son ajenos a este concepto. Restaurar es conservar, y conservar es alinearse con el desarrollo sustentable.

 

Para saber más sobre la Ley Lala:

 

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